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Tapa de la caja del juego Deuda Eterna, de Ruibal, con el lema ¿Quién es capaz de vencer al FMI? y una chistera con los colores de Estados Unidos llena de billetes

Según contaba la revista Euromoney en diciembre de 2001, en la recepción de la división de mercados de capitales del Fondo Monetario Internacional, en Washington, había expuesto un juego de mesa cuyo objetivo es derrotar al FMI. Se llama Deuda Eterna, se juega con dados y tablero como el Monopoly y en internet circula como el «Monopoly comunista» que Cuba se sacó de la manga tras la revolución de 1959. La caja, sin embargo, lleva el nombre de Ruibal, una juguetera argentina, y todo lo que se puede comprobar del juego apunta a la crisis de la deuda latinoamericana, no a la Cuba de 1959.

Un juego contra los caseros

El Monopoly ya tenía su propia ironía. Entre 1902 y 1903, Elizabeth Magie, conocida como Lizzie, diseñó en Estados Unidos The Landlord’s Game, «el juego del casero». Magie era seguidora del economista Henry George y quería explicar con un tablero lo que George defendía: que los alquileres enriquecen a los dueños de la tierra y empobrecen a los inquilinos. Probó el juego en Arden, una colonia georgista de Delaware, pidió la patente en 1903 y se la concedieron en 1904, con el número 748.626.

Retrato de Lizzie Magie publicado en The Washington Times en 1906
Lizzie Magie, la inventora de The Landlord’s Game, en The Washington Times del 22 de octubre de 1906 (dominio público), vía Wikimedia Commons

Para que la lección quedara clara, el juego traía dos reglamentos. En uno, la riqueza que se creaba acababa beneficiando a todos los jugadores. En el otro, había que formar monopolios y arruinar a los rivales. Las reglas del Monopoly actual se basan sobre todo en el segundo.

Tablero de The Landlord's Game de 1906, con las casillas de alquileres, la tesorería pública y la cárcel
The Landlord’s Game, de Lizzie Magie, en la edición de 1906 de la Economic Game Company. Imagen: Thomas Forsyth, LandlordsGame.info (dominio público), vía Wikimedia Commons

En 1935, Parker Brothers puso a la venta el Monopoly, que le había comprado a Charles Darrow, quien aseguraba haberlo inventado él. Ese mismo año, la empresa le compró también a Magie su patente de 1923 por 500 dólares. Ella dio entrevistas a The Washington Post y a The Evening Star, con el tablero original, para dejar claro que el inventor no era Darrow.

Lo que vino después es de sobra conocido: unos 275 millones de juegos vendidos hasta 2015, según las estimaciones que recoge la Wikipedia, ediciones en más de 113 países y en más de 46 idiomas (BBC Mundo daba en 2010 las cifras de Hasbro: más de 275 millones, 111 países y 43 idiomas), y un mensaje contrario al que pretendía su inventora.

La leyenda del Monopoly cubano

Aquí entra Cuba. Según un reportaje de BBC Mundo de 2010, el Monopoly era muy popular en la isla antes de 1959 y, tras el triunfo de Fidel Castro, desapareció de las jugueterías y Deuda Eterna ocupó su lugar. El propio reportaje lo presentaba como algo que «cuentan». The Register fue más lejos en 1999: daba por hecho que Castro había ordenado destruir todos los Monopoly del país, sin citar ninguna fuente.

El problema de la versión cubana es de calendario. Deuda Eterna gira entero en torno a la deuda externa latinoamericana y a las condiciones que el FMI ponía para refinanciarla, que fueron la gran pesadilla de la región a partir de la crisis de 1982. Cuba, además, se marchó del FMI en 1964. Ninguna de las fuentes consultadas documenta una versión cubana de 1959.

Lo que sí está documentado es la pista argentina. Deuda Eterna lo sacó la juguetera Ruibal; BoardGameGeek cita también a Juguemil y no da autor. Sobre la fecha no hay acuerdo: BoardGameGeek lo data en 1991, Euromoney lo presentó como una novedad en diciembre de 2001, en plena crisis argentina, y BBC Mundo decía en 2010 que se vendía en Argentina desde hacía unos diez años. Su lema era «¿Quién es capaz de vencer al FMI?», y la edad recomendada, a partir de diez años. En 2009, el Financial Times contaba que seguía siendo un favorito minoritario entre los argentinos que culpaban al Fondo de la suspensión de pagos de 2001.

