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Hildegart Rodríguez: la niña prodigio que su madre quiso crear y terminó asesinando

Aurora Rodríguez Carballeira, vestida de negro, junto a dos abogados con toga en el juicio de 1934, con un retrato de Hildegart abajo a la izquierda

El 9 de junio de 1933, Aurora Rodríguez Carballeira mató de cuatro disparos a su hija Hildegart mientras dormía, en su piso de la calle Galileo de Madrid. Después fue a ver a su abogado y se entregó. La víctima tenía 18 años, era licenciada en Derecho y una de las voces más conocidas de la reforma sexual en la Segunda República. Su madre la había concebido precisamente para eso.

La mujer del futuro, por encargo

Aurora nació en Ferrol en 1879. Su padre era abogado y procurador, pero ella no fue a la escuela: se formó leyendo la biblioteca familiar y acabó entusiasmada con el socialismo utópico y con la eugenesia, la doctrina que pretendía mejorar la especie decidiendo quién debía tener hijos. Antes había ayudado a educar a su sobrino, Pepito Arriola, que se hizo famoso como niño prodigio del piano.

Su plan era tener una hija que fuera la mujer del futuro. Buscó un hombre que nunca pudiera reclamarla y, según contó ella misma, solo se acostó con él tres veces. Nunca dijo quién era; la profesora Rosa Cal apunta a un capellán militar, Alberto Pallás. Hildegart nació en Madrid el 9 de diciembre de 1914.

Retrato de Hildegart Rodríguez Carballeira, joven, con el pelo recogido y collar de perlas
Hildegart Rodríguez Carballeira, en un retrato anterior a 1933. Foto: autor desconocido (dominio público), vía Wikimedia Commons.

Licenciada a los diecisiete

La educación empezó casi en la cuna. A los tres años ya escribía y de niña ya hablaba varios idiomas. Terminó el bachillerato a los 13 años, entró en la facultad de Derecho de la Universidad Central a los 14, con un permiso especial, y se licenció a los 17.

A los 14 ya militaba en la UGT y en el PSOE, y escribía en El Socialista, La Libertad o La Tierra. En 1932 dejó el partido por el Partido Republicano Federal. Entre 1931 y 1932 publicó, entre otros, La rebeldía sexual de la juventud, Educación sexual, Paternidad voluntaria y Malthusianismo y neomalthusianismo.

Portada del folleto Educación sexual, de Hildegart, publicado por Gráfica Socialista en 1931, con su retrato
Portada de Educación sexual, el folleto que Hildegart publicó en 1931 en Gráfica Socialista. Imagen de dominio público, vía Wikimedia Commons.

En 1932 fue una de las fundadoras de la Liga Española para la Reforma Sexual sobre Bases Científicas, rama de la liga mundial creada en Berlín por Magnus Hirschfeld. La presidía Gregorio Marañón y ella era la secretaria de organización. Defendía la educación sexual, los anticonceptivos y el divorcio, pero también la esterilización y otras ideas eugenésicas de su tiempo. Se carteaba con H. G. Wells y con Havelock Ellis, que la invitaron a Londres.

La criatura quería irse

Aurora la acompañaba a todas partes. El socialista Julián Besteiro la comparó con «una cría de canguro encapsulada en bolsa invisible». Hay investigadores que sospechan que algunos textos firmados por Hildegart los escribió su madre, y al menos de uno, «Injusticias. Caín y Abel», publicado en La Tierra en mayo de 1933, Aurora reconoció después la autoría.

Nadie sabe con certeza qué la llevó a matarla. Hildegart quería independizarse y pensaba en irse a Londres; Aurora llegó a creer que los servicios secretos británicos conspiraban para separarlas, y algunos periódicos hablaron de un enamoramiento. La escritora Carmen Domingo lo atribuye a una mezcla de la época, las circunstancias y la enfermedad de la madre. La víspera, las dos discutieron con dureza por los planes de la hija.

Cuatro disparos en la calle Galileo

A la mañana siguiente, Aurora mandó a la criada a pasear a los perros, cogió un pequeño revólver, entró en el cuarto de Hildegart y le disparó cuatro veces, a la cabeza y al corazón. Luego se presentó ante el abogado y político Juan Botella Asensi y se entregó. «No, no estoy arrepentida. ¡Tenía que suceder lo que ocurrió!», declaró.

El juicio y Ciempozuelos

El juicio se celebró con jurado en mayo de 1934, en plena crisis política. La defensa sostuvo que Aurora sufría paranoia y no era responsable; el fiscal, José Valenzuela Moreno, replicó que tenía la cabeza desordenada por lecturas mal digeridas, pero que no estaba loca. Entre los testigos estuvieron Clara Campoamor y el periodista Eduardo de Guzmán. La propia acusada nunca alegó un trastorno y hasta protestó contra su abogado. El 26 de mayo fue condenada por parricidio a 26 años, ocho meses y un día de reclusión mayor.

Pasó por la cárcel de Ventas y, el 24 de diciembre de 1935, la trasladaron al psiquiátrico de Ciempozuelos. Allí murió el 28 de diciembre de 1955, aunque algunas fuentes dicen 1956, y la enterraron en una fosa común. Durante décadas se creyó que había desaparecido en la guerra, hasta que en 1977 apareció su historia clínica. El psiquiatra Guillermo Rendueles la analizó en El manuscrito encontrado en Ciempozuelos (1989).

Del sumario al cine

El Archivo General de la Administración conserva el rollo del sumario contra Aurora, con 366 folios, y fotografías del juicio. El caso ha inspirado ensayos como Aurora de sangre, de Eduardo de Guzmán, o Mi querida hija Hildegart, de Carmen Domingo; novelas como La madre de Frankenstein, de Almudena Grandes, y películas como Mi hija Hildegart (1977), de Fernando Fernán Gómez, y La virgen roja (2024), de Paula Ortiz, con Najwa Nimri en el papel de Aurora. Ella lo había dejado dicho: «Yo que la creé, que la hice, que la formé a lo largo de los años, sé perfectamente dónde debía llegar».

La presión de unos padres sobre una hija modelo también acabó en tragedia, aunque al revés, en el caso de Jennifer Pan, la hija «perfecta» y el asalto que costó la vida a su madre. Y Gregorio Marañón, presidente de la liga de Hildegart, también se ocupó del Hombre Pez de Liérganes, el chico que desapareció en Bilbao y apareció en Cádiz. Una fe llevada al extremo acabó también en tragedia, a otra escala, en Kanungu, la secta ugandesa que anunció el fin del mundo.

Aurora Rodríguez, en vídeo

Francisco del Olmo, que fue director médico del centro de Ciempozuelos, repasa en esta entrevista de Fundación Hospitalarias la vida de Aurora tras el crimen.

“Aurora Rodríguez jugaba a ser Dios” Francisco Del Olmo habla sobre sus últimos años en Ciempozuelos

Dura 26 minutos y está en español.

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Fuentes consultadas

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