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Las torres de Serranos, la antigua puerta de piedra de la muralla de Valencia, con sus dos torres almenadas

Los carlistas vascos llamaban «guiristinos» a los soldados de la reina María Cristina. Un siglo después, guiri era el guardia civil, y hoy es el turista extranjero, sobre todo del norte o del centro de Europa. En esta segunda entrega de frases hechas con historia repasamos cinco: guiri, quedarse a la luna de Valencia, montar un pollo, comer de gorra y ser harina de otro costal, con lo que está documentado y lo que solo se cuenta.

Guiri

Según el diccionario de la Real Academia, guiri viene de «guiristino», la forma en que los carlistas vascohablantes pronunciaban «cristino», el partidario de la regente María Cristina durante las guerras carlistas del siglo XIX. En las fuerzas cristinas se integraba también la Legión Auxiliar Británica.

La palabra entró en el diccionario en 1925; durante el franquismo, la oposición llamaba guiris a los guardias civiles y a la Policía Armada, y el significado actual, turista extranjero, no se incorporó hasta 1984. Hay otras teorías. Alfonso Bullón de Mendoza recoge, a partir de un poema de Navarro Villoslada, que venía de las siglas GRI (Guardia Real de Infantería) que llevaban en los morriones los primeros enemigos de los carlistas, y Galdós lo cuenta en su episodio nacional Zumalacárregui; Juan Goytisolo lo relacionaba con el caló y con el árabe magrebí gaouri, «europeo», del turco gâvur, aunque la Wikipedia no indica dónde lo dijo.

Pintura romántica de un paisaje de montaña tormentoso con un combate junto a un convoy
Ataque a un convoy carlista, de Jenaro Pérez Villaamil (siglo XIX). Dominio público.

La Wikipedia lo define como un término algo peyorativo que los hispanohablantes, sin embargo, no consideran un insulto, y que se aplica sobre todo a los turistas con aspecto del norte o del centro de Europa.

Quedarse a la luna de Valencia

Quedarse a la luna de Valencia es, según el diccionario de la Real Academia que cita Valencia Bonita, quedar frustradas las esperanzas de lo que se deseaba o pretendía. La explicación más extendida está en la muralla cristiana de la ciudad, con sus doce puertas, que se cerraban de noche al toque de las campanas de la catedral. Quien llegaba tarde se quedaba fuera, al raso, a la luna; según Francesc Llop, de la asociación de campaneros de la catedral, solo quedaba abierta una de las doce puertas, y para cruzarla había que pagar peaje. El toque de cierre todavía suena cada tarde desde el campanario de la catedral. No es la única teoría: el periodista Vicente Vidal Corella la relacionaba con la expulsión de los moriscos, que esperaron en las playas de Valencia los barcos que los llevarían al norte de África, y José María Iribarren la veía como una prolongación de «dejar a la luna». Nadie sabe con certeza cuál es la buena.

Montar un pollo

Montar un pollo es armar un escándalo. La explicación más repetida es que la expresión original era montar un poyo, del latín podium: un banco de piedra o una tarima a la que se subían los oradores callejeros del siglo XIX para soltar sus discursos, a menudo de política o de religión, que solían acabar en bronca. Con el tiempo, poyo derivó en pollo. Algo parecido sigue funcionando en Londres: el Speakers’ Corner de Hyde Park, donde se permite hablar en público siempre que la policía considere que el discurso no viola la ley.

El quiosco verde de Speakers’ Corner, en Hyde Park, con su nombre escrito en el alero
El quiosco de Speakers’ Corner, en Hyde Park (Londres), en 2006. Foto: mwanasimba (CC BY-SA 2.0).

Comer de gorra

Comer de gorra es comer a costa ajena, y gorrón es quien tiene por hábito comer, vivir, regalarse o divertirse a costa ajena. Según el blog de 20minutos, los expertos sitúan el origen a finales del siglo XVI, entre los estudiantes de la Universidad de Salamanca. Los pobres servían de criados a los ricos a cambio de unas monedas y de acompañarlos a convites y banquetes, donde comían y bebían gratis; vestían una capa de tela barata y una gorra, y se les llamaba capigorristas, capigorras o capigorrones, de donde vendría gorrón. Hay una segunda versión: aquellos