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Los logotipos de Adidas, a la izquierda, y de Puma, a la derecha, sobre fondo blanco

En Herzogenaurach, un pueblo de Baviera, durante décadas la gente se miraba los pies antes de hablar. Según las zapatillas, uno sabía si tenía delante a alguien de Adidas o de Puma, y con eso bastaba para decidir si se le saludaba. Le llamaban «el pueblo de los cuellos doblados», y todo empezó con dos hermanos, Adolf y Rudolf Dassler, que fabricaron juntos zapatillas durante más de veinte años (más de treinta, según la Wikipedia en inglés), se apuntaron los dos al partido nazi, calzaron a Jesse Owens en Berlín y acabaron tan peleados que montaron dos marcas a un paseo una de la otra y se hicieron enterrar en extremos opuestos del mismo cementerio.

Los hermanos Dassler

Rudolf nació en 1898 y Adolf, al que todos llamaban Adi, en 1900, en Herzogenaurach, en una familia de clase media. Adi empezó a fabricar calzado después de la Primera Guerra Mundial, en el lavadero de su madre, con el zapatero Karl Zech y con restos militares, como cascos y bolsas de pan, para las suelas. Rudolf se le unió en 1924 en la empresa familiar (la Wikipedia inglesa de su pelea fecha la empresa común en 1919, y Mercado Negro, en 1926; el registro mercantil es del 1 de julio de 1924, según la fundación de Adi y Käthe Dassler), la Gebrüder Dassler Schuhfabrik, la fábrica de zapatos de los Hermanos Dassler. Los papeles estaban claros: Adi era el inventor callado, obsesionado con mejorar cada zapatilla, y Rudolf el vendedor extrovertido. En 1925 hacían unos 50 pares al día con una docena de trabajadores, en los Juegos de Ámsterdam de 1928 Lina Radke ganó el oro en 800 metros y batió el récord del mundo con sus zapatillas, y desde 1930 el entrenador Josef Waitzer colaboró en su diseño.

Foto en blanco y negro de tres hombres trajeados junto a una motocicleta con sidecar marcada con una D: Rudolf Dassler montado en ella, Josef Waitzer en el centro y Adi Dassler señalando con la mano
Rudolf (izquierda) y Adi Dassler (derecha), con el entrenador Josef Waitzer en el centro, hacia 1930. Foto: Adi & Käthe Dassler Memorial Foundation.

En 1933, tres meses después de que Hitler llegara a la cancillería, los dos se afiliaron al partido nazi. Según los biógrafos, Rudolf era el más convencido. Adi, por su parte, se hizo entrenador y proveedor de clubes vinculados a las Juventudes Hitlerianas, porque entendía que era la mejor manera de vender más.

Jesse Owens, el mejor anuncio de su vida

Adi vio en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 la gran oportunidad de darse a conocer fuera de Alemania. La mayoría de los atletas alemanes ya calzaban zapatillas Dassler, pero él tenía en mente a otro: el estadounidense Jesse Owens. Consiguió llegar hasta él y Owens aceptó sus zapatillas de clavos, con las que ganó cuatro medallas de oro: 100 metros, 200 metros, salto de longitud y relevos 4×100. Aquellos Juegos que debían lucir la superioridad aria acabaron sirviendo de escaparate a un atleta negro estadounidense calzado por una empresa alemana.

Jesse Owens hace el saludo militar en el podio del salto de longitud de Berlín 1936, entre Naoto Tajima y Luz Long
Jesse Owens en el podio del salto de longitud de los Juegos de Berlín de 1936, entre el japonés Naoto Tajima y el alemán Luz Long. Ganó cuatro oros con zapatillas de los Dassler. Foto: Associated Press (dominio público).

La guerra y un refugio antiaéreo

Con la Segunda Guerra Mundial, Rudolf fue llamado a filas y la fábrica acabó produciendo para el ejército: en diciembre de 1943 (el 28 de octubre, según la fundación) cambiaron la maquinaria de hacer zapatillas por soldadoras para fabricar Panzerschreck, un lanzagranadas antitanque. En casa, la convivencia era insoportable: los padres, los dos hermanos, sus mujeres, que no se aguantaban, y cinco nietos compartían la misma villa.

La gota que colmó el vaso cayó, literalmente, del cielo. Durante un bombardeo aliado en 1943, Adi y su mujer entraron en un refugio donde ya estaban Rudolf y su familia. «Ya están aquí otra vez esos malditos cabrones», soltó Adi, refiriéndose a los aviones. Rudolf se convenció de que hablaba de ellos.

Denuncias cruzadas

En abril de 1945, al día siguiente del entierro de su padre, la Gestapo detuvo a Rudolf, que estuvo preso en Núremberg hasta la liberación. Después los estadounidenses lo arrestaron acusado de haber pertenecido a las Waffen-SS, y él siempre creyó que su hermano lo había denunciado. En el proceso de desnazificación, a Adi lo declararon primero Belasteter, la segunda categoría más grave, la de los «aprovechados», y le prohibieron dirigir la empresa; Rudolf aprovechó el recurso para declarar que había sido Adi quien había organizado la fabricación de armas por su cuenta. Al final, a Adi lo rebajaron a simple «seguidor» y el 3 de febrero de 1947 recuperó la fábrica. Para entonces, la familia estaba rota para siempre. La fábrica se había salvado por poco en 1945: según la Wikipedia, Käthe, la mujer de Adi, convenció a los soldados estadounidenses de que allí solo se hacían zapatillas, y aquellos mismos soldados acabaron siendo buenos clientes.

