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El Lipsi, el baile de la RDA para frenar el rock and roll

Fotograma en blanco y negro de una pareja bailando el Lipsi ante una orquesta, con un cantante de pajarita en el escenario

En 1959, mientras los jóvenes de medio mundo se volvían locos con Elvis Presley, la República Democrática Alemana decidió plantar cara al rock and roll con un arma inesperada: un baile nuevo, decente y socialista. Se llamó Lipsi, se presentó como modelo de la cultura nacional socialista, se patentó por si conquistaba el mundo y se obligó a los dirigentes de las juventudes del partido a aprenderlo. Al cabo de un año ya casi nadie se acordaba de él.

Cuando bailar era un asunto de Estado

Desde 1952, la revista Der Tanz in der Laienkunst reclamaba nuevos bailes socialistas para Alemania del Este. El baile de salón se tenía por burgués, pero era tan popular entre adultos y jóvenes que parecía una buena herramienta de propaganda: bastaba con «devolverlo» a sus formas originales metiéndole elementos de las danzas populares. Aquella campaña, cada vez más dogmática, acabó dando a luz el Lipsi.

El enemigo estaba claro. A finales de los cincuenta, los jóvenes se movían al ritmo del twist, el boogie-woogie y el rock and roll, modas occidentales que el régimen veía como una influencia capitalista indeseable. El diario juvenil Junge Welt llegó a escribir de Elvis Presley que su «canto» era como su cara, «tonto, obtuso y brutal», y que «berreaba como un ciervo herido, sólo que menos melodioso».

Un vals con prisa hecho en Leipzig

El Lipsi nació en Leipzig a finales de 1958. El compositor René Dubianski fundió dos compases de vals en uno de seis por cuatro, y el matrimonio de profesores de baile Christa y Helmut Seifert creó los pasos. El nombre viene de lipsiens, «leipziguense» en latín, y según la escritora J. Elke Ertle las autoridades confiaban en que la «i» final le diera un aire moderno y americano.

Era un baile de pareja de los de toda la vida. Empezaba en la posición clásica del baile de salón y combinaba pasos laterales con medias vueltas de vals, más giros y patadas tomados de danzas populares como el Spinnradl y el Ländler; en una figura, la mujer se colocaba delante del hombre, de espaldas, y lo miraba por encima del hombro. Él llevaba las vueltas y ella hacía los movimientos más vistosos: pese a la igualdad que predicaba el régimen, el Lipsi mantenía bien separados los papeles de cada sexo. Ertle lo compara con una rumba sin caderas, en la que la pareja rara vez se separa y tampoco se arrima demasiado.

El Neues Deutschland, el diario del partido, estaba encantado: «El movimiento está lleno de armonía y, con sus separaciones y reencuentros de la pareja y sus giros en solitario, es totalmente moderno», escribía, «muy lejos de las contorsiones sin gusto ni freno de los bailes importados de ultramar».

Así se bailaba el Lipsi en 1959:

Lipsi-Tanz in der DDR 1959

La gran campaña

La puesta de largo fue a mediados de enero de 1959, en una conferencia sobre música de baile celebrada en Lauchhammer, donde el «Lipsi n.º 1» se presentó como «ejemplo modélico de la cultura nacional socialista». Se proclamó con orgullo que la idea de un baile moderno y juvenil, que dejaría atrás a los occidentales, había partido del dirigente comunista Walter Ulbricht. Tan seguros estaban del éxito que la RDA pidió la patente del baile en todo el mundo.

El Neues Deutschland publicó los pasos con dibujos, y se ordenó que todos los dirigentes de la FDJ, las juventudes del partido, dominaran el Lipsi antes de su congreso de mayo en Rostock, para entusiasmar con él a las masas. El periodista Klaus Taubert, que entonces trabajaba en una oficina comarcal de la FDJ cerca de Erfurt, recordaba en Der Spiegel cómo apartaban las mesas y las sillas de la sala de reuniones para bailar por parejas: el primer secretario con la secretaria, el segundo con la contable, el tercero con la cajera… y él con el chófer, porque no había más mujeres.

