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El hombre que compró una casa frente al mar y acabó mirando una pared de madera

Max Jenkins mira hacia arriba desde su ventana, junto a los tablones de madera clavados en postes delante de su casa de ladrillo

En marzo de 1972, el programa Nationwide de la BBC contó el caso de Max Jenkins, que se había comprado una villa victoriana en Bacton-on-Sea, en la costa de Norfolk, y no podía ver el mar desde sus ventanas. A menos de un metro tenía unos tablones que no eran suyos, sino de su vecina, Miss Day. Y no podía tocarlos por culpa de una vieja figura del derecho inglés: las «luces antiguas».

Una ganga con un pequeño defecto

La casa se llamaba Melrose. Jenkins la había comprado tres años antes por 3.500 libras y se había gastado bastante dinero en arreglarla. Parecía una ganga, pero tenía una pega: no podía asomarse a la ventana.

Fachada de ladrillo rojo de Melrose, una casa victoriana de dos plantas con porche blanco y verja, en Bacton-on-Sea
Melrose, la casa de Max Jenkins en Bacton-on-Sea, en 1972. Fotograma del reportaje de Nationwide (BBC). Imagen: BBC Archive.

A tres pies del cristal, unos 90 centímetros, se levantaba una pared de tablones que le tapaba el mar. Y en lo alto de unos postes de telégrafo había más tablas, que le quitaban la luz y las vistas también a la ventana de arriba. Todo estaba en el terreno de al lado, propiedad de Miss Day, que ni siquiera vivía allí: su casa pasaba vacía casi todo el año y ella residía en Norwich, a unas 20 millas.

Un cincel, un martillo y un aviso

Jenkins creyó que aquello era un cortavientos contra los vientos del este y que bastaría con arrancarlo. Un sábado por la mañana subió con un cincel y un martillo y se puso a golpear. Enseguida apareció un vecino del pueblo: «Yo que usted no los tocaría. Esto se rige por la ley de las luces antiguas».

Lateral de una casa de ladrillo con dos tablas de madera sobre postes que tapan sus ventanas de la planta baja y de arriba
Los tablones sobre postes que tapaban las ventanas de abajo y de arriba de Melrose. Fotograma del reportaje de Nationwide (BBC, 1972). Imagen: BBC Archive.

Fue a ver a Miss Day, que estaba en el pueblo esos días, y la respuesta fue tajante: «No, no, eso no se toca. Lo puso mi padre en 1915 y ahí se va a quedar». Ella también habló de las luces antiguas, aunque, según Jenkins, no parecía saber muy bien en qué consistían.

El Ayuntamiento tardó dos o tres semanas en decirle que no podía hacer nada. Su abogado sacó unos libros y prometió estudiarlo, y ahí se quedó la cosa. Al final recurrió a Ralph Howell, el diputado conservador por North Norfolk, que le dijo que aquello era absurdo a esas alturas y fue a hablar con la vecina. Volvió media hora después: «Tenía usted toda la razón, señor Jenkins. Por encima de mi cadáver».

Qué son las «luces antiguas»

La figura está en la sección 3 de la Prescription Act de 1832, que se aplica en Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte. Si una casa u otro edificio ha recibido luz por una ventana durante veinte años completos sin interrupción, el derecho a seguir recibiéndola se considera «absoluto e irrevocable», salvo que se disfrutara por un permiso dado por escrito.

Para evitarlo, el dueño del terreno vecino tenía que interrumpir esos veinte años, y la ley solo cuenta como interrupción la que el otro tolera durante un año. Durante mucho tiempo el método fue levantar una pantalla física. Desde la Rights of Light Act de 1959 basta con inscribir un aviso en el registro de cargas locales, que equivale a levantar una «estructura opaca» de las medidas que se indiquen.

Cartel de Ancient Lights entre dos ventanas de un edificio de ladrillo del Soho londinense
Cartel de «Ancient Lights» en Dansey Place, en el Soho de Londres, en 2009. Foto: maggie jones, dominio público, vía Wikimedia Commons.

Hay un matiz que a Jenkins no le servía de consuelo: el derecho protege la luz, no las vistas. En Londres todavía se ven carteles de «Ancient Lights» sobre algunas ventanas, sobre todo en los callejones cercanos a Chinatown y Covent Garden.

El reportaje no explica por qué el padre de Miss Day puso los tablones en 1915. Lo que sí está claro es que, antes de la ley de 1959, una pantalla delante de las ventanas del vecino era la forma clásica de impedir que estas ganaran un derecho a la luz.

«Por encima de mi cadáver»

La reportera Susan Hall fue a buscar a Miss Day a Norwich. Ella no quiso decir nada. Jenkins, por su parte, no quería meterse en pleitos ni en gastos: aquello era, en sus palabras, una maldita molestia. Reconoció que estaba muy tentado de echarlos abajo y que más de uno se había ofrecido a hacerlo «una noche oscura», pero se había resistido. Si lo hacía, se arriesgaba a que lo llevaran a juicio, le obligaran a reponerlos y lo multaran por entrar en una finca ajena.

Ventana de guillotina blanca en una pared de ladrillo, con un poste y unos tablones de madera viejos justo al lado
Una ventana de Melrose, con los tablones de Miss Day pegados a la pared. Fotograma del reportaje de Nationwide (BBC, 1972). Imagen: BBC Archive.

Cualquiera que pasaba por la carretera le preguntaba lo mismo, y estaba harto de contar la historia. «Si pudiera quitármelos de encima, sería un hombre muy feliz», decía al final del reportaje, que no cuenta cómo acabó el asunto.

Nationwide, el magacín de la tarde de BBC1 entre 1969 y 1983, tenía fama de buscar historias así. La ley, en cambio, sigue en pie: en 2014, la Comisión de Derecho de Inglaterra y Gales propuso reformar los derechos de luz, pero no suprimir su adquisición por el paso del tiempo.

No es el único pleito de vecinos que se resolvió, o no, a golpe de herramienta: en 1971, los de Llívia arrancaban de noche las señales de stop que Francia colocaba de día. Y si de derechos de propiedad curiosos se trata, Dennis Hope se declaró dueño de la Luna en 1980 y vende parcelas.

El caso de la ventana tapada, en vídeo

Este es el reportaje original de Nationwide, emitido el 14 de marzo de 1972 y recuperado por el archivo de la BBC.

1972: The CURIOUS CASE of the BLOCKED WINDOW | Nationwide | Weird and Wonderful | BBC Archive

Dura algo más de cinco minutos y está en inglés.

Lee también: La historia de la tarjeta roja: de Ken Aston a Zidane y La guerra de los stops: cuando Llívia declaró la guerra a las señales francesas

Fuentes consultadas

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