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Interior del frontón Beti Jai de Madrid con sus galerías curvas de hierro y ladrillo en varios pisos y la cancha vacía

Antes de que existiera la televisión ya había mando a distancia. Leonardo Torres Quevedo lo patentó en 1903 con el nombre de telekino, un aparato que obedecía órdenes enviadas por ondas hertzianas, y lo probó con un triciclo en un frontón de Madrid y con un bote cargado de gente en el puerto de Bilbao, delante del rey. En 2007, el IEEE lo reconoció como un hito de la historia de la ingeniería, y el frontón, el Beti Jai, volvió a abrir al público en 2024.

Un frontón para inventar

El Beti Jai, «siempre fiesta» en euskera, se inauguró en Madrid en 1894 (el 29 de mayo, o el 29 de abril según otras fuentes que cita la Wikipedia), cuando la pelota vasca hacía furor en la capital: fue el cuarto frontón de la ciudad, después del Jai Alai, el Fiesta Alegre y el Euskal Jai. Lo promovió el guipuzcoano José Arana y lo diseñó el arquitecto cántabro Joaquín Rucoba, el de la plaza de toros de la Malagueta y el ayuntamiento de Bilbao, con unas gradas sobre vigas de hierro curvadas. Según Metalocus, es el único frontón de su tipo que queda en pie en el mundo.

Funcionó como frontón hasta 1919, según la Wikipedia (hasta 1918, según Time Out), y su vida posterior fue de todo menos deportiva: comisaría durante la guerra, local de ensayo de bandas de música de Falange y taller de Citroën. Entre 1904 y 1906, Torres Quevedo instaló allí el Centro de Ensayos de Aeronáutica.

Retrato fotográfico de Leonardo Torres Quevedo, calvo y con barba blanca, mirando a la cámara
Leonardo Torres Quevedo en 1917 (dominio público).

Un mando para los dirigibles

Torres Quevedo (1852-1936) trabajaba en dirigibles y quería probarlos sin jugarse la vida de ningún piloto. De ahí salió, hacia 1901, la idea de gobernar una máquina a distancia, sin cables. Pidió las patentes en 1902 y 1903, presentó el invento en la Academia de Ciencias de París en 1903 y ese mismo año lo patentó en Francia, España, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Lo llamó telekino, del griego, «movimiento a distancia». No se limitaba a encender y apagar algo: las órdenes se enviaban con un pulsador de telégrafo, y el receptor las recibía por ondas electromagnéticas y, mediante un código numérico, las convertía en movimiento, como un autómata. Según el Museo Torres Quevedo, construyó el primero en 1904 y la primera demostración fue en el Beti Jai, donde un triciclo avanzaba, retrocedía y giraba obedeciendo señales enviadas desde unos treinta metros, según el IEEE.

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Del triciclo al puerto de Bilbao

Después vinieron los barcos. Probó un bote en el lago de la Casa de Campo y, el 7 de noviembre de 1905, hizo el primer experimento con éxito en Bilbao, desde la terraza del Club Marítimo del Abra, ante el presidente de la Diputación. El 25 de septiembre de 1906, ante Alfonso XIII y una multitud, gobernó a distancia en el puerto un bote, el Vizcaya, a más de dos kilómetros; según el IEEE, llevaba ocho personas a bordo.

Aparato de latón y madera con engranajes, bobinas y motores oscuros, expuesto sobre una mesa del museo junto a una cartela
El receptor del telekino, en el Museo Torres Quevedo de la Escuela de Ingenieros de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid. Foto: MdeVicente (CC0).

Quiso aplicarlo a proyectiles y torpedos y pidió ayuda económica al Gobierno, pero tuvo que abandonar el proyecto por falta de financiación. Sus dirigibles semirrígidos, los Astra-Torres, sí tuvieron recorrido: los ejércitos francés y británico los usaron en la Primera Guerra Mundial. Y en 1912 construyó El Ajedrecista, un autómata electromecánico capaz de jugar un final de partida de ajedrez.

Un hito para el IEEE

El reconocimiento llegó un siglo después. El 15 de marzo de 2007, el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) dedicó al telekino uno de sus «milestones», los hitos de la historia de la ingeniería. Según el IEEE, con él Torres Quevedo sentó los principios del control remoto inalámbrico moderno. La investigación y la propuesta fueron obra del profesor Antonio Pérez Yuste, de la Universidad Politécnica de Madrid.

El Beti Jai, otra vez abierto

El frontón tardó más en recuperarse que el invento. Lo declararon bien de interés cultural en 2011; el Ayuntamiento lo expropió en 2015, al final de un proceso que empezó en 2010 y le costó 7 millones de euros, según la Wikipedia, y lo rehabilitó entre 2015 y 2019 con una inversión cercana a los 40 millones. En las obras se salvó y reforzó el 95 % de las viguetas, según Metalocus. Abrió al público en 2024 como espacio cultural y deportivo, y en octubre de 2025 su recuperación recibió el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales, del Ministerio de Cultura. Para entonces, según el Ayuntamiento, más de 145.000 personas habían participado en sus actividades.

El Museo Torres Quevedo muestra el telekino en este vídeo de su canal.

El Telekino

Del frontón al museo

Hoy el telekino y el Beti Jai se visitan por separado: uno de los prototipos y la placa del IEEE, en el Museo Torres Quevedo de la Escuela de Ingenieros de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid, y el frontón, en el número 7 de la calle del Marqués de Riscal, en Chamberí.

Otras historias del blog: Diego Marín, el burgalés que se echó a volar en 1793, el primer semáforo del mundo y la historia de la yogurtera.

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Fuentes consultadas

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