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Ni siquiera EcuRed, la enciclopedia en línea cubana, le pone fecha ni autor: lo incluye entre los juegos tradicionales y toma las reglas de un reglamento publicado por una juguetería argentina. Que en Cuba se jugara es posible; lo que no aparece en ninguna de las fuentes es la Cuba de 1959.

Cómo se juega a Deuda Eterna

Las reglas que recoge EcuRed son para entre tres y seis jugadores (de dos a seis, según BoardGameGeek), y uno de ellos hace de FMI, que empieza la partida con todo el dinero y todas las propiedades. Los demás son gobiernos del Tercer Mundo. Cada uno recibe tres lingotes de oro de reserva y mil dólares por cada punto que saque en un dado, y todos salen de la casilla «Latinoamérica». Empieza el que más dinero tiene.

El tablero está partido en dos. Arriba, el Norte, con los países desarrollados, una docena de industrias y el FMI, que maneja el capital. Abajo, el Sur, es decir, América Latina, con las materias primas: hierro, cobre, trigo, ganado. El objetivo es industrializar esas materias primas, vender los productos en los mercados del Norte y, con el tiempo, dejar de necesitar al Fondo.

Las tarjetas de Suerte y de Caja de Comunidad se cambian por las de Condiciones del FMI, que solo roban los jugadores endeudados, y las de Solidaridad, que traen dinero o envíos de otros países. En una de ellas, según BBC Mundo, cada jugador recibe 200 dólares de El Salvador para «financiar a luchadores por la libertad». Y luego están las casillas especiales, que resumen buena parte de la historia latinoamericana del siglo XX en un puñado de cuadritos:

  • «Golpe de Estado», en lugar de la cárcel: el jugador entrega al FMI todo el dinero en efectivo.
  • «Fuga de capitales»: mil dólares al FMI por cada punto del dado.
  • «Nacionalización»: un terreno libre y su primera industria nacional, gratis.
  • «Ayuda USA»: 50 dólares, «la generosa suma», según el reglamento.
  • «12 de octubre de 1492»: cada jugador entrega un lingote de oro.
  • «No pagar»: esa vuelta no se pagan intereses.

Los préstamos del FMI son de mil dólares como mínimo, al 10 % de interés, que se paga cada vez que se pasa por su casilla, y la deuda no puede superar los 30.000. A partir de 10.000 dólares de deuda llega la devaluación y el jugador tira con tres dados; a partir de 20.000, con cuatro. Quien toca el máximo y no puede pagar sufre un embargo económico: el FMI subasta sus propiedades con un precio de salida de la mitad de lo invertido.

Se puede ganar de tres maneras, de menos a más: el empate con el FMI, si se tienen al menos siete de los doce terrenos de Latinoamérica con dos industrias nacionales y dos multinacionales cada uno; el triunfo empresarial, si se industrializan los doce terrenos del Sur con al menos una multinacional en cada uno del Norte; y la victoria por nocaut, con tres industrias nacionales y tres multinacionales en cada uno. Los jugadores pueden aliarse en parejas o tríos. Y si todos quiebran, el reglamento propone levantar pancartas contra el FMI y empezar otra partida.

El canal Cosa Ñoña cuenta en este vídeo la historia de Lizzie Magie, la creadora del juego que hoy conocemos como Monopoly.

La historia de la creadora de Monopoly | Elizabeth Magie en #ÑOÑAS

El FMI, encantado

Según Euromoney, en el FMI el juego cayó bien, hasta el punto de tener un ejemplar expuesto en la recepción de su división de mercados de capitales; al fin y al cabo, el reglamento decía que el objetivo principal era superar los obstáculos y devolverle el dinero al Fondo. El público fue menos entusiasta. En 2010, el experto en juegos Jaime Poniachik le decía a BBC Mundo que Deuda Eterna no había despertado entusiasmo porque no aportaba una mecánica de juego atractiva.

Otras historias del blog: Cerro Belmonte, el barrio de Madrid que pidió asilo político a Fidel Castro, la burbuja de los tulipanes y el efecto Mandela, que explica por qué el señor del Monopoly nunca ha llevado monóculo. Curiosamente, de niño Fidel Castro sí quería dólares: en 1940 le pidió a Roosevelt por carta un billete de diez.

Lee también: El robo de las manos de Perón: un misterio sin resolver, Blasco Ibáñez, la anécdota del pistolero de la Patagonia y Michael Larson y el truco que reventó Press Your Luck

Fuentes consultadas

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