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El ratoncito Pérez

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Los orígenes del Ratoncito Pérez

El Ratoncito Pérez es un personaje muy famoso entre los niños de España e Hispanoamérica gracias al cual, cuando a un niño se le cae un diente, si lo pone por la noche bajo la almohada, el Ratoncito Pérez le trae un regalo.

Pero, ¿de dónde viene esta tradición?

El origen del cuento

Aunque no hay una teoría única y confirmada al tratarse de una leyenda compartida por culturas de muchos países, numerosas fuentes apuntan a que el origen de esta costumbre hay que buscarlo en un cuento infantil francés del siglo XVIII escrito por la Baronesa d’Aulnoy: La Bonne Petite Souris (El buen ratoncito).

Dicho cuento nos explica la historia de un hada que se transforma en un ratón para ayudar a derrotar a un desalmado rey, escondiéndose bajo su almohada, tras lo cual se le caen todos los dientes.

Madame d’Aulnoy

Marie-Catherine le Jumelle de Barneville, más conocida como la Baronesa d’Aulnoy, fue una prolífica escritora e historiadora conocida por sus cuentos de hadas (entre los cuales figura La Bonne Petite Souris) y por su azarosa vida plagada de huidas, su amor a la cultura, y su odio a todo lo español plasmado en su libro Memoires de la cour d’Espagne, Relation du voyage d’Espagne publicado a finales del siglo XVII en el que descarga toda su bilis hacia España en un libro que los historiadores han calificado como un compendio de estereotipos y habladurías sin fundamento alguno, e incluso se duda de que Madame d’Aulnoy hubiese llegado a viajar realmente a España nunca.

Sea como sea, este libro es uno de los pilares de la difusión de la llamada Leyenda Negra en Francia.

Madame d’Aulnoy también destacó como recopiladora de cuentos de diferentes países y existe la teoría de que el personaje del ratón lo hubiese podido extraer de algún relato infantil ancestral de cualquier otro país europeo.

Madame d'Aulnoy
Madame d’Aulnoy

El Padre Coloma

Luis Coloma Roldán fue un jesuita que nació en Jerez de la Frontera en 1851, y destacó por ser periodista y escritor, pasando a la historia por ser el popularizador del Ratoncito Pérez, no así su creador.

Cursó estudios militares y se trasladó a Madrid donde se significó políticamente a favor de la restauración de los Borbones, hecho que hizo que atentaran contra su vida.

Tras un grave atentado decidió orientar su vida hacia el sacerdocio viajando a Francia a hacer el noviciado, circunstancia que le pudo familiarizar con el cuento de Madame d’Aulnoy.

A su regreso a Madrid se dedica a la literatura por completo editando obras de gran éxito en su tiempo como «Pequeñeces» o «Jeromín», que le valieron tanto críticas despiadadas contra la temática de sus obras como contra sus técnicas narrativas, como la admiración y el respaldo de figuras tan respetadas como Benito Pérez Galdós, Pereda, Echegaray o Emilia Pardo Bazán.

Se movió siempre en los círculos de la alta sociedad relacionándose con los más altos niveles de la cultura y el poder así que no es de extrañar que, ya a finales del siglo XIX, le asignaran precisamente a él un encargo, aparentemente menor, que haría que el nombre de Luis Coloma, el Padre Coloma, pasase a los anales de la historia.

El Padre Coloma
El Padre Coloma

Un encargo especial

Desde la mismísima corte ponen la mirada en él y le encargan un cometido muy concreto a la vez que especial. Lo vemos.

En 1894 la reina regente María Cristina le encarga a Coloma que haga un cuento especialmente para su hijo, el futuro Alfonso XIII, el cual acaba de cumplir ocho años y se le había caído su primer diente de leche.

María Cristina de Hagsburgo
María Cristina de Hagsburgo

El príncipe Alfonso era huérfano de padre y muy consentido y mimado por su madre, la cual encargó el relato para desdramatizar la caída del primer diente de su hijo y restarle la importancia y el drama que el mimado niño príncipe le había dado al hecho.

El Padre Coloma escribió para la ocasión el cuento infantil «Ratón Pérez» un relato especialmente dirigido a los niños protagonizado por el Rey Buby I.

Buby era el nombre con el que la reina María Cristina llamaba a su hijo Alfonso así que el jesuita le regaló al entonces príncipe un cuento en el cual el protagonista era él mismo.

El niño Alfonso XIII
El niño Alfonso

El cuento de Ratón Pérez

Así, en el cuento, el señor Pérez es un pequeño ratón con sombrero de paja, zapatos de tela, lentes de oro y una cartera roja. Cuando cae la noche, este simpático roedor emprende su periplo por las cañerías de la ciudad para recoger los dientes caídos de los niños.

