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Los Beatles en España (1965): dos conciertos, mucha policía y un tonel de Jerez

Fachada neomudéjar de ladrillo de la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid, vista desde la calle de Alcalá

La prensa española recibió a los Beatles con la pregunta que de verdad le quitaba el sueño: qué pensaban hacer con el pelo. Era el 1 de julio de 1965 y el grupo más famoso del mundo llegaba a Madrid para dar los dos únicos conciertos de su carrera en España, uno en la plaza de toros de Las Ventas y otro en la Monumental de Barcelona. Se encontraron un país que quería parecer moderno ante los turistas y, al mismo tiempo, llenaba de policías las plazas. En Madrid tocaron ante media entrada de público bien vestido mientras los fans de verdad se quedaban fuera; en Barcelona les fue mejor. Entre medias hubo vino de Jerez firmado con tiza, una fotógrafa que se coló en su avión y en su hotel y un sombrero cordobés en la cabeza de John Lennon.

Un promotor, un permiso y una medalla

El empeño fue del promotor Francisco Bermúdez, que consiguió meter Madrid y Barcelona en la pequeña gira europea que los Beatles hicieron aquel verano. Los Beatles no estaban prohibidos en España, como a veces se dice: las dos revistas musicales que había los apoyaban y la radio los ponía, aunque con timidez. Pero buena parte de la prensa se burlaba abiertamente de aquellos «melenudos» y algún periódico llegó a publicar fotos trucadas en las que salían calvos.

El régimen tenía sus dudas. Por un lado, quería dar una imagen de apertura que atrajera turistas y divisas; por otro, temía lo que pudieran provocar cuatro chicos con flequillo en una plaza llena de jóvenes. Cuenta la leyenda que el ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega, estaba en contra de los conciertos y solo cedió cuando alguien le recordó que la reina Isabel II iba a nombrarlos miembros de la Orden del Imperio Británico. Al ministro, monárquico de corazón, el detalle le impresionó.

Barajas, el Hotel Fénix y un tonel de Jerez

Los Beatles aterrizaron en Barajas el 1 de julio, procedentes de Niza, y a pesar del despliegue policial había fans esperándoles. De allí los llevaron al Hotel Fénix, donde les esperaba una rueda de prensa con periodistas de carné y corbata que insistieron, una y otra vez, en preguntarles por su pelo. Salvó el honor del gremio José Luis Álvarez, director de la revista Fonorama, que consiguió entrevistarlos en el hotel. No pudo presumir de ello en la portada, que estaba vendida: aquel número salió con la cara de un cantante desconocido, Ernie English, un patinazo que se arregló en una reedición posterior.

Los Beatles, con trajes oscuros y gafas de sol, en la escalerilla de un avión de Iberia en 1965
Los Beatles a su llegada a Madrid el 1 de julio de 1965. Foto: Iberia (CC BY 2.0).

Hubo quien supo aprovechar la ocasión. Miguel Primo de Rivera, entonces alcalde de Jerez de la Frontera y nieto del dictador, les organizó una degustación de vino de su tierra, y los cuatro firmaron con tiza en los toneles. Mientras tanto, Brian Epstein se fue a ver una corrida a Las Ventas, y Ringo Starr, que también fue a los toros, se llevó un recuerdo poco taurino: «Fue lo más triste que he visto nunca», contaría años después. Fue la primera y la última corrida a la que fue.

Las Ventas: media entrada y muchos grises

El concierto de Madrid empezó a las ocho y media de la tarde del 2 de julio. Lo presentó Torrebruno, sí, el mismo, y antes de los Beatles desfilaron por el escenario la Orquesta Florida, el cantante Michel, Los Pekenikes y otros conjuntos de dentro y de fuera, un cartel bastante estrambótico con el que el promotor quiso justificar el precio de las entradas: de 75 a 400 o 450 pesetas, según la fuente, en un país donde el salario mínimo era de unas 60 pesetas al día.

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La plaza se quedó a media entrada, o menos. Dentro estaba quien había podido pagar y tenía buena pinta; fuera, los fans, a los que la Policía Armada cargó en los alrededores. Ringo Starr se acordaba muy bien de aquella noche: fue la primera vez que vio a la policía pegando a chavales.

Los cuatro Beatles posando con sus guitarras en una foto promocional en blanco y negro de 1965
Los Beatles en una foto promocional de 1965, el año de su gira europea. EMI (dominio público).

