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Mosaico romano con dos máscaras teatrales, una de comedia y otra de tragedia, sobre un fondo de piedras de colores

Algo que nunca había ocurrido desde tiempos inmemoriales: que una joven no se tirara un pedo sentada en el regazo de su marido. Con esa delicadeza arranca la historia escrita del humor. Es un proverbio sumerio de hacia el año 1900 antes de Cristo y, que se sepa, el chiste más antiguo que se conserva. Le siguen un faraón aburrido, unos boyeros que se pelean por un ternero, un emperador con un doble muy sospechoso y un libro griego con más de 260 chistes, uno de ellos antepasado del loro muerto de los Monty Python.

Qué es un chiste

La Real Academia lo define como un «dicho u ocurrencia agudos y graciosos», pero también como un dibujo humorístico, un suceso gracioso o una burla. Lo que todos tienen en común es una historia corta que acaba en un giro que provoca la risa, muchas veces con un juego de palabras de por medio. Y casi siempre con personajes fijos: en España, Jaimito o los de Lepe; en los chistes de la Antigüedad, como veremos, el tonto del pueblo ya tenía su propia ciudad.

Sumeria, hacia el 1900 a. C.: el pedo inaugural

El honor de ser el chiste más antiguo documentado le corresponde al proverbio sumerio del principio, conservado en tablillas de época paleobabilónica y que podría remontarse incluso al año 2300 antes de Cristo. La clasificación que lo puso en cabeza, junto al faraón y los boyeros, es de 2008: la encargó el canal británico Dave a un equipo de la Universidad de Wolverhampton dirigido por Paul McDonald.

Egipto, hacia el 1600 a. C.: el faraón aburrido

El segundo procede del papiro Westcar, una colección de relatos de magia que se guarda en el Museo Egipcio de Berlín, y parece referirse al faraón Snefru: «¿Cómo se entretiene a un faraón aburrido? Se pone a navegar por el Nilo una barca llena de muchachas vestidas solo con redes de pescar y se anima al faraón a ir de pesca».

Papiro egipcio extendido con varias columnas de escritura hierática en tinta negra y roja
El papiro Westcar, que guarda uno de los chistes más antiguos que se conocen, en el Museo Egipcio de Berlín. Foto: Keith Schengili-Roberts (CC BY-SA 3.0).

El tercero es sumerio, de la ciudad de Adab, hacia el 1200 a. C., y tiene estructura de chiste de tres: tres hombres reclaman la propiedad de un ternero recién nacido porque los tres creen tener algo que ver con su nacimiento, y el rey, que no sabe cómo resolverlo, pide consejo a una sacerdotisa, que propone una serie de pasos en los que intervienen las casas y las esposas de los tres. El final, con el remate, no ha llegado entero, aunque por los fragmentos legibles todo apunta a que era bastante subido de tono.

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Grecia: la esfinge y el libro de los chistes

De Grecia llega un acertijo que se ha contado durante siglos, el de la esfinge de la leyenda de Edipo, que en su versión más conocida pregunta qué animal anda a cuatro patas por la mañana, a dos al mediodía y a tres por la tarde (Apolodoro lo formula de forma más escueta: «¿Qué ser provisto de voz es de cuatro patas, de dos y de tres?»). La respuesta es el hombre, que gatea de niño, camina erguido de adulto y se apoya en un bastón de viejo. Edipo acertó y la esfinge, que devoraba a quien fallaba, se arrojó desde su monte, según Higino, o desde la acrópolis de Tebas, según Apolodoro; para Eurípides, fue el propio Edipo quien la despeñó.

Pintura de Edipo desnudo, con una lanza, respondiendo al enigma de la esfinge a la entrada de una cueva
Edipo explica el enigma de la esfinge, de Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1808-1827. Museo del Louvre (dominio público).

El gran tesoro griego, de todos modos, es el Philogelos, «el amante de la risa», la colección de chistes más antigua que se conserva entera. Se atribuye a dos autores, Hierocles y Filagrio, de los que no se sabe nada más, y probablemente se recopiló en el siglo IV de nuestra era, aunque la Suda, una enciclopedia bizantina del siglo X, se lo atribuye a Filistión de Nicea. Hay una pista para fecharlo: el chiste 62 menciona los Juegos Seculares de Felipe el Árabe, así que tuvo que escribirse después del año 248. El primero de todos ya tiene su enigma: un escolástico encarga una lámpara y, cuando le preguntan el tamaño, responde que sea para ocho personas. Reúne 264 chistes (265, según la BBC) ordenados por personajes: el escolástico, una especie de pedante despistado, el estafador, el misántropo, los médicos y los pacientes, los maridos y las esposas, y los habitantes de Abdera, Cumas y Sidón, que hacían el papel de los de Lepe.