Tenía su domicilio en una caja de galletas en el almacén de la Confitera Prast, en el número ocho de la calle Arenal de Madrid, muy cerca del Palacio Real de la capital.

Placa conmemorativa Ratón Perez

El manuscrito original del cuento se conserva en la biblioteca del Palacio Real de Madrid, así como una copia de la primera edición de 1902 y una reedición ilustrada de 1911.

Libro ilustrado de Ratón Pérez de 1911
Libro ilustrado de Ratón Pérez de 1911

Coloma desarrolló un relato de poco más de una decena de páginas en las que el roedor le enseñará a Buby I cómo viven sus súbditos más pobres, en especial los más pequeños. Así, al final el joven rey aprenderá a valorar lo que tiene, a ser justo, bondadoso y generoso con los demás. Un cuento que, a la vista de los hechos, no aplicó especialmente en su reinado cuando creció.

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En la actualidad, en la primera planta del número 8 de la calle Arenal está ubicado el Museo del Ratón Perez al cual pueden acudir los niños para depositar cartas y dientes al personaje.

Museo del ratoncito Pérez
Museo del Ratoncito Pérez

A vueltas con el origen del Ratón Pérez

Se da la circunstancia que diez años antes de la publicación de «Ratón Pérez» por parte de Coloma, Benito Pérez Galdós ya lo nombraba en su novela La de Bringas. En un capítulo de la misma compara a un personaje con el Ratoncito Pérez lo cual apunta a que el personaje circulaba por el folclore popular mucho antes de la publicación del cuento de Coloma.

Los orígenes de estas leyendas asociadas a dientes y ratones se remontan a las primitivas sociedades sedentarias y agrarias, cuando las madres ofrecían los dientes de leche de sus hijos a los roedores, en la creencia de que así los niños crecerían sanos y robustos.

En Italia se le llama Topino y en Francia Petite souris. En los países anglosajones es El Hada de los dientes. En Noruega el diente se deja en un vaso que al día siguiente aparece lleno en monedas. En Bulgaria, las abuelas son las encargadas de canjear las piezas dentales de los nietos por regalos, y en Polonia y Suiza se trata de ratones anónimos.

Además, en muchos países asiáticos está muy arraigada la costumbre de arrojar los dientes de leche caídos a los niños al tejado.

Por lo tanto se puede presumir que tanto la figura como el nombre de este personaje fantástico tiene un origen anterior indeterminado.

La costumbre se expande y populariza

A partir del momento de la publicación del libro del Padre Coloma, la popularidad de este roedor se extendió como la pólvora y con ella, la costumbre de poner un diente debajo de la almohada a cambio de una moneda o un regalo. No sólo se popularizó en toda España sino que se expandió por toda Hispanoamérica con las particularidades de que en algunas zonas se le conoce con el nombre de «El ratón de los dientes«.

Y así es el principio del cuento original…

«Entre la muerte del Rey que rabió y el advenimiento al trono de la Reina Mari-Castaña existe un largo y obscuro periodo en las crónicas, de que quedan pocas memorias. Consta, sin embargo, que floreció en aquella época un rey Buby I, grande amigo de los niños pobres y protector decidido de los ratones…»

«A poco abría Buby mucho los ojitos, luchando contra el sueño, que se los cerraba: cerróselos al fin del todo, y el cuerpecillo resbaló buscando el calor de las mantas, y la cabecita quedó sobre la almohada, escondida tras un brazo, como esconden los pajaritos la suya debajo del ala».


«De pronto, sintió una cosa suave que le rozaba la frente. Incorporóse de un brinco, sobresaltado, y vió delante de sí, de pie sobre la almohada, un ratón muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo crudo y una cartera roja, terciada a la espalda».

«Ratón Pérez saltó de repente sobre su hombro, y le metió por la nariz la punta del rabo: estornudó estrepitosamente el Reyecito, y por un prodigio maravilloso, que nadie hasta el día de hoy ha podido explicarse, quedó convertido, por el mismo esfuerzo del estornudo, en el ratón más lindo y primoroso que imaginaciones de hadas pudieran soñar:

Era todo él brillante como el oro, y suave como la seda, y tenía los ojitos verdes y relucientes como dos esmeraldas cabochón».

El Ratoncito Pérez en el cine

Aunque este peculiar ratón ha aparecido en numerosos cameos en diferentes obras, vamos sólo con las películas más recientes.

En 2006 una coproducción hispano-argentina, dirigida por Juan Pablo Buscarini titulada El Ratón Perez («Pérez, el ratoncito de tus sueños» en España y México).

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