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La guerra de los stops: cuando Llívia declaró la guerra a las señales francesas

Cartel blanco de «Terme municipal de Llívia» junto a una carretera de la Cerdaña, con montañas al fondo

Durante tres semanas de 1971, unas señales de stop aparecían de día en una carretera de la Cerdaña y desaparecían de noche. Las colocaba Francia y las arrancaban los vecinos de Llívia, el pueblo de Girona rodeado por territorio francés, convencidos de que un tratado de 1866 les permitía ir hasta Puigcerdà sin pararse ante nadie. La guerra de los stops tuvo treguas y recaídas hasta los años ochenta, se cerró con un puente y su último episodio fue una rotonda.

Una villa que se quedó al otro lado

Llívia tiene unos 1.500 habitantes, casi 13 kilómetros cuadrados de término y Francia por los cuatro costados. El origen está en el Tratado de los Pirineos, que España y Francia firmaron en 1659 en la isla de los Faisanes y que entregó a Luis XIV el Rosellón y parte de la Cerdaña. Un año después, el Tratado de Llívia concretó la letra pequeña: pasaban a Francia 33 pueblos.

Llívia tenía desde 1528 el título de villa, concedido por Carlos I, y los negociadores españoles defendieron que lo pactado hablaba de pueblos. Francia aceptó la interpretación con una condición: España no podría fortificarla nunca. Desde entonces, para ir de Llívia a Puigcerdà, el pueblo español más cercano, hay que atravesar unos pocos kilómetros de Francia.

Vista panorámica de Llívia desde el monte del castillo, con el campanario de la iglesia y la llanura de la Cerdaña al fondo
Llívia vista desde el monte del castillo. Foto: Alberto-g-rovi, CC BY 3.0, vía Wikimedia Commons.

Una carretera neutral en 1866

Dos siglos después, Isabel II y Napoleón III firmaron en Bayona varios tratados para pulir los detalles de la frontera. El de 1866 declaró de libre circulación el camino entre Llívia y Puigcerdà, que los vecinos necesitaban para llegar a sus pastos en territorio francés. Hoy es la N-154 para España y la D68 para Francia, y según los tratados los conductores españoles no pueden ser sometidos a controles policiales en ese tramo.

En 1866 nadie había visto un coche en la Cerdaña, de modo que el texto no dice una palabra sobre señales de tráfico. Ese vacío dio para un siglo de tranquilidad y tres semanas de guerra.

Stops de día, arrancados de noche

En 1971, Francia quiso ordenar los cruces de la carretera neutral con sus propias vías, entre ellas la N-20, y plantó señales de stop que obligaban a los coches de Llívia a detenerse y ceder el paso. Para Francia era una cuestión de seguridad vial. Para los vecinos, una forma de saltarse la libre circulación del tratado.

La respuesta fue nocturna. Según la reconstrucción de la revista francesa Conflits, durante tres semanas las señales se instalaban de día y caían de noche, hasta que el Gobierno francés dio marcha atrás. La tregua duró poco y el pleito rebrotó durante años. El País cuenta que, en uno de esos episodios, la Gendarmería acabó poniendo un agente a vigilar el stop. Un gendarme de guardia junto a una señal de tráfico es una estampa que no figuraba en ningún tratado de Bayona.

Un puente para no tener que pararse

La salida fue de ingeniería. En 1983, la carretera neutral y la N-20 francesa dejaron de cruzarse a nivel: desde entonces una pasa por encima de la otra y nadie tiene que ceder el paso. Según algunas reconstrucciones, el puente lo pagó España y su mantenimiento corre a cargo de Francia. En el otro cruce conflictivo, Francia invirtió la prioridad, y ahora son los coches franceses los que esperan a que pasen los de Llívia.

Mojón de granito que marca la frontera entre Francia y España entre Ur y Llívia, entre hierba seca
El hito fronterizo número 44, entre Ur (Francia) y Llívia. Foto: Rémih, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

La rotonda de la discordia

La paz duró tres décadas. En 2013, las autoridades francesas anunciaron una rotonda en la carretera neutral, y el Ayuntamiento y los vecinos de Llívia protestaron con fuerza. Temían que les llegaran más camiones y, sobre todo, perder un derecho histórico: la preferencia de su carretera sobre las vías francesas que la cruzan. La rotonda se inauguró hacia 2014, según el medio local La Valira, y acabó dando acceso directo a una zona comercial de Ur, con un Carrefour y una gasolinera.

En 2014, El País hacía balance: en veinte años la carretera había visto un stop, un paso de peatones, proyectos de cruce y de rotonda y un puente, y nada de aquello había dejado contento a Llívia.

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Caminos con estatuto propio

Desde 1995, con la entrada en vigor de Schengen, la frontera que rodea Llívia ya no tiene controles, y la carretera neutral dejó de ser su único cordón con el resto de España. No es el único camino con estatuto especial que ha tenido la Península: el Couto Mixto, en la raya entre Ourense y Portugal, tuvo durante siglos su Camino Privilegiado, por el que nadie podía detener a quien pasara.

Medio siglo después de las primeras señales arrancadas, la última batalla de la carretera neutral la ganó una rotonda que lleva a un supermercado. Ahí, por lo que se ve, sí para todo el mundo.

La guerra de los stops, en vídeo

ARTE dedicó a Llívia un capítulo de su serie Fronteras locas, con la guerra de los stops como plato fuerte.

Llívia, la última guerra entre España y Francia - Fronteras locas | ARTE.tv Documentales

Dura unos diez minutos y está en español.

Fuentes consultadas

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