Saltar al contenido

Pepi II y las moscas: la leyenda del faraón de los esclavos untados de miel

Estatuilla de alabastro de la reina Ankhesenpepi II sentada con su hijo, el pequeño Pepi II, en el regazo

Pepi II subió al trono de Egipto con seis años y, según la tradición, reinó más de noventa, pero en internet es famoso por otra cosa: dicen que se rodeaba de esclavos desnudos untados de miel para que las moscas se pegaran a ellos y lo dejaran en paz. Ningún texto antiguo cuenta esa historia, y nadie ha sabido señalar de dónde sale. Lo que sí ha llegado hasta nosotros es la carta impaciente de un faraón niño que quería ver a un bailarín traído del sur, una estatuilla de alabastro en el regazo de su madre y un cuento escrito siglos después sobre sus salidas nocturnas.

Un faraón de seis años

Pepi II, también llamado Neferkara, fue el último gran rey de la VI dinastía, al final del Imperio Antiguo. Nació hacia 2284 a. C. y heredó la corona a los seis años, tras la muerte de Merenre I, a quien hoy la mayoría de los egiptólogos considera su padre. En los primeros años gobernó su madre, la reina Ankhesenpepi II, quizá con la ayuda de su hermano Djau, que había sido visir.

La estatuilla más conocida del rey, hoy en el Museo de Brooklyn, lo muestra precisamente así: un niño con los atributos de faraón sentado en el regazo de su madre. Es una de las tres esculturas suyas que se conservan, pocas para un reinado tan largo.

Cuánto duró ese reinado es otra cuestión. El sacerdote Manetón, que escribió su historia de Egipto casi dos mil años más tarde, le atribuyó 94 años, y el Canon de Turín, del siglo XIII a. C., le da más de noventa. El documento más tardío de su época que se conserva está fechado en el año 62 de su reinado, así que la cifra no convence a todos. Con su muerte llegó el declive: los gobernadores provinciales llevaban tiempo acumulando poder y, al poco, el Imperio Antiguo se deshizo en el llamado Primer Período Intermedio.

Placa de piedra verdosa con jeroglíficos que nombran a Pepi II y su primer jubileo
Placa con el nombre de Horus de Pepi II que menciona su primer jubileo o fiesta Sed (Museo Egipcio de El Cairo; foto: Juan R. Lázaro, CC BY 2.0)

La carta a Harkhuf

La imagen más viva de aquel niño está grabada en la entrada de una tumba de Asuán. Harkhuf, gobernador del Alto Egipto, había dirigido cuatro expediciones a Nubia, y de la última, en el segundo año del reinado de Pepi II, volvió de un país llamado Yam con un enano bailarín, seguramente un pigmeo. Cuando la noticia llegó a Menfis, el pequeño rey le escribió para que se lo trajera cuanto antes y sin un rasguño, y le prometió grandes recompensas.

Pared de piedra con columnas de jeroglíficos tallados en la entrada de la tumba de Harkhuf
La entrada de la tumba de Harkhuf en Qubbet el-Hawa, Asuán, donde se copió la carta que le escribió el niño Pepi II (foto: Tobeytravels, CC BY-SA 2.0)

Las instrucciones son las de un niño que no se fía de nadie: que en el barco pusiera a gente de confianza a cada lado para que el enano no cayera al agua, y que de noche durmieran con él en su tienda y lo vigilaran diez veces. Harkhuf estaba tan orgulloso de la carta que la hizo grabar en su tumba de Qubbet el-Hawa, donde la estudió Ernesto Schiaparelli en 1892. Los textos de la época no hablan de una corte llena de bufones pigmeos ni de estatuas del rey con uno en el regazo; el niño del regazo, en la de Brooklyn, era él.

