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Sigurd el Poderoso, el vikingo al que mató el diente de un enemigo decapitado

Pintura de una batalla vikinga con guerreros a caballo y a pie, hachas, escudos y un estandarte

Sigurd el Poderoso, jarl vikingo de las Orcadas a finales del siglo IX, ganó con trampa una batalla contra un caudillo escocés al que llamaban «el del Diente». Le cortó la cabeza, la ató a su silla de montar como trofeo y emprendió el regreso. Por el camino, el diente que daba nombre a su enemigo le arañó la pierna. La herida se infectó y Sigurd murió. Lo cuenta la Orkneyinga saga, escrita en Islandia unos tres siglos después, y es probablemente la venganza más lenta y más involuntaria de la historia vikinga.

Un jarl con ganas de tierra firme

Sigurd Eysteinsson era hermano de Rognvald, jarl de Møre, en Noruega. Según las sagas, el rey Harald el de los Hermosos Cabellos entregó a Rognvald las Orcadas y las Shetland para compensarle por la muerte de un hijo, y Rognvald se las cedió a Sigurd, que se convirtió en jarl de las islas. Jarl equivale más o menos a conde.

A Sigurd las islas se le quedaron pequeñas. Aliado con Thorstein el Rojo, hijo de una de las grandes matriarcas vikingas, Aud la de la Mente Profunda, se lanzó sobre el norte de Escocia y se hizo con Caithness y Sutherland, hasta la orilla del río Oykel.

Cuarenta contra cuarenta, más o menos

En su camino se cruzó Máel Brigte, un caudillo local al que los nórdicos llamaban «el del Diente» por un colmillo que le asomaba de la boca. En gaélico se le recuerda como Máel Brigte Fiacail, que viene a ser lo mismo.

Según la saga, los dos acordaron resolver sus diferencias con un combate de cuarenta hombres por bando. Sigurd se presentó con ochenta, montados de dos en dos para que de lejos parecieran cuarenta. Máel Brigte se dio cuenta demasiado tarde, cuando vio asomar dos pares de piernas por los costados de cada caballo, y animó a los suyos a morir matando.

No les sirvió de mucho. Los escoceses murieron todos, y los vencedores les cortaron la cabeza y las colgaron de sus sillas de montar como trofeos.

El último mordisco

La de Máel Brigte viajaba en la silla del propio Sigurd. En un momento del regreso, el jarl espoleó al caballo, la pantorrilla chocó contra el diente del muerto y se hizo una herida. Parecía poca cosa. La pierna se hinchó, la herida se infectó y Sigurd murió poco después. En la versión que recoge la página gaélica LearnGaelic, Máel Brigte se vengó así de quien le había engañado.

Lo enterraron en un túmulo junto al Oykel, el río que marcaba la frontera de sus conquistas. El lugar nunca se ha encontrado, aunque en el siglo XIII la granja de Cyderhall, cerca de Dornoch, se llamaba Syvardhoch, «el túmulo de Sigurd». Un estudioso local creyó identificarlo en una colina de dos cumbres junto al río Evelix; en 1926 un visitante anotó que allí no había nada que ver, y los topógrafos que pasaron en 1971 tampoco encontraron rastro.

Esqueleto de un hombre vikingo en una tumba de losas de piedra con su ajuar, expuesto en un museo
Tumba vikinga reconstruida de un cementerio de las Orcadas, en el Museo Nacional de Escocia. Foto: Kim Traynor, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.

Una muerte con letra pequeña

Toda la historia procede de dos textos islandeses: la Orkneyinga saga, escrita hacia el año 1200, y la Heimskringla de Snorri Sturluson, unos años posterior. Los dos se escribieron unos tres siglos después de los hechos y mezclan genealogía, propaganda y literatura. Algunos historiadores consideran legendarios a los dos hermanos y reservan el título de primer jarl histórico de las Orcadas a uno de sus sucesores, Torf-Einarr. The Orkney News recuerda además que la cabeza que se venga después de muerta es un motivo del folclore gaélico irlandés.

Texto manuscrito medieval en nórdico antiguo con una inicial decorada
Fragmento de un manuscrito de la Orkneyinga saga, la fuente que cuenta la muerte de Sigurd. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Ni siquiera la fecha está clara: unas fuentes sitúan su muerte en el año 875 y otras en 892 o 895. Tampoco fue un mordisco, aunque así se cuente a menudo. Fue Sigurd quien se clavó el diente.

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Una familia con mala suerte y buena descendencia

La saga añade que Guttorm, el hijo de Sigurd, le duró al frente del condado apenas un invierno. Las Orcadas pasaron después a los sobrinos. Uno de ellos, Hrólfr, es según la Orkneyinga saga y la Heimskringla el mismo Rollo que fundó Normandía, aunque las fuentes francesas le buscan otro padre. Si las sagas tienen razón, del hermano de Sigurd descendería Guillermo el Conquistador, cuyo entierro acabó en explosión.

Los Premios Darwin reconocen hoy a quienes se eliminan a sí mismos de las formas más absurdas, y Sigurd tendría pocos rivales: no hay muchos candidatos que hayan muerto a manos de alguien al que ya habían decapitado. En Misuri, siglos después, otra difunta dio guerra a su manera: su ataúd reventó en pleno velatorio.

Sigurd el Poderoso, en vídeo

El canal de divulgación Simple History cuenta la historia de Sigurd y Máel Brigte en este vídeo animado.

The Warrior who was Killed by a Severed Head (Strange Stories)

Dura unos cinco minutos y está en inglés.

Fuentes consultadas

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