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El atentado contra Picasso en 1971: ácido, navajas y ultraderecha en una galería de Madrid

Retrato en blanco y negro de Pablo Picasso, ya mayor, con gorra y camisa estampada

A las cinco y diez de la tarde del 5 de noviembre de 1971, seis hombres entraron en la galería Theo, en la calle del General Castaños de Madrid. Uno se quedó amenazando a la empleada y al único visitante. Los otros cinco se repartieron por la sala con ácido, mazas y navajas, y en cinco minutos destrozaron los grabados de Picasso que colgaban de las paredes. Antes de irse pintaron en un muro su firma: «Comando de lucha antimarxista».

Picasso había cumplido 90 años el 25 de octubre, y la exposición era un homenaje de cumpleaños. El atentado contra Picasso en la galería Theo fue el golpe más sonado de una campaña de la ultraderecha que, durante aquel otoño, persiguió el nombre del pintor por librerías y galerías de Madrid y Barcelona.

Un cumpleaños incómodo

La galería la habían abierto a finales de los años sesenta Elvira González y Fernando Mignoni. Para el aniversario reunieron 26 o 27 estampas, según la fuente, de la Suite Vollard, la serie que Picasso grabó entre 1930 y 1937 por encargo del marchante Ambroise Vollard. La muestra se inauguró el 14 de octubre y debía cerrar el 12 de noviembre.

Para el régimen, Picasso era un problema: comunista, exiliado en Francia y autor del Guernica. Según Infobae, Franco no permitió que ningún museo oficial le dedicara una exposición, aunque toleró a regañadientes las de galerías privadas como la Theo.

Retrato al óleo de Ambroise Vollard, hombre calvo con barba, sentado con las piernas cruzadas en tonos marrones
Ambroise Vollard, el marchante que encargó a Picasso la serie de grabados que lleva su nombre, retratado por Paul Cézanne en 1899 (Petit Palais, París). Obra en dominio público, vía Wikimedia Commons.

Lo curioso es que la Suite Vollard no tiene nada de política. Según la historiadora del arte Nadia Hernández Henche, citada por Infobae, el ataque nació de un error: Blas Piñar, ideólogo de la extrema derecha, creyó que en la galería se exponían las viñetas de Sueño y mentira de Franco, que Picasso dibujó en 1937 para ridiculizar al dictador. Piñar sostuvo esa versión hasta en sus memorias.

Pintura roja y octavillas

El aviso había llegado antes. El 28 de octubre, los Guerrilleros de Cristo Rey difundieron un comunicado que llamaba a Picasso «antipatriota», «pornógrafo» e «hijo ilegítimo», y advertía de que, si hacía falta, estaban dispuestos a «otro 18 de julio». En la madrugada del viernes siguiente, según la revista antifranquista Ibérica, alguien rompió los escaparates de las librerías Cultart, Visor y Antonio Machado, los llenó de pintura roja y dejó octavillas firmadas por los «comandos de lucha antimarxista».

Lo de la galería fue un paso más. El recuento de daños cambia según quién lo cuente: el Museo Reina Sofía habla de dieciséis grabados destruidos en esos cinco minutos; Le Monde tituló con 24; Infobae eleva la cifra a 25, más dos robados. Según El País, uno de los desaparecidos volvió más tarde por correo, doblado en cuatro.

Detenidos, fianza y letra pequeña

Esta vez la policía fue rápida. El 6 de noviembre detuvo a los asaltantes, que ingresaron en la cárcel de Carabanchel, salvo uno que era menor de edad. El Juzgado de Orden Público los procesó por desórdenes públicos y daños, y a algunos también por el ataque a la librería Antonio Machado. El 21 de noviembre, los dos últimos que seguían presos salieron en libertad provisional tras pagar 15.000 pesetas de fianza.

Edificio de ladrillo de la antigua cárcel de Carabanchel, en Madrid, con muros altos y ventanas enrejadas
La antigua cárcel de Carabanchel, en Madrid, adonde fueron a parar los asaltantes de la galería Theo, en 2008. Foto: José Manuel Suárez (CC BY 2.0), vía Wikimedia Commons.

Elvira González denunció el asalto y llevó el caso a los tribunales, pero no consiguió una sentencia a su favor. El seguro tampoco pagó: la póliza excluía los daños por motivos políticos. «Pagué yo, porque si no nunca más habría podido trabajar con nadie de fuera», contó décadas después a Vanity Fair, según recoge Infobae.

Molotov en Barcelona

La campaña siguió. El 21 de noviembre, un ataque con cócteles molotov arrasó la sala Taller de Picasso, en Barcelona, y dos días después le tocó a la librería Cinc d’Oros, que exhibía libros del pintor en su escaparate. Hernández Henche sostiene que no fueron ataques sueltos, sino una campaña planificada para destruir un símbolo: el nombre de Picasso.

La respuesta llegó desde el arte. Santiago Palet, el joven galerista del Taller de Picasso, invitó a artistas, músicos y escritores a intervenir tapetes en desagravio. Respondieron más de 270, y la colección se expuso en 1972 en Vallauris, en la Provenza.

La galería Theo guardó los grabados destrozados como prueba. En 2026, el Museo Reina Sofía, nacido para exhibir el Guernica, ha incorporado en depósito de Elvira González Joven escultor trabajando, de 1933, y recuerda en su ficha el atentado. Lo llama un ejercicio de reparación histórica.

No fue el último asalto ultra de aquellos años: en 1975, dos jóvenes entraron en casa de Massiel y la llenaron de esvásticas. Y, en otro registro muy distinto, Australia tiene a su propio Pricasso, el artista que pinta retratos con el pene. Y el mismo año, otro golpe del tardofranquismo, esta vez contra la prensa: el cierre del diario Madrid, el 25 de noviembre de 1971.

La galería Theo, en vídeo

En esta conversación grabada por Arte Madrid, Elvira González repasa con el crítico Juan Manuel Bonet la historia de la galería Theo.

Galería Theo. Una conversación entre Juan Manuel Bonet y Elvira González

Dura 43 minutos y está en español.

Lee también: El día que Franco cerró el diario Madrid por no elogiarlo lo suficiente y Pricasso, el artista australiano que pinta retratos con el pene

Fuentes consultadas

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