Más de 34.000 soldados estadounidenses y canadienses desembarcaron en agosto de 1943 en Kiska, una isla volcánica de las Aleutianas, temiendo una carnicería como la de Attu, tres meses antes. La Operación Cottage se encontró con trincheras vacías y unos cuantos perros: la guarnición japonesa se había marchado dieciocho días antes, envuelta en niebla y sin que nadie la viera. No había enemigo, pero hubo muertos: soldados abatidos por sus propios compañeros y marinos de un destructor que chocó con una mina.
Una guarnición japonesa en suelo de Alaska
Kiska cayó en junio de 1942, en la misma ofensiva japonesa que tomó la vecina Attu. Unos 550 infantes de marina desembarcaron en una isla donde la única presencia estadounidense eran los diez hombres de una estación meteorológica de la Marina, y su perro, un chucho llamado Explosion. La guarnición llegó a superar las 6.800 personas entre militares y civiles, que excavaron túneles y montaron hasta una base de submarinos de bolsillo. Durante más de un año, los aviones de la Undécima Fuerza Aérea les echaron encima más de 2.700 toneladas de bombas.
El 11 de mayo de 1943, 12.500 soldados estadounidenses desembarcaron en Attu y necesitaron dieciocho días para recuperarla. Todo acabó con una carga desesperada de los últimos defensores hacia las tres de la madrugada del 29 de mayo. Murieron 2.351 japoneses y solo 28 cayeron prisioneros; los estadounidenses perdieron 549 hombres. Con Attu perdida, el mando japonés preparó la Operación KE para evacuar Kiska antes de que le llegara el turno.
Cincuenta minutos con la niebla a favor
Primero lo intentaron con submarinos, que sacaron a unas 820 personas, más de la mitad civiles, a costa de perder cuatro. En julio le tocó a la flotilla de superficie del contraalmirante Masatomi Kimura, que tuvo que dar media vuelta varias veces porque no había niebla suficiente para cruzar el bloqueo sin ser vista. El 28 de julio, por fin, el tiempo se puso de su parte. Dos cruceros y seis destructores fondearon en la bahía de Kiska a primera hora de la tarde y, en apenas cincuenta minutos, embarcaron a 5.183 hombres sin una sola baja. El 31 ya estaban en Paramushir, en las islas Kuriles.

Al otro lado nadie se dio cuenta. Las transmisiones de radio desde Kiska cesaron el 27 de julio y el fuego antiaéreo se apagó a partir del 28, salvo algún disparo aislado. Después de Attu, pocos imaginaban que los japoneses se retirasen sin luchar, y los preparativos siguieron su curso. Los bombardeos continuaron, y el día del desembarco los barcos de guerra aún cañonearon posiciones vacías.
Treinta y cuatro mil hombres contra nadie
El 15 de agosto, a las seis y veintiuno de la mañana, la primera oleada llegó a la playa. La fuerza sumaba 34.426 soldados, 5.300 de ellos canadienses, y la 13.ª Brigada de Infantería canadiense desembarcó al día siguiente. Con ellos se estrenaba en combate la Primera Fuerza de Servicio Especial, una unidad mixta estadounidense y canadiense. Nadie les disparó: las patrullas solo encontraron túneles desiertos y cañones abandonados. De la guarnición quedaban apenas unos perros, entre ellos Explosion, el de la estación meteorológica, que había pasado catorce meses al cuidado de los japoneses.

