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La abuela rockera: la dama que hizo cuernos al reloj biológico

Ángeles Rodríguez, la Abuela Rockera, haciendo los cuernos con una gorra llena de chapas, en la portada del disco Toca madera de Panzer

Una señora de más de ochenta años pide «Highway to Hell»

En plena década de los 80, cuando Madrid hervía de riffs, tachuelas y litros de calimocho, apareció un personaje que nadie habría imaginado en la portada de Heavy Rock: Ángeles Rodríguez Hidalgo, más conocida como “La Abuela Rockera”. Pasaba ya de los ochenta y pedía en la radio canciones de AC/DC y Leño como quien encarga un vals en una verbena de pueblo. Para muchos oyentes de “El Búho”, el mítico programa nocturno de Paco Pérez Bryan en Radio Juventud, aquella voz temblorosa debía de ser una actriz haciendo el paripé. Nadie se creía que una mujer nacida a principios del siglo XX llamara para escuchar Highway to Hell. Pues sí, era real, y lo que empezó como una llamada inocente se convirtió en un fenómeno cultural.

Y eso que su vida hasta entonces había sido de todo menos un concierto. Nacida en Argentina en 1900, se vino a España con su familia, enviudó a los 41 años y sacó adelante a cinco hijos trabajando como empleada doméstica en el barrio de Salamanca y, después, en la Caja Postal. Lo suyo eran la radio y la copla. El heavy llegó cuando ya tenía nietos con melena.

Ángeles no entró en la escena rockera como invitada tímida; entró como un cañonazo. Su nieto Pol la había llevado a los conciertos y, desde ese momento, la abuela dejó de ser una espectadora para convertirse en icono. En un país donde los abismos generacionales parecían insalvables —padres y abuelos mirando con horror las greñas y las chupas de cuero de los jóvenes— ella rompió el muro de un plumazo. Fue la excepción que confirmaba que no todos los mayores estaban abonados al sofá, al brasero y a las misas de la tarde. Años después, el mismísimo Drácula le tomaría el relevo: Christopher Lee grabó discos de heavy metal pasados los ochenta, para escándalo de los traumatólogos.

Un icono entre tachuelas y sevillanas

La presencia de Ángeles en conciertos y festivales fue creciendo de forma natural. No era una figura de cartón piedra; se movía por salas, saludaba, bailaba, y acababa coreada a gritos de “¡Abuela, abuela, abuela!”. Los músicos no tardaron en rendirle pleitesía. Luz Casal, Miguel Ríos, Ramoncín, Barón Rojo, Obús o Sobredosis la trataban como a uno de los suyos. La veneraban porque representaba la autenticidad que tanto pregonaba el rock pero que, en la práctica, pocos encarnaban.

Y no se limitaba a mirar. En 1982 fue jurado del Trofeo Rock Villa de Madrid; presentó a Leño en la sala Carolina, en un concierto que acabó en disco; se subió al escenario con Obús en el pabellón del Real Madrid; tuvo su propio consultorio, «Abuela consulta», en la revista Heavy Rock, y acabó en la portada de Toca madera, el disco de Panzer, haciendo los cuernos con su gorra llena de chapas.

La paradoja era deliciosa: Ángeles era tan devota de la Virgen del Rocío como de los solos de guitarra de Angus Young. Podía marcarse unas sevillanas con la misma entrega que levantaba los cuernos metaleros. Lo que para algunos resultaba inconcebible, para ella era naturalidad pura. Y ahí residía su magnetismo: no impostaba nada. Mientras la televisión de testimonios aún estaba en pañales, ella ya protagonizaba un episodio de la serie “Vivir cada día”, saliendo indemne de cualquier intento de convertirla en producto mediático.

Abuela Rockera de Vallecas, programa Vivir Cada Día año 1985

Ahí está, en aquel episodio de Vivir cada día: más auténtica que muchos de los que se pasaban la vida presumiendo de serlo.

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Entre la devoción y el fetiche

Su creciente fama también tuvo sus sombras. La abuela era generosa, incapaz de decir “no”. Eso hizo que muchos la usaran como talismán o reclamo. Periodistas, músicos y oportunistas varios buscaban una foto, un guiño, una portada. En un momento dado, el personaje estuvo a punto de devorar a la persona. Ángeles pasó de los camerinos del heavy al entorno de Encarnita Polo o José Manuel Parada, símbolo de que incluso la autenticidad corre el riesgo de ser absorbida por el espectáculo. Pero ni aun así perdió la sonrisa ni el sentido del humor. El fotógrafo Mario Scasso, figura clave de la movida heavy madrileña, fue uno de los pocos que permaneció siempre a su lado, antes y después del apogeo.

El último riff

Ángeles murió en diciembre de 1993. Nacida con el siglo, lo cerró como quien apaga la luz tras la mejor fiesta. Había vivido más intensamente sus últimos diez años que muchos en toda su vida. El 25 de mayo de 1994 se le organizó un homenaje en la sala Canciller II —templo heavy madrileño— con Asfalto, Sobredosis, Ñu, Esturión, Lujuria y unos Mägo de Oz que entonces casi nadie conocía. Aquello no fue un velatorio, sino un fiestón de guitarras eléctricas en su honor.

La Abuela Rockera, sonriente, abrazada por varios músicos de rock

Aquel concierto sirvió también para reunir fondos, con la ayuda de Madrid Rock y de Mario Scasso, para el homenaje definitivo: un busto de bronce, obra de la escultora Carmen Jorba, en el bulevar de la calle Peña Gorbea, en Puente de Vallecas, que la muestra levantando los cuernos como en su foto más famosa. La estatua se convirtió en lugar de peregrinación rockera, un símbolo de resistencia y memoria. Todo un ejemplo de cómo la música une a generaciones y estilos de vida bajo la misma bandera.

Vandalismo y resurrección de la peineta

La historia de la estatua también tuvo su episodio grotesco. Unos vándalos —no muy amigos del arte, ni del rock, ni probablemente de la vida en general— rompieron los dedos de la escultura (y no una sola vez), transformando su icónica peineta heavy en algo parecido a un saludo comunista. La ironía no pasó desapercibida: seguramente a la propia abuela no le habría molestado tanto el cambio, porque a irreverencia no le ganaba nadie. Por suerte, con el tiempo la obra fue restaurada, devolviendo al bronce el gesto que tantas generaciones de rockeros han imitado frente al espejo.

Estatua de bronce de la Abuela Rockera haciendo los cuernos en el bulevar de Peña Gorbea, en Vallecas

No es la única huella heavy en el mapa de Madrid: en Leganés, el ayuntamiento le dedicó una calle a AC/DC, y Angus y Malcolm Young fueron en persona a inaugurarla.

Hoy, esa estatua se mantiene como un hito cultural, uno de esos puntos de visita obligada para cualquier amante del heavy en Madrid. No es simplemente un bloque de metal en Vallekas; es un recordatorio de que la edad no debería marcar los límites de la pasión. Ángeles lo demostró con creces: se puede ser abuela, devota y rockera, todo en la misma persona, sin que chirríe. Y no hay mayor gesto de libertad que ese.

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Fuentes consultadas