El café de la historia - Boris I de Andorra

Boris I el Fugaz, rey de Andorra

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La peculiar carrera del buscavidas y aventurero Boris Skossyreff hacia la realeza andorrana y su efímero reinado de catorce días.

Boris I de Andorra

Si usted visita Andorra en la actualidad, le costará creer que unas cuantas décadas atrás la pobreza y la miseria campaban a sus anchas por el pequeño país de los Pirineos.

Si a esto añadimos que una élite compuesta de no más del diez por ciento de la población dirigía los destinos del resto, tenemos el caldo de cultivo (y de propina la explicación) para el éxito de Boris Skossyreff en su misión de, ni más ni menos, convertirse en Rey de Andorra.

En los años treinta del pasado siglo, Andorra no alcanzaba los 4000 habitantes y sus gobernantes ejercían el poder a su antojo amparados por el régimen feudal que regía en el país desde su fundación en el siglo XIII. Recordemos que Andorra estaba (y está) bajo la tutela de dos copríncipes: el Presidente de la República Francesa y el Obispo de la Seu d’Urgell que, todo sea dicho, por aquellos años no prestaban demasiada atención a los asuntos internos del principado fiándolo todo a los gobernantes locales.

Con estos mimbres es fácil entender cómo de la noche a la mañana Boris Skossyreff, un tipo cordial, con mucha labia, desparpajo en el trato directo, y, muy importante, respaldado por un patrimonio aparentemente infinito y que encima afirmaba ser un príncipe ruso, fuese capaz de convencer a los andorranos para que lo nombrasen su rey.

Boris Skossyreff, Boris I de Andorra
Boris, el trotamundos

El primer paso en el plan de Boris fue obtener la nacionalidad andorrana y, a finales de 1933, nuestro protagonista empieza su campaña presentando a sus futuros súbditos unos planes para modernizar el principado, hasta que en mayo de 1934 es expulsado de Andorra por las autoridades francesas bajo la acusación de interferir en los asuntos políticos internos.

Exiliado en La Seu d’ Urgell, inicia una campaña de promoción y glorificación de sí mismo que atrae la atención de la prensa nacional e internacional. Se declara heredero de los reyes de Francia, se hace fotos de porte imperial con cetro y monóculo e imprime miles de copias de una carta constitucional para Andorra, que incluía derechos como el sufragio universal, la libertad religiosa o la de prensa.

Larga vida a Boris I, Rey de Andorra

En julio de 1934 convoca a los representantes de las seis parroquias que componían Andorra en la Casa de La Vall (por aquel entonces sede del Consejo General de Andorra) y allí les propone transformar el principado en un próspero paraíso fiscal (todo un visionario este Boris) a cambio de que le nombrasen «Príncipe de Andorra».

Boris I de Andorra

Contra todo pronóstico, convenció a los presentes y su propuesta fue aprobada con un solo voto en contra de veinticuatro. Convertido así en Boris I, fue solemnemente proclamado rey de Andorra.

En rueda de prensa informó de sus planes modernizadores que se resumían en esta frase: «Protección al necesitado, educación universal y deporte, mucho deporte. Pero nada de juegos prohibidos

Andorra declara la guerra

Cuando informaron a los dos copríncipes de la situación reaccionaron de forma contradictoria; mientras el presidente de Francia, Albert Lebrun, no le dio importancia al tema asegurando que no intervendría en los asuntos internos del principado, e incluso aceptando a Boris I como legítimo rey si así lo elegían sus representantes, el Obispo de La Seu, Justí Guitart, entró en cólera anunciando públicamente su repulsa.

La reacción del obispo no gustó nada a (su excelentísima majestad) Boris I , que contraatacó y proclamó el Estado Libre de Andorra. Asimismo procedió a disolver el centenario órgano de gobierno local, el Consejo de Les Valls.

Además, en un acto de insensata temeridad, publicó un bando en el que recogía las declaraciones del obispo Guitart y procedía a declararle la guerra.

Esta actitud acabó de enfurecer a monseñor Guitart, que no tardó en responder. El 20 de julio de 1934 envió a un formidable ejercito (nótese la ironía, por favor) sobre el Principado compuesto por cinco guardias civiles que se dirigieron a la Fonda Calons de San Julián, sede provisional de la monarquía andorrana, para detener a Skossyreff ante sus desconcertados súbditos que, dicho sea de paso, no movieron un dedo para defender al rey que ellos mismos habían elegido pocos días atrás.

Boris Skossyreff, Boris I de Andorra
Impostando porte imperial

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Las cosas se tuercen para Boris Skossyreff

El depuesto rey fue enviado a Barcelona y, desde allí, trasladado a Madrid, donde se le aplicó la Ley de vagos y maleantes, Tras pasar un tiempo a la sombra fue expulsado a Portugal y los siguientes años estuvo vagando por Lisboa para pasar posteriormente a lugares fronterizos, siempre propicios para buscavidas y aventureros, como Gibraltar o Tánger.

Boris I de Andorra
Obispos y guardias civiles juegan y (casi siempre) ganan

A partir de aquí, su biografía es una nebulosa confusa digna de un personaje escurridizo como él, pero está claro que jamás volvió a pisar Andorra, aunque gracias a un permiso especial de las autoridades francesas se le dejó volver a entrar en Francia y allí le sorprende la Segunda Guerra Mundial.

Es detenido e internado en un campo de internamiento por razones y cargos que a día de hoy se desconocen. En 1943 los nazis parecen apreciar en Boris cualidades interesantes y lo reclutan como agente especial. Cumpliendo estos cometidos cae capturado por el ejercito norteamericano pero fue posteriormente liberado al no ser alemán ni nazi, por lo que se va a vivir a Alemania, donde residía su familia.

En 1948 es apresado por los soviéticos en Eisenach, ciudad alemana controlada por la URSS. Fue juzgado y enviado a Siberia. En 1956 es liberado y regresa a Alemania donde reside hasta fallecer el 27 de febrero de 1989.

En cualquier caso, nunca pudo regresar a Andorra, donde dejó para la posteridad la historia de la monarquía más rocambolesca y breve del siglo XX en el Viejo Continente.

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