1948: Puma y Adidas

En 1948 los hermanos cerraron la empresa común y se repartieron hasta los empleados. Rudolf fundó su propia marca, que primero se llamó Ruda, de RUdolf DAssler, y enseguida pasó a llamarse Puma. Adi quiso llamar a la suya Addas, pero el nombre ya lo usaba un fabricante de zapatos infantiles, así que en agosto de 1949 añadió una «i» a mano: adidas. Unos meses antes había registrado las tres rayas. Adi se quedó con la fábrica de la estación y con dos tercios de la plantilla, que prefería su obsesión por el producto; Rudolf, con la fábrica de la calle Würzburger y el tercio restante.

Edificio moderno de la sede de Puma en Herzogenaurach con el logotipo del felino en la fachada
La sede de Puma en Herzogenaurach, a un paseo de la de Adidas. Foto: Daniel Cox (CC BY-SA 4.0).

El río Aurach partió el pueblo en dos: Puma al sur, Adidas al norte. Los empleados de una y otra marca, y sus familias, dejaron de hablarse y frecuentaban bares, panaderías y barberías distintas. Hasta los dos grandes clubes de fútbol del pueblo tenían patrocinador enemigo: el FC Herzogenaurach iba con Puma y el ASV, con Adidas.

Los testimonios que recogió The Local en 2016 dan idea del ambiente. Georg Hetzler, uno de los 13 trabajadores que se fueron con Rudolf, decía a los 85 años que «nadie entendió por qué se pelearon», y Jörg Dassler, nieto de Rudolf, asegura que el motivo nunca se ha descubierto. El panadero Klaus Roemmelt contó que sus padres llevaban en el coche un par de zapatillas de cada marca, según a quién fueran a servir. Y Herbert Hainer, consejero delegado de Adidas, recordaba que cuando entró en la empresa estaba prohibido mencionar siquiera a Puma.

La guerra se juega en los mundiales

En el Mundial de 1954, el primero que se televisó, Rudolf estaba peleado con el seleccionador alemán, Sepp Herberger, así que fue Adidas quien vistió a la selección de Alemania Occidental. Alemania ganó contra todo pronóstico a la favorita, Hungría, y Adidas dio el gran salto internacional. Según la fundación, Adi cambió los tacos de las botas a mitad de aquella final, y los tacos de rosca se convirtieron en su gran invento, aunque Puma reclama la idea para su Super Atom, desarrollada, según la Wikipedia, con el propio Herberger. Puma se cobró la revancha en México 70. Las dos marcas habían firmado el llamado «pacto Pelé», por el que ninguna ficharía al futbolista para no arruinarse en una puja, pero Puma lo rompió: antes del partido de cuartos contra Perú, Pelé pidió al árbitro que esperara porque tenía que atarse las botas, y todas las cámaras enfocaron sus Puma King. Repitió el gesto contra Uruguay.

Enterrados en extremos opuestos

Rudolf murió el 27 de octubre de 1974 y Adi, el 6 de septiembre de 1978. Los enterraron en el cementerio de Herzogenaurach, cada uno en un extremo. Las empresas no tardaron en salir de la familia. Horst Dassler, hijo de Adi, murió en 1987, y en 1990 Bernard Tapie compró Adidas por 1.600 millones de francos con un préstamo que no pudo devolver: en 1992 el control pasó al Crédit Lyonnais. Armin y Gerd Dassler, hijos de Rudolf, vendieron en mayo de 1989 su 72 % de Puma a la suiza Cosa Liebermann, y en 2007 la francesa PPR se hizo con más del 60 %. La guerra del pueblo se fue apagando poco a poco, aunque las dos marcas siguen allí, cada una en su orilla. En 2009, los consejeros delegados, Hainer y Jochen Zeitz, se dieron la mano en un partido entre equipos mixtos de empleados de las dos. En 2016, la cadena alemana RTL contó la historia en el telefilme Duell der Brüder, «Duelo de hermanos».

Este es el tráiler de la película que emitió RTL, publicado en su canal oficial. Está en alemán.

"Duell der Brüder" Die Geschichte von Adidas und Puma - am 25.03.2016 bei RTL

Una rivalidad que hizo una industria

Muchos expertos atribuyen a la rivalidad entre Adidas y Puma buena parte del crecimiento del negocio del material deportivo, que hoy mueve miles de millones. Fortune recuerda la otra cara: de tanto vigilarse, las dos reaccionaron tarde a Nike. Los dos hermanos que no se soportaban siguen enterrados en el mismo cementerio, cada uno en un extremo.

Otras historias del blog: Netflix contra Blockbuster; la «flota» de Pepsi, de cuando la guerra de las colas llegó a la Unión Soviética, y un antiguo oficial de las Waffen-SS se hizo rico con las yogurteras, en la España de los ochenta. Otra marca deportiva con una historia de origen curiosa: el cocodrilo de Lacoste, que nació de una apuesta perdida en Boston. Owens volvería a aquel estadio de Berlín en 1951, de gira con los Harlem Globetrotters.

Lee también: El origen de la Fanta en la Alemania de Hitler y Bibendum, la historia del muñeco de Michelin

Fuentes consultadas

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