Hubo también discos. Los primeros salieron en 1959 en el sello Amiga: «Alle tanzen Lipsi», de Die Flamingos, y «Willibalds Lipsi», de la Martin Möhle Combo. Luego llegó el más conocido, «Heute tanzen alle jungen Leute» («Hoy todos los jóvenes bailan al paso del Lipsi»), cantado por la leipziguesa Helga Brauer, con el «Lipsi n.º 1» de la Orquesta de Baile de la Radio de Leipzig en la otra cara. Su director, Kurt Henkels, harto de la tutela del partido, huyó ese mismo año a la Alemania Occidental. A los Seifert, en cambio, el Lipsi les valió un premio de arte en 1959.

Y así lo cantaba Helga Brauer:

Hugo Leichtsinn & Heute tanzen alle jungen Leute & Sie sagt nur, komm bitte komm 1959

La juventud dijo que no

El 24 de abril de 1959, en la conferencia cultural de Bitterfeld, Ulbricht resumió la estrategia: «No basta con condenar de palabra la decadencia capitalista […] y hablar contra la “música caliente” y los “cantos” extáticos de un Presley. Tenemos que ofrecer algo mejor». Y lo mejor era el Lipsi. Pero a los jóvenes no les convenció un baile de pareja tan convencional, con ritmos y letras que no entusiasmaban a nadie.

En Halle y en otras ciudades hubo jóvenes que corearon consignas contra el baile impuesto. El 2 de noviembre de 1959, cuarenta muchachos recorrieron el centro de Leipzig gritando: «No bailamos Lipsi ni al son de Alo Koll; estamos con Bill Haley y bailamos rock and roll». Alo Koll era un director de orquesta muy popular en la RDA. El régimen disolvió la manifestación y quince participantes fueron condenados a penas de entre seis meses y cuatro años y medio de cárcel.

Por qué fracasó

El Lipsi no aguantó el pulso. Era demasiado convencional para lo que buscaban los jóvenes, y en pocos años desapareció. El régimen lo siguió promocionando frente al twist, que acabó colándose igualmente: en 1963 se publicaron en la RDA «Twist in der Nacht», de Manfred Krug, y el «Jodel-Twist» de Susi Schuster. Hans Bentzien, entonces responsable de cultura del partido en el distrito de Halle, lo resumió casi medio siglo después: «El Lipsi fue pura propaganda, se vino abajo enseguida y hoy sólo se rescata porque da mucha risa».

El Lipsi hoy

Según Ertle, desde comienzos del siglo XXI el Lipsi vive una pequeña vuelta, sobre todo en Leipzig, y en 2015 el cantante Bürger Lars Dietrich hizo una versión de «Heute tanzen alle jungen Leute» con un videoclip que recuperaba el baile. Lo que no consiguió la propaganda lo ha logrado la nostalgia.

No fue el único intento de fabricar en un despacho lo que la juventud quería por su cuenta. Al otro lado del Atlántico, cuando faltó Elvis, la industria se sacó de la manga un sustituto enmascarado: Orion. Y en lo de que el rock no entiende de telones ni de edades, nadie como Christopher Lee, el mismísimo Drácula, que se pasó al heavy metal pasados los ochenta. Mientras tanto, en la vecina Yugoslavia de Tito, la juventud había encontrado su propia vía de escape sin que nadie la decretara: el Yu-Mex, rancheras mexicanas cantadas en serbocroata y con sombrero de charro. Y una fiesta musical mucho más antigua y nada política: el Día del Músico, en honor a santa Cecilia. Y otro instrumento que también tuvo prohibiciones: el saxofón de Adolphe Sax, vetado por un papa, por los nazis y por Stalin.

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Fuentes consultadas

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