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La frontera de Melilla, fijada a cañonazos en 1862

Muralla de piedra y puerta del fuerte de Victoria Grande, en Melilla, bajo un cielo azul

Tres mil sesenta metros. Hasta ahí llegó, el 14 de junio de 1862, la segunda bala que disparó desde el fuerte de Victoria Grande un viejo cañón de 24 libras llamado el Caminante. España y el sultán de Marruecos habían pactado en 1859 que el territorio de Melilla llegaría hasta donde alcanzara un cañón de ese calibre, y lo cumplieron al pie de la letra: dos disparos, unas mediciones, un acta firmada en Tánger y una frontera en forma de media luna que la ciudad conserva todavía.

Una ciudad sin sitio para defenderse

Melilla es española desde 1497, pero durante siglos fue poco más que una ciudadela amurallada sobre un peñón, con los fuertes justo al borde y las cabilas rifeñas a tiro de piedra. Los ataques eran constantes, y lo que España buscaba era espacio para defenderse.

El 24 de agosto de 1859 lo consiguió sobre el papel. En el Convenio de Tetuán, el sultán cedía a Isabel II, «en pleno dominio y soberanía», el terreno próximo a Melilla. Los límites los trazarían ingenieros de los dos países tomando como base el alcance de un cañón de 24 libras «de los antiguamente conocidos», y más allá quedaría un campo neutral.

La medición tuvo que esperar. Poco después estalló la guerra de África, y el Tratado de Wad-Ras, firmado el 26 de abril de 1860, confirmó lo pactado. Hizo falta todavía otro tratado, firmado en Madrid en octubre de 1861 y ratificado en Tánger en enero de 1862, para que el cañón pudiera por fin hablar.

El Caminante

El elegido fue un cañón de 24 libras, el de mayor alcance de la época, que llevaba grabado su nombre, el Caminante, como se hacía entonces con todas las piezas. Pesaba unas tres toneladas y lo manejaban seis artilleros. Según el Centro de Historia y Cultura Militar de Melilla, era una pieza de bronce fundida en Sevilla en tiempos de Carlos IV, con un tubo de 3,5 metros, que disparaba balas macizas de hierro de 11,8 kilos. La Wikipedia dedicada al fuerte, en cambio, llama «El Caminante» a la cañonera desde la que se disparó, y no al cañón.

Dos balas pintadas de blanco

El 12 de junio de 1862, los marroquíes intentaron rebajar el alcance: pedían que el cañón no se cargara con más de seis libras de pólvora y que no se disparara desde Victoria Grande. El gobernador de Melilla, Felipe Ginovés, se negó. Al amanecer del día 13, los ingenieros, el gobernador y toda la tropa disponible salieron hacia Farhana, donde se esperaba que cayera la bala, aunque los disparos se hicieron al día siguiente.

Patio interior de piedra del fuerte de Victoria Grande, en Melilla, con puertas de arco y barandillas de madera
Patio del fuerte de Victoria Grande, en Melilla, hoy abierto al público. Foto: MONUMENTA, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons.

El 14 de junio se dispararon dos balas pintadas de blanco desde la cortina sur del fuerte. La primera llegó a 2.900 metros. La segunda, con la carga máxima de pólvora y 21 grados de elevación, el máximo posible después de quitar el tornillo de puntería, cayó a 3.060 metros, en Farhana, tal como se esperaba.

A un metro del poste 17

En la leyenda del plano de la nueva frontera quedó apuntado que la bala cayó «como a 1 metro a la derecha del punto donde está situado el poste 17». Después se midió la distancia hasta Victoria Grande y se trazó un polígono cuyos vértices quedaran a esa misma distancia de los puntos más convenientes de la plaza. De ahí sale la forma de arco que todavía tiene la frontera.

El capitán de ingenieros José María Piñar hizo el trazado a la brújula, y el 26 de junio de 1862 los comisionados de los dos países firmaron en Tánger el acta de demarcación. La línea española arrancaba en la playa, al sur de la ciudad, a 2.900 metros del torreón de Santa Bárbara; el campo neutral se extendía 500 metros más allá, y como señales provisionales se clavaron diecisiete grandes estacas.

Vídeo: el aniversario del cañonazo del Caminante

En este vídeo de El Faro de Melilla, la Comandancia General de Melilla conmemora en 2018 el 156 aniversario del disparo del Caminante.

La Comgemel celebra el 156 aniversario del cañonazo del Caminante

Una frontera que costó décadas

Las estacas no duraron mucho. Los cabileños, que no aceptaban la cesión, arrancaban las marcas, y en noviembre de 1863 hubo que firmar otro acuerdo para volver a colocar los postes y castigar con severidad a quien los destruyera. Pasaron unas tres décadas hasta que la demarcación fue efectiva del todo.

Garita verde de vigilancia sobre una estructura metálica junto a la valla de la frontera de Melilla, al atardecer
Una garita de vigilancia en la frontera de Melilla, que sigue el trazado que marcaron los cañonazos de 1862. Foto: Miguel González Novo, CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons.

El resultado fue el que sigue en el mapa: unos 12 kilómetros de frontera terrestre, 10 de costa y algo más de 12 kilómetros cuadrados para una ciudad que hasta entonces no salía de sus murallas. La Comandancia General de Melilla todavía celebra el aniversario de aquel cañonazo.

Otras historias del blog: Akhzivland, el país más excéntrico del Mediterráneo y la guerra más corta de la historia, en Zanzíbar.

Lee también: Paracaidistas americanos en Melilla: rendidos a la Legión y La guerra de los stops: cuando Llívia declaró la guerra a las señales francesas

Fuentes consultadas

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