Sancho I de León - el café de la historia

León bien vale una dieta

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Una feroz dieta detox en la Reconquista

Siglo X, Península Ibérica

Hacía ya más de doscientos años de la invasión musulmana y de la Batalla de Covadonga, y si miramos un mapa de la Península Ibérica en el siglo X veremos que está dividida en seis territorios: el reino de León (o Reino Asturleonés), Aragón, el condado de Castilla, los condados catalanes, el reino de Navarra y, al sur, el Califato de Córdoba.

A pesar de la falsa creencia de una unión idealizada de los reinos norteños inmersos en una especie de cruzada contra los musulmanes del Califato de Córdoba, aquella mezcolanza de reinos cristianos estaban continuamente pactando, sellando alianzas (con los cordobeses también si se daba la ocasión, ¿por qué no?) y rompiéndolas, guerreando entre sí, uniendo dinásticamente territorios para luego enfrascarse en cruentas guerras civiles entre hermanos. En fin, intrigas medievales orientadas a acumular más poder a costa del vecino, independientemente de su credo religioso.

Mapa de la Península, siglo X - el café de la historia

Y la historia que hoy nos ocupa es un paradigma de todo ello con guerras civiles, alianzas con los cordobeses, tratados no respetados, disputas familiares y guerras entre cristianos con reyes un día aliados con unos y al día siguiente con los enemigos de éstos.

Para ello nos vamos al Reino asturleonés o Reino de León.

Sancho I de León

Sancho I, llamado el Craso, era hijo de Ramiro II a cuya muerte fue sucedido por Ordoño III, hijo mayor del rey Ramiro y a la postre hermanastro de Sancho.

Esta decisión no gustó nada a Sancho que conspiró contra su medio hermano con la ayuda de Castilla y Navarra, llegando a formarse un ejército coaligado para destronar a Ordoño el cual fue derrotado en las mismas puertas de León.

El reinado de Ordoño fue breve e intenso, trufado de revueltas internas, disputas dinásticas y choques militares con los musulmanes. Pero fue corto. Murió a los cinco años de ser coronado razón por la cual, ahora sí, ya libre de obstáculos, Sancho fue proclamado rey de León.

Ordoño III - el café de la historia
Ordoño III

Pero su ansiado reinado duró sólo dos años ya que fue depuesto por gordo. Como lo oyen.

En una época en que las penurias alimentarias eran constantes, Sancho se alimentaba de una dieta que, según los cronistas, llegaba a contar con siete comidas al día, algunas de ellas con hasta diecisiete platos de una sentada. El resultado fue que llegó a pesar casi doscientos cincuenta kilos convirtiéndole en poco más que un inválido que era incapaz de subirse al caballo y a duras penas podía sostener una espada, pasando buena parte de su jornada postrado en una cama de la cual sólo se levantaba para comer y poco más.

La conjura para destronar a Sancho I

Esta circunstancia hizo que perdiera el respeto de la nobleza, del pueblo llano, y de sus propias tropas que no confiaban en alguien incapaz de comandarlos en la batalla. Además, en plena escalada de desprestigio no se le ocurre mejor cosa que enemistarse con el conde de Castilla, Fernán González, su tío y aliado, lo que precipitó su descrédito ya que a partir de ese momento el conde se unió a la nutrida camarilla de conspiradores diseminando a los cuatro vientos que con esa desmesurada envergadura iba a ser incapaz de engendrar descendencia, con lo cual el linaje terminaría de manera abrupta entre comilonas, toneles de vino, y un rey que se pasa la mayor parte del día tumbado en la cama.

Fernán González, conde de Castilla - el café de la historia
Fernán González, conde de Castilla

Todas estas circunstancias desembocaron en un clima casi de odio general en todo el reino hacia Sancho que el conde de Castilla, recordemos, su tío y antiguo aliado, no dudó en aprovechar y, rebelión militar mediante, derrocó a su sobrino mientras éste, desde la cama, no pudo mover su generoso tonelaje para defenderse.

El elegido para ocupar el trono en esta conjura fue Ordoño IV, llamado el Malo, primo de Sancho y yerno del conde Fernán González. Todo quedaba en familia.

Huída de Sancho a Navarra

Se desconoce cómo pero Sancho logró huir y buscó refugio en Navarra, a esas alturas su único aliado ya que su anciana abuela Toda era la reina de aquellas tierras.