Tocaron las doce canciones de toda la gira, de «Twist and Shout» a «Long Tall Sally», pasando por «Can’t Buy Me Love», «A Hard Day’s Night» o «Ticket to Ride», en poco más de media hora y con un sonido pobrísimo. El concierto no se grabó, aunque hace poco circuló un disco falso que decía contenerlo, y el NO-DO, de proyección obligatoria en los cines, se encargó de manipular su crónica de las dos actuaciones.

Barcelona: una fotógrafa en el avión

El 3 de julio volaron a Barcelona, y en el avión iba alguien que no estaba invitada. Joana Biarnés, considerada la primera fotoperiodista española, consiguió una plaza en el mismo vuelo gracias al encargado de relaciones públicas de Iberia y les hizo fotos hasta que los guardaespaldas se lo impidieron. No se rindió: en el hotel Avenida Palace esquivó a la seguridad subiendo por el montacargas, llamó a la puerta de su suite y les preguntó si podía hacerles más fotos. La dejaron pasar y se quedó tres horas con ellos.

La fotoperiodista Joana Biarnés, ya mayor, sentada en una mesa redonda en Barcelona
Joana Biarnés, la primera fotoperiodista española, en una mesa redonda en La Pedrera (Barcelona) en 2014. Foto: Judesba (CC BY-SA 3.0).

Al día siguiente ofreció el reportaje a su periódico, Pueblo, que lo rechazó porque ya había publicado la noticia de los Beatles el día anterior. Biarnés se lo regaló a la revista Ondas, que lo sacó en portada. Hoy una de sus fotos de los Beatles en Las Ventas forma parte de la colección del Museu Nacional d’Art de Catalunya.

En el Avenida Palace hay otra historia con más versiones que testigos. Joan Gaspart, hijo del dueño del hotel y años después presidente del FC Barcelona, ha contado muchas veces que conocía a los Beatles de su etapa en Liverpool y que, antes del concierto, le prestó sus pantalones a John Lennon porque los suyos no estaban bien planchados. Otra versión dice que los pantalones eran de un empleado del hotel. Sea como sea, Lennon tocó en Barcelona con pantalones prestados.

Fachada del hotel Avenida Palace, en la Gran Vía de Barcelona
El hotel Avenida Palace, en la Gran Vía de Barcelona, donde se alojaron los Beatles. Foto: Jordiferrer (CC BY-SA 3.0).

La Monumental

El concierto de la Monumental salió mejor que el de Madrid. Los grises seguían allí, dentro y fuera, y no dejaban que el público se levantara a bailar, pero la plaza estaba casi llena y el ambiente era otro. Los Beatles tenían que salir a las once menos cuarto de la noche y lo hicieron hacia las once y veinte. Torrebruno volvió a presentar, Los Sírex y Los Shakers estuvieron entre los teloneros y Lennon apareció en escena con un sombrero cordobés, que algunos fotógrafos tuvieron el acierto de captar. Aun así, a Paul McCartney le quedó un regusto amargo: recordaba que el alcalde y los ricos tenían los mejores asientos mientras los chavales, su público de verdad, se quedaban fuera. «¿Por qué tocamos para todos estos malditos oficiales?», se preguntaban. Fue el último concierto de la gira europea, y al día siguiente volvieron a Londres.

Fotografía antigua en blanco y negro de la plaza de toros Monumental de Barcelona, con sus cúpulas de estilo neomudéjar
La Monumental de Barcelona en 1935, treinta años antes del concierto de los Beatles. Foto: Fortepan (CC BY-SA 3.0).

Musicalmente, aquellas dos noches no pasaron a la historia: la amplificación era pésima y los Beatles iban con el piloto automático puesto. Pero para el grupo en España fueron decisivas, y para el régimen, una lección incómoda: se podía abrir la puerta a los melenudos sin que se hundiera el país, aunque hiciera falta media comisaría para comprobarlo.

Si te quedas con ganas de más Beatles, aquí tienes la historia de Andrés Moore, el madrileño que, según la prensa española, había fundado el grupo, y la de la carta de John Lennon que tardó treinta y cuatro años en llegar. Si te interesa el presentador de aquellas noches, Torrebruno tiene su propia historia, y si te van los rockeros recibidos a la española, no te pierdas el avión de David Bowie que hicieron volver a Roma por un autógrafo o la calle AC/DC de Leganés.

Fuentes consultadas

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