La niebla y la falta de experiencia pasaron factura. Varias patrullas se tirotearon entre sí al tomarse por el enemigo, y el fuego amigo causó más de un centenar de bajas; los muertos, según la fuente, fueron entre dos y tres decenas. Las minas y las trampas explosivas que la guarnición había dejado en armas y suministros mataron a otros cuatro hombres. Entre los fallecidos hubo cuatro canadienses; uno, un oficial, murió por una mina el 17 de agosto.
La mina que partió el Abner Read
La peor noche llegó en el mar. A la una y cincuenta de la madrugada del 18 de agosto, el destructor USS Abner Read patrullaba frente a Kiska en busca de submarinos cuando una explosión, probablemente de una mina japonesa, le arrancó la popa, que se hundió. El humo de sus generadores de cortina, reventados por el estallido, invadió el barco; según el informe de su comandante, fue lo más penoso que tuvieron que afrontar los hombres. El destructor Bancroft y el remolcador Ute lo alejaron de la costa y lo llevaron hasta Adak. El balance fue de 71 muertos o desaparecidos y 47 heridos.
El casco resistió, contra todo pronóstico, y el Abner Read volvió a la guerra a los pocos meses. En noviembre de 1944, en el golfo de Leyte, lo hundió un ataque kamikaze. Su popa apareció en julio de 2018 a unos 88 metros de profundidad frente a Kiska, localizada por un equipo de la Institución Scripps de Oceanografía y de la Universidad de Delaware. Para la Marina, esos restos son el último lugar de descanso de sus marinos.
El recuento más citado de la Operación Cottage deja 313 bajas aliadas. El 22 de agosto, el almirante Kinkaid dio por concluida la fase anfibia; los últimos canadienses no se fueron hasta enero de 1944. El general al mando, Simon B. Buckner, lo dejó en una frase amarga: «para atraer la máxima atención, cuesta encontrar algo más eficaz que un error grande, jugoso y caro».
La Operación Cottage, en vídeo
El canal OTD Military History reúne imágenes de época del desembarco en Kiska, la batalla que nunca llegó a librarse, con narración en inglés.
Kiska fue el reverso de Attu, donde todo había acabado con la carga del 29 de mayo que repasamos al contar el origen de las cargas banzai. Aquí la guarnición entera se fue en silencio, y nadie se quedó escondido para seguir la guerra por su cuenta, como haría años después Shoichi Yokoi en la selva de Guam. Año y medio después, en Iwo Jima, el enemigo sí estaba, y de aquella batalla salió la foto de Joe Rosenthal en el monte Suribachi, que en realidad mostraba la segunda bandera del día.
Explora
Consulta el mapa de las historias
Con borde blanco, los países de esta historia. Pulsa cualquier país para ver lo que ocurrió allí, o viaja por épocas y décadas.
Fuentes consultadas
- Office of Naval Intelligence, «The Invasion of Kiska, 15 August 1943», cap. 13 de The Aleutians Campaign, June 1942-August 1943 (Combat Narrative), HyperWar (1945) https://www.ibiblio.org/hyperwar/USN/Aleutians/USN-CN-Aleutians-13.html
- T. Burrowes (comandante del USS Abner Read), «USS Abner Read (DD-526) Action Report for August 18, 1943», HyperWar (1943) https://ibiblio.org/hyperwar/USN/ships/dafs/DD/dd526-mine.html
- National Park Service, «The Invasion of Kiska», Aleutian World War II National Historic Area (s. f.) https://www.nps.gov/articles/000/invasion-of-kiska.htm
- National Park Service, «Battle of Attu», Aleutian World War II National Historic Area (s. f.) https://www.nps.gov/articles/000/battle-of-attu.htm
- National Park Service, «Japanese Occupation Site», Kiska Island National Historic Landmark (s. f.) https://www.nps.gov/places/japanese-occupation-site.htm
- Scripps Institution of Oceanography, «Project Recover Discovers Stern of World War II Destroyer off Remote Alaskan Island», UC San Diego (2018) https://scripps.ucsd.edu/news/research-highlight-project-recover-discovers-stern-world-war-ii-destroyer-remote-alaskan
- Adam Day, «How Canadian special ops are linked to a Second World War debacle», Legion Magazine (2016) https://legionmagazine.com/how-canadian-special-ops-are-linked-to-a-second-world-war-debacle/
- Project ’44 (Canadian Research and Mapping Association), «15 August 1943: Operation Cottage, Kiska» (s. f.) https://project44.ca/kiska/
- CanadianSoldiers.com, «Operation COTTAGE» (s. f.) https://www.canadiansoldiers.com/history/operations/operationcottage.htm
- Wikipedia, «Japanese occupation of Kiska» (2026) https://en.wikipedia.org/wiki/Japanese_occupation_of_Kiska
Siguiente historia
Cultura pop y rarezas modernasCongo, el chimpancé que pintaba: Picasso, Miró, Dalí y la aduana de BaltimoreEn 1958, los aduaneros de Baltimore se negaron a dejar pasar como obras de arte unos cuadros llegados de Londres, con un argumento rotundo: los había puesto sobre el lienzo «un animal…Leer la siguiente historia →¿Te quedas con ganas de más?Sorpréndeme con otra historiaTirar el dado →El boletín del Café
No te pierdas la próxima historia
Episodios reales, documentados y profundamente desconcertantes. Cada semana publicamos una nueva historia.
Quién escribe

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El Café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto. Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
Síguenos en redes sociales
Curiosidades, fotos e historias insólitas también en tus redes favoritas.