Toda ha pasado a la historia por ser una mujer de carácter y empezó a martirizarlo con que no podía exiliarse sin más, que tenía que hacer algo para recuperar el trono que legítimamente le pertenecía, y que para ello primero tenía que ganarse el respeto de sus súbditos adelgazando lo suficiente como para ponerse al frente de sus tropas en el campo de batalla.

Toda, reina de Navarra - el café de la historia
Toda, reina de Navarra

Sancho no se veía capaz de adelgazar por sí mismo y Toda tomó la iniciativa y envió mensajeros a Córdoba pidiendo ayuda a Abderramán III, el cual vio con buenos ojos esa alianza con Navarra si el objetivo final era sembrar la discordia en un vecino cristiano, y mandó a Navarra a uno de sus mejores médicos, el judío Hasday Ben Shaprut, para que viese a Sancho y valorase qué se podía hacer con él.

Hasday Ben Shaprut - el café de la historia
Hasday Ben Shaprut

Tras visitar en Navarra al paciente, el médico dictaminó que había que llevarse a Sancho a Córdoba para darle el tratamiento necesario, y una numerosa comitiva emprendió el viaje que el enfermo hizo tumbado en una litera.

Abderramán III - el café d ela historia
Abderramán III

Empieza la «Operación Bikini»

Y en Córdoba comienza el vía crucis de Sancho. El médico, para evitar que se saltara la dieta, de entrada, le cosió la boca dejándole tan solo una mínima abertura por la cual sorbía con una caña agua y una especie de brebaje a base de hierbas que el médico le preparaba y que fueron desde ese momento su único nutriente. Cuando se quedaba solo en sus aposentos le ataban pies y manos a la cama para evitar que comiera nada.

Por si todo esto fuera poco, el médico le obligó a… ¡practicar deporte!

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No es que le hicieran correr los 3000 metros con obstáculos, más que nada porque era imposible en un principio que diera unos pocos pasos sin perder el resuello; los primeros días sólo le dejaban salir de sus aposentos para dar lentísimos paseos dentro de los jardines del recinto palaciego. Un nutrido grupo de criados le ataban con una cuerda y tiraban de él para obligarle a andar como si fuera una mula terca.

Cuando, extenuado de la «sesión de crossfit«, pedía clemencia para volver a su habitación a tumbarse, sin atisbo de compasión alguna, le arrastraban a una sauna en la cual lo encerraban durante horas para que expulsase vía sudorífera los cientos de jabalíes, venados y bueyes que se había metido entre pecho y espalda durante años.

La espartana dieta empieza a dar sus frutos

A los cuarenta días de tratamiento los resultados eran realmente asombrosos, pero al médico se le planteó un problema inesperado: Un adelgazamiento tan rápido traía consigo una flacidez generalizada que convirtió a Sancho en un grotesco cuerpo del cual brotaban racimos de colgajos de carne y piel. La solución propuesta tampoco debió gustar mucho a Sancho ya que a las acostumbradas torturas diarias se sumó una larga sesión de dolorosos masajes para intentar corregir el problema.

Sea como fuere, tras el calvario cordobés y entre saunas, deporte, dieta feroz y hectolitros de infusiones, Sancho perdió la mitad de su humanidad, lo que le permitió encasquetarse una armadura, subir a un caballo, empuñar una espada y ponerse al frente de un ejército musulmán para recuperar el trono.

Ordoño, atemorizado, abandonó León y huyó dejando el camino expedito a Sancho que se volvió a coronar como rey de León. Tiempo después, Ordoño pidió ayuda a Abderramán para destronar a Sancho y volver a ocupar el trono pero el musulmán se declaró fiel al pacto con Sancho.

Sancho I de León - el café de la historia
Sancho I de León

Sancho I de León, segunda parte

A Sancho el pacto con Abderramán no le había salido barato: el tratamiento médico y la ayuda militar tenían el alto precio de varias fortalezas y distintos territorios que Sancho, una vez instalado en el trono «olvidó» pagar suscitando la lógica indignación de los cordobeses.

Sancho el Craso falleció cinco años después tras comer una manzana (¡una manzana!) envenenada. Posiblemente la mano de los cordobeses estuvo detrás, pero es algo imposible de saber a estas alturas ya que el tramposo carácter del rey le forjó múltiples enemistades tanto dentro como fuera de su reino.

Con su muerte se pone fin a un culebrón medieval en el que se entremezclan intrigas palaciegas, traiciones, alianzas cambiantes, deslealtades familiares y guerras civiles.

Todo un filón para una nueva saga de George R. R. Martin.

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Un comentario

  1. Qué interesante toda vuestra web. Seguro echaré muchas horas rastreando y disfrutando vuestros artículos.

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