«Estamos desarmando a la Unión Soviética más deprisa que vosotros». Se lo soltó en 1989 Donald Kendall, el patriarca de Pepsi, a Brent Scowcroft, consejero de Seguridad Nacional de George Bush padre, y la frase ha alimentado una de las leyendas empresariales más repetidas de internet: que Pepsi llegó a tener la sexta flota de guerra del mundo. La realidad es menos épica y bastante más curiosa. Los soviéticos, que no tenían dólares para pagar la cola, le dieron a la empresa diecisiete submarinos viejos, un crucero, una fragata y un destructor, que acabaron derechos en el desguace. Pepsi no mandó nunca un barco, pero hizo de chatarrero de la Guerra Fría.
El debate de la cocina y un vaso de Pepsi
La historia empieza en julio de 1959, en la Exposición Nacional Estadounidense de Moscú, un escaparate del modo de vida americano montado gracias a un acuerdo de intercambio cultural entre los dos países. Había coches, arte, moda, una casa modelo completa y puestos de marcas como Disney, IBM o Pepsi. El 24 de julio, el vicepresidente Richard Nixon le enseñó la exposición a Nikita Jruschov, y en la cocina de aquella casa modelo los dos se enzarzaron, delante de las cámaras, en una discusión sobre capitalismo y comunismo que pasó a la historia como el debate de la cocina.

Lo que no salió en los libros de historia fue lo que vino después. Donald Kendall, entonces jefe de la división internacional de Pepsi, había llevado la contraria a sus jefes para montar un puesto en la feria, y la noche anterior le había dicho a Nixon, en la embajada estadounidense, que tenía que conseguir que Jruschov acabara con una Pepsi en la mano. Nixon cumplió. El puesto ofrecía dos versiones, una hecha con agua estadounidense y otra con agua rusa, y un fotógrafo captó al líder soviético bebiendo mientras Kendall servía otro vaso (la revista Time describió su reacción como escéptica; la Wikipedia de la exposición dice que habló bien del refresco). Según recordaría el hijo de Jruschov, a muchos rusos aquello les olió a betún de zapatos, pero nadie lo olvidó. En 1963 Kendall ya era el consejero delegado de Pepsi, según la Wikipedia y Foreign Policy; Atlas Obscura lo sitúa seis años después de la exposición.
Kendall, que había empezado en 1947 en una embotelladora de Pepsi tras pilotar hidroaviones en la guerra, sabía devolver los favores. Nixon, derrotado en las presidenciales de 1960 y en California en 1962, estaba hundido, y Kendall le lanzó un salvavidas: el bufete que lo aceptara como socio se llevaría las cuentas legales de Pepsi. Mudge, Stern, Baldwin & Todd picó, y Nixon se hizo rico y recorrió el mundo como representante de la marca mientras preparaba su regreso.
Cola a cambio de vodka
En 1972, Kendall consiguió lo que perseguía: el monopolio de los refrescos de cola en la Unión Soviética, con Coca-Cola fuera del mercado hasta 1985. Nixon, ya presidente, ayudó a engrasar el trato: en 1971, Alexander Haig, el adjunto de Kissinger, presionó al embajador soviético, Anatoli Dobrinin, para que recibieran una delegación de Kendall, que saludaba por teléfono a Kissinger con un «Hola, guapo». En 1975, en Ginebra, el ministro soviético Andréi Gromiko preguntó por qué tenían Pepsi y no Coca-Cola. Dobrinin respondió con diplomacia que su presidente era «más enérgico»; Kissinger fue más directo: porque Kendall «era un amigo». En privado era menos amable: «Mira a Kendall, de Pepsi: vendería el país por un contrato», soltó en 1973. El jarabe llegaba desde Estados Unidos y se embotellaba allí, y el New York Times lo describió como el primer producto capitalista a la venta en la URSS. Quedaba un pequeño detalle: cómo cobrar. El rublo no valía nada fuera del país y los soviéticos no estaban dispuestos a gastar divisas en un capricho como un refresco, así que se recurrió al trueque. Pepsi recibiría a cambio vodka Stolichnaya para venderlo en Estados Unidos, lo que la dejó expuesta a los boicots cuando la URSS invadió Afganistán o derribó el avión de Korean Air en 1983. Aun así, en 1985 ya tenía 16 embotelladoras en el país, y más tarde llegó a insinuar en sus anuncios que sus refrescos habían traído la glásnost.
1989: diecisiete submarinos y tres barcos de guerra
El negocio funcionó tan bien que, a finales de los ochenta, el vodka ya no bastaba para pagar tanta cola. En 1989 los soviéticos ofrecieron otra cosa que les sobraba: barcos de guerra. Pepsi se quedó con diecisiete submarinos, a 150.000 dólares cada uno según el New York Times, un crucero, una fragata y un destructor, todos viejos y fuera de servicio, que pasaron directamente a un astillero noruego para ser desguazados. La empresa hizo de intermediaria y cobró por la chatarra. Además compró petroleros soviéticos nuevos para alquilarlos o venderlos con una compañía noruega, y a cambio pudo planear más del doble de fábricas en el país. Fue entonces cuando Kendall le soltó a Scowcroft lo de desarmar a la Unión Soviética más deprisa que el gobierno.
Aquel verano, por cierto, la Pepsi ya formaba parte del paisaje soviético hasta en las visitas oficiales. Cuando dos buques de la Marina estadounidense hicieron escala en Sebastopol, en agosto de 1989, las fotos del Departamento de Defensa muestran a mujeres del lugar brindando con Pepsi y perritos calientes junto a los marinos americanos.

Lo gordo llegó el 9 de abril de 1990, cuando los periódicos estadounidenses anunciaron un acuerdo de 3.000 millones de dólares entre Pepsi y la Unión Soviética, el mayor firmado nunca entre una empresa americana y Moscú: vodka y diez barcos soviéticos a cambio de cola, y de paso la llegada de Pizza Hut. Foreign Policy, citando al Financial Times, habla en cambio de un acuerdo parecido cerrado en abril de 1989, de casi 2.600 millones de dólares, para entregar hasta 85 barcos de fabricación soviética en una década. No dio tiempo a mucho. Según IFLScience, PepsiCo tenía 21 embotelladoras en la URSS y quería abrir otras 26. En 1991 la Unión Soviética se desintegró y el negocio del siglo se convirtió en una carrera por salvar lo que se pudiera entre fronteras nuevas, inflación y privatizaciones. El Los Angeles Times daba el acuerdo por hundido en 1992.
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¿La sexta flota del mundo?
La leyenda dice que, durante unos días, Pepsi tuvo la sexta armada más grande del planeta. El politólogo Paul Musgrave hizo la cuenta en Foreign Policy con el anuario Jane’s Fighting Ships de 1989-1990: un país con diecisiete submarinos habría empatado con la India en el séptimo puesto de las flotas de submarinos de ataque. Pero, en cualquier sentido real, la historia es falsa: aquellos barcos eran pequeños, viejos y no estaban en condiciones de navegar, y Pepsi fue más una intermediaria que una potencia marítima. Tampoco fue una humillación para Moscú, según Musgrave: era una apuesta de miles de millones por la supervivencia de la Unión Soviética, justo antes de que dejara de existir.
Hay quien va todavía más lejos. El blog especializado Naval Gazing no consiguió identificar ni uno solo de los barcos y rastreó la historia de los buques de guerra hasta un artículo de opinión del New York Times de mayo de 1989; su autor reconoce que no sabe si el trato llegó a hacerse. En 2024, tras hablar con Musgrave, rebajó su escepticismo a un cincuenta por ciento. Lo que nadie discute es que Pepsi nunca tuvo un barco de guerra operativo.
El canal de divulgación History Matters responde a la pregunta en un cortometraje animado de menos de tres minutos, en inglés.
Una Pepsi para Jruschov
Kendall consiguió lo que buscaba desde 1959: poner una Pepsi en la mano de Jruschov y venderla durante décadas en la Unión Soviética. Se retiró de PepsiCo en 1986 y en 2004 Vladímir Putin le concedió la Orden de la Amistad por su contribución al comercio con Rusia. Murió en 2020, a los 99 años. La flota, en cambio, nunca llegó a navegar con su bandera.
Otras historias del blog: el desastre del número 349 en Filipinas, que le valió a Pepsi un Ig Nobel de la Paz; el cliente que le reclamó un caza Harrier por un anuncio, y el Yu-Mex, los mariachis de la Yugoslavia de Tito. De aquella misma Unión Soviética salió la frase más temida de la Guerra Fría: «Los enterraremos», de Jruschov.
Lee también: Jraníteli, El Señor de los Anillos soviético de 1991 y Stanislav Petrov, el hombre que evitó una guerra nuclear
Fuentes consultadas
- Atlas Obscura. (2018, 12 de enero). When the Soviet Union paid Pepsi in warships. Atlas Obscura. https://www.atlasobscura.com/articles/soviet-union-pepsi-ships
- Musgrave, P. (2021, 27 de noviembre). The doomed voyage of Pepsi’s Soviet navy. Foreign Policy. https://foreignpolicy.com/2021/11/27/pepsi-navy-soviet-ussr/
- Naval Gazing. (2019, 12 de julio). The Pepsi fleet? NavalGazing.net. https://www.navalgazing.net/The-Pepsi-Fleet
- IFLScience. (s. f.). Did Pepsi own a fleet of Soviet warships during the 1980s? IFLScience. https://www.iflscience.com/editors-blog/did-pepsi-own-a-fleet-of-soviet-warships-during-the-1980s/
- Wikipedia. (s. f.). Kitchen Debate. Wikipedia, The Free Encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Kitchen_Debate
- Wikipedia. (s. f.). Donald M. Kendall. Wikipedia, The Free Encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Donald_M._Kendall
- Wikipedia. (s. f.). American National Exhibition. Wikipedia, The Free Encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/American_National_Exhibition
- La Vanguardia. (2024, 17 de noviembre). Cuando Pepsi tuvo la sexta flota militar más grande del mundo. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/cribeo/cultura/20241117/10100550/pepsi-tuvo-sexta-flota-militar-mas-grande-mundo-mmn.html
- Xataka. (2020, 15 de octubre). Así se ingenió Pepsi para tener la sexta mayor flota naval del mundo. Xataka. https://www.xataka.com/otros/asi-se-ingenio-pepsi-para-tener-sexta-mayor-flota-naval-mundo-1
- El Español. (2019, 11 de marzo). El extraño intercambio de la URSS con Pepsi. El Español. https://www.elespanol.com/cultura/historia/20190311/extrano-intercambio-urss-pepsi-submarinos-refrescos/382462033_0.html
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