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El hombre de Piltdown, el fraude científico que engañó a los expertos durante cuarenta años

Cuadro de ocho científicos con traje alrededor de una mesa con cráneos, uno de ellos examinando el de Piltdown

El 18 de diciembre de 1912, la Sociedad Geológica de Londres conoció al supuesto eslabón perdido: un cráneo de cerebro grande y mandíbula de mono sacado de una gravera de Piltdown, en Sussex. Durante cuarenta años se le llamó «el primer inglés». En 1953 se demostró que era un montaje hecho con un cráneo humano reciente, la mandíbula de un orangután y unos dientes limados.

El antepasado que Gran Bretaña esperaba

Desde que Darwin publicó El origen de las especies, en 1859, los científicos buscaban el eslabón entre los simios y los humanos. Alemania y Francia ya tenían sus neandertales, y los británicos querían demostrar que su isla también pintaba algo en la historia de la evolución.

Charles Dawson, un abogado de Sussex aficionado a la arqueología, aseguraba que años antes un obrero le había dado un trozo de cráneo humano, oscuro y grueso: los trabajadores de la gravera habían roto el resto creyendo que era un coco fosilizado. El 14 de febrero de 1912 escribió a Arthur Smith Woodward, conservador de Geología del Museo de Historia Natural de Londres, y ese verano excavaron juntos en Barkham Manor. Salieron más trozos de cráneo, herramientas de piedra, huesos de elefantes, rinocerontes y castores extintos, y una mandíbula muy parecida a la de un simio.

Woodward reconstruyó el cráneo, lo bautizó Eoanthropus dawsoni, «el hombre del alba de Dawson», y le calculó unos 500.000 años. Los periódicos lo vendieron como la prueba de que Darwin tenía razón.

Un fósil hecho a medida

Encajaba con lo que muchos querían ver. Los expertos daban por hecho que el cerebro grande había llegado antes que la dieta y la mandíbula modernas, y Piltdown lo confirmaba. El paleontólogo Stephen Jay Gould añadió otro motivo: el orgullo nacional de tener un «primer británico».

Fotografía en blanco y negro de la reconstrucción del cráneo de Piltdown, con mandíbula simiesca
Reconstrucción del cráneo de Eoanthropus dawsoni, el hombre de Piltdown. Wellcome Collection, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.

Las nuevas piezas llegaban justo cuando hacían falta. En 1913, el jesuita y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin encontró un colmillo de tamaño intermedio entre el de un simio y el de un humano, tal y como Woodward había predicho. En las excavaciones de 1913 y 1914 apareció un hueso tallado al que llamaron el «bate de críquet», un útil quizá demasiado oportuno para el primer inglés. Y en 1915 Dawson comunicó a Woodward que había encontrado restos de un segundo individuo a unos 3 kilómetros, en un lugar que nunca llegó a precisar.

Hubo escépticos desde el principio. David Waterston en 1913, y Marcellin Boule y Gerrit Miller en 1915, defendieron que la mandíbula era de un simio. Pero el fósil tenía el respaldo del museo, y cuando en 1924 Raymond Dart presentó en Sudáfrica el niño de Taung, con dientes humanos y cerebro pequeño, la mayoría de los científicos británicos lo despacharon como un simio. Woodward murió creyendo en Piltdown: su libro The Earliest Englishman salió en 1948, después de su muerte.

Flúor, limas y tinte

En 1949, Kenneth Oakley, del Museo de Historia Natural, aplicó a los restos la prueba del flúor y vio que tenían como mucho 50.000 años. Con Joseph Weiner y Wilfrid Le Gros Clark, de Oxford, siguió tirando del hilo. El cráneo era humano y reciente, la mandíbula era de orangután y los dientes se habían limado para imitar el desgaste humano. Todo se había teñido para que pareciera salido de aquella gravera, con cromo y con una solución de sulfato de hierro. Los fósiles de animales eran auténticos, pero no ingleses. En 1959, el carbono 14 dató el cráneo en entre 520 y 720 años.

La noticia estalló el 21 de noviembre de 1953, y la prensa se cebó con el museo. Uno de los titulares decía, más o menos, que un fósil falso había dejado a los científicos como monos.

Fragmento de mandíbula marrón rojizo con dos muelas y una etiqueta que dice 1912
La mandíbula de Piltdown, que resultó ser de orangután, expuesta en el Museo de Melbourne en 2021. Foto: Ethmostigmus, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

¿Quién lo hizo?

Los sospechosos han sido muchos: Dawson, Teilhard de Chardin, el anatomista Arthur Keith o Martin Hinton, un voluntario del museo enfrentado con Woodward, en cuyo baúl aparecieron huesos teñidos igual que los de Piltdown. Hasta Arthur Conan Doyle, que vivía cerca y publicó El mundo perdido en 1912, entró en la lista, aunque su implicación se considera improbable.

En 2016, un equipo dirigido por Isabelle De Groote y Chris Stringer publicó en Royal Society Open Science un nuevo análisis con ADN, mediciones de alta precisión, espectroscopia y antropología virtual. Concluyó que el falsificador usó un solo orangután y al menos dos humanos, y que todas las piezas de los dos yacimientos estaban tratadas igual: teñidas de marrón, rellenas de grava y reparadas con masilla. Todo apuntaba a Dawson, aunque no se sabe si actuó solo.

Dawson había muerto en agosto de 1916, y después no volvió a aparecer nada en Piltdown. El arqueólogo Miles Russell identificó en 2003 al menos 38 falsificaciones en su colección. Para los autores del estudio, Piltdown es una advertencia: los científicos no deben dejarse llevar por sus ideas previas ante un hallazgo nuevo.

En los mismos años, la ciencia tenía otros entusiasmos dudosos: en París, Serge Voronoff se hizo rico injertando testículos de mono para rejuvenecer. Y décadas después, las cartas de un bromista bastaron para fabricar el mito del experimento Filadelfia. Y el arte tampoco está a salvo: en 1984, los grandes críticos italianos dieron por buenas unas cabezas de Modigliani que habían tallado tres estudiantes y un portuario. Más inofensivo fue el mono con aire de Darwin que adorna desde el siglo XIX la etiqueta de Anís del Mono. Y otro fraude que engañó a historiadores y peritos, esta vez con cuadernos: los diarios falsos de Hitler. Doyle también intentó encontrar a Agatha Christie con un guante y un médium.

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El hombre de Piltdown, en vídeo

El canal divulgativo HistoryPod resume en este vídeo cómo se destapó el fraude en 1953.

21st November 1953: Piltdown Man exposed as a hoax, undermining studies of human evolution

Dura menos de tres minutos y está en inglés.

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