En uno, un abderita ve a un eunuco hablando con una mujer y le pregunta si es su esposa; cuando el eunuco le explica que no puede tener esposa, el abderita concluye: «Ah, entonces es tu hija». En otro, a un misógino que entierra a su mujer le preguntan quién descansa allí en paz, y responde: «Yo, ahora que me he librado de ella». Y hay uno en el que un hombre se queja de que el esclavo que le vendieron se ha muerto, y el vendedor le contesta: «Cuando estaba conmigo, nunca hizo nada parecido». En 2008 la BBC lo presentó como el antepasado del sketch del loro muerto de los Monty Python, escrito 1.600 años después.

Roma: el doble del emperador

De Roma se ha conservado un chiste con el emperador Augusto de protagonista, recogido por Macrobio en sus Saturnales en el siglo IV, aunque probablemente es varios siglos anterior. Un provinciano llegó a Roma y llamaba la atención por la calle porque era clavado al emperador. Augusto lo hizo llevar a palacio, lo miró y le preguntó: «Dime, joven, ¿tu madre estuvo alguna vez en Roma?». «Nunca», respondió el otro, «pero mi padre venía a menudo».

Los romanos también teorizaron sobre la risa. Cicerón y Quintiliano trataban el chiste como un recurso del orador, y el primero enumeró sus herramientas: la ambigüedad, lo inesperado, los juegos de palabras, la ironía y las caídas. Él mismo recogió uno en Sobre la adivinación: un corredor sueña que conduce un carro de cuatro caballos; un adivino le dice que ganará, y otro, que perderá, porque cuatro corrieron por delante de él. Aulo Gelio, en el siglo II, conservó un juego de palabras ante un censor, que le preguntó a un hombre si tenía esposa con toda honestidad. Y en los baños de Pompeya, los chistes se escribían directamente en las paredes.

Inglaterra, siglo X: las adivinanzas de Exeter

En el Libro de Exeter, una antología de poesía anglosajona copiada entre los años 960 y 990 y que se conserva en la biblioteca de la catedral de esa ciudad, hay más de noventa adivinanzas, que van de lo religioso a lo mundano. Algunas juegan con el doble sentido, como la número 25, que describe en tono picante algo que resulta ser una cebolla. El libro lo legó Leofric, primer obispo de Exeter, y su inventario lo describe como un gran libro en inglés sobre diversos asuntos, en verso.

España, siglo XVI: la Floresta española

En España, uno de los primeros grandes libros de chistes fue la Floresta española de apotegmas y sentencias, sabia y graciosamente dichas, de algunos españoles, publicada en 1574 por el toledano Melchor de Santa Cruz, platero y orfebre además de escritor, y dedicada a don Juan de Austria. Era una colección de chistes y anécdotas en once partes, con capítulos dedicados a clérigos, nobles, respuestas ingeniosas, oficios, enamorados, burlas y dichos extravagantes. Fue una miscelánea popularísima.

Para entonces, el chiste ya era un negocio editorial. Las Facetiae del italiano Poggio Bracciolini, publicadas por primera vez en 1470, conocieron una veintena de ediciones solo en el siglo XV, y entre los siglos XVI y XIX los pliegos sueltos usaban los chistes para rellenar páginas. Uno de esos ejemplares, de 1706, se conserva en Harvard.

El canal Tominus Maximus lee en voz alta, en inglés, algunos chistes del Philogelos.

Reading Ancient Roman Boomer Jokes

Cuatro mil años de risas

Como recordaba la BBC al presentar la traducción inglesa del Philogelos, muchos de aquellos chistes giran en torno a los mismos temas que los de hoy: pedos, sexo, esposas feas y tontos. El cómico Jim Bowen los probó en 2008 ante un público del siglo XXI y reconoció que uno o dos se los había oído a cómicos actuales, «ligeramente actualizados».

Otras historias del blog: Pepi II, el faraón que declaró la guerra a las moscas; los premios Ig Nobel, la ciencia que primero hace reír y luego pensar; el origen de «a buenas horas, mangas verdes» y otras frases con historia, y, para quien el pedo sumerio sepa a poco, Roland el Pedorro, que pagaba sus tierras con un salto, un silbido y un pedo ante el rey. Y otra costumbre igual de antigua que el humor: la primera huelga de la historia, la de los obreros de Ramsés III. Y de la misma Mesopotamia viene otra cosa que no tiene ninguna gracia: el Código de Hammurabi y su ojo por ojo.

Lee también: ¡Gerónimo!, hacerse el sueco y otras frases con historia y Santa Cecilia y el Día del Músico: la mártir romana que acabó convertida en patrona de la música

Fuentes consultadas

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