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Los pedos de arenque que la Armada sueca confundió con submarinos soviéticos

Submarino soviético U 137 en la superficie de un fiordo sueco, junto a una lancha, en octubre de 1981

Sonaba como si alguien estuviera friendo beicon: un chisporroteo de burbujitas que iba y venía bajo el agua. Durante años, la Armada sueca grabó ese ruido cerca de sus bases, lo metió en sus informes anuales como posible rastro de submarinos soviéticos, y en 1994 el primer ministro Carl Bildt llegó a escribir a Borís Yeltsin para quejarse de las intrusiones. Cuando por fin dejaron escuchar las grabaciones a dos biólogos, la explicación resultó bastante más prosaica: bancos de arenques soltando burbujas por el ano.

Un submarino soviético en las rocas

Suecia era neutral durante la Guerra Fría, pero tenía claro de dónde podía venir el peligro, y el 27 de octubre de 1981 se lo confirmaron. Un submarino soviético de la clase Whiskey, el S-363, al que los suecos llamaron U 137, encalló en unas rocas a unos 10 kilómetros de la base naval de Karlskrona, en plenas aguas suecas. El capitán culpó a un fallo de navegación, aunque el submarino había sorteado antes un laberinto de rocas e islotes para llegar hasta allí. La prensa lo bautizó como el incidente del «whisky on the rocks».

Fotografía en blanco y negro del submarino soviético U 137 varado sobre las rocas, con tripulantes en cubierta y un barco sueco detrás
El U 137 sobre las rocas de Gåsefjärden, cerca de Karlskrona, en octubre de 1981. Foto: Jan Collsiöö / Garnisonsmuseet Skaraborg, CC0, Wikimedia Commons.

Desde entonces, en Suecia se veían submarinos por todas partes. Entre septiembre y octubre de 1982, la Armada persiguió durante un mes a un supuesto intruso en la bahía de Hårsfjärden y llegó a lanzarle 44 cargas de profundidad y a detonar cuatro minas. No encontró nada, y estudios posteriores han atribuido parte de aquellas grabaciones a un barco civil.

Las imágenes de helicópteros lanzando cargas de profundidad en la costa se hicieron habituales a mediados de los ochenta. Nunca se registró un solo impacto.

El «sonido típico»

Entre las señales que grababan los hidrófonos militares había una que se repetía: un «sonido típico» captado cerca de una base, que aparecía en los informes anuales de la Armada hasta 1996, junto con la mención de pequeñas burbujas en la superficie. Para los militares era la firma de minisubmarinos soviéticos que entraban y salían a su antojo.

La Unión Soviética lo negó siempre, y después lo negó Rusia. En 1994, el primer ministro Carl Bildt perdió la paciencia y escribió a Borís Yeltsin para reprocharle que no controlara a su Marina.

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Dos biólogos en una sala secreta

En 1996, la Armada pidió ayuda a un equipo de especialistas en bioacústica: el biólogo Magnus Wahlberg, hoy profesor en la Universidad del Sur de Dinamarca, y Håkan Westerberg, del organismo sueco de pesca. Según contó Wahlberg en una charla de TEDx en 2012, los llevaron a una sala secreta de una base militar y fueron los primeros civiles a los que se dejó escuchar el famoso sonido. Esperaba oír el silbido de un sonar o el ruido de una hélice, y lo que oyó fue un chisporroteo, como de beicon en la sartén.

Un arenque del Báltico, plateado con reflejos azules y verdes, sobre una superficie metálica
Un arenque del Báltico (Clupea harengus membras), el sospechoso de esta historia. Foto: Mikael Nyman, CC BY 4.0, Wikimedia Commons.

Las burbujas les dieron la pista de que podía tratarse de un animal. Lo comprobaron con arenques y descubrieron que eran ellos: los bancos de arenques soltaban burbujas de aire por el ano, y el conjunto producía justo ese ruido. Rodaron incluso una película para los militares, con mucho secreto, y en 2003 publicaron el hallazgo en la revista Aquatic Living Resources.

El tic rápido y repetitivo

Por la misma época, y sin saber nada de submarinos, Ben Wilson, de la Universidad de la Columbia Británica, Lawrence Dill, de la Universidad Simon Fraser, y Robert Batty, de la Asociación Escocesa de Ciencias Marinas, estudiaban el mismo fenómeno con arenques en cautividad. Llamaron a aquel sonido Fast Repetitive Tick (FRT), algo así como «tic rápido y repetitivo»: ráfagas de pulsos de entre medio segundo y siete segundos y medio, casi siempre de noche.

Comprobaron que los peces lo hacían aunque no pudieran tragar aire en la superficie, así que no eran gases de la digestión, y en los arenques del Atlántico lo asociaron a burbujas que salían de la zona del conducto anal. Cuantos más peces había juntos, más sonaban, lo que hace pensar que les sirve para comunicarse entre ellos.

En 2004, los dos equipos compartieron el premio Ig Nobel de Biología «por demostrar que los arenques aparentemente se comunican tirándose pedos». Según los organizadores, el jurado ni siquiera sabía entonces lo del primer ministro y el submarino.

Visones y bancos de peces

Los arenques no fueron la única falsa alarma. El periodista Mattias Göransson reunió en su libro Björnen kommer («Viene el oso») supuestas intrusiones que, vistas con calma, resultaron ser visones o bancos de peces. Otras siguen discutiéndose, y hay quien sostiene que algunos de aquellos submarinos ni siquiera eran soviéticos.

Si le gustan las guerras navales con fauna de por medio, aquí tiene a Frederick Inglefield, el almirante que quiso entrenar gaviotas para cazar submarinos; si prefiere los fallos de las marinas de verdad, el USS William D. Porter estuvo a punto de torpedear a Roosevelt, y si le ha hecho gracia el premio, repase los premios Ig Nobel.

Los arenques, por su parte, nunca han desmentido nada.

Vídeo: Magnus Wahlberg cuenta la historia en TEDx

En esta charla en inglés de TEDxGöteborg, el propio Magnus Wahlberg cuenta cómo unos arenques estuvieron a punto de provocar una crisis diplomática.

How herring farts almost lead to a diplomatic crisis: Magnus Wahlberg at TEDxGöteborg

Fuentes consultadas

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