El rey y el general Sasenet

La otra historia que suele contarse de Pepi II es la de sus visitas nocturnas a un general. Procede de un relato literario, «El rey Neferkara y el general Sasenet», que solo se conserva a trozos en una tablilla de madera, un ostracon de Deir el-Medina y un papiro del Louvre, copias hechas entre la XVIII y la XXV dinastía, muchos siglos después del rey. En él, un tal Tjeti sigue a escondidas al soberano, que sale solo de noche, tira un ladrillo contra la casa de Sasenet, sube por una escalera que le bajan y se queda allí cuatro horas; luego vuelve a palacio después de haber hecho con el general lo que deseaba.

La lectura más extendida es que el cuento habla de una relación entre los dos hombres, pero no es la única. Las cuatro horas coinciden con las más oscuras de la noche, en las que, según la mitología egipcia, el dios sol Ra se unía a Osiris en el mundo de los muertos, y hay especialistas que creen que el rey del relato podría ser otro Neferkara, el kushita Shabaka. En ningún caso es un informe de espionaje encargado por la reina madre, como a veces se cuenta, ni convierte a Pepi II en el primer jefe de Estado declaradamente homosexual de la historia. Es literatura, y el texto, de hecho, censura la conducta del rey.

DEL BLOG AL LIBRO

¿Creías que esto era extraño? Es porque todavía no conoces nuestro libro.

Más de 300 páginas de historias reales que parecen inventadas: personajes extravagantes, decisiones absurdas y episodios que cuesta creer que ocurrieran.

📖 Entrar en Mundo Estrambótico →

Tapa blanda · Tapa dura · Kindle

Los esclavos de la miel

Queda la historia que ha hecho famoso a Pepi II en las listas de curiosidades. Según se repite, el faraón detestaba las moscas y tenía siempre cerca a varios esclavos desnudos untados de miel, para que los insectos se pegaran a ellos y lo dejaran tranquilo. Aparece en blogs de historia, en artículos de «¿sabías que?» y hasta en un sketch de humor de la BBC.

Nadie ha encontrado el texto egipcio, griego o romano que lo cuente. Los propios divulgadores que la repiten la introducen con un «se cuenta» y sin citar de dónde la sacan, y no figura en las reseñas académicas sobre su reinado que hemos consultado. Lo más probable es que sea una de esas anécdotas que saltan de una web a otra hasta parecer historia. Para un rey que pasó décadas en el trono y dejó expediciones, decretos y una pirámide en Saqqara, la fama póstuma le ha salido pegajosa.

Pepi II y el general Sasenet, en vídeo

La egiptóloga Laura Huertas explica en su canal el cuento del rey y el general, con sus distintas interpretaciones:

El ❤️ ROMANCE del 🏳️‍🌈 FARAÓN Pepi II con el ⁉️GENERAL SASENET

Entre la carta de un niño impaciente, una estatuilla de alabastro y un cuento escrito mucho después, Pepi II dejó más huellas que muchos faraones. Lo de la miel, de momento, sigue sin pasar de chiste.

Si te gusta el antiguo Egipto con letra pequeña, en el café también hemos contado la historia de Dorothy Eady, la inglesa que dijo recordar Abidos, los chistes más antiguos que se conservan y por qué tanta gente recuerda cosas que nunca pasaron, el efecto Mandela.

Fuentes consultadas

Siguiente historia

Cazuela de barro con tacos de bacalao al pil pil en su salsa de aceite y ajoPalabras, costumbres y tradiciones inverosímilesSimón Gurtubay y el millón de bacalaos: la leyenda que une Bilbao, el BBVA y la Casa de Alba«Cien o ciento veinte bacaladas». Eso es lo que, según la leyenda, pidió a finales de 1835 un comerciante de Bilbao a sus proveedores, y lo que recibió fue un millón ciento…Leer la siguiente historia →
No te pierdas la próxima historia

Cada semana publicamos una nueva historia. Recíbela gratis en tu correo.

Cada semana, historias insólitas para mentes curiosas

Quién escribe

Los comentarios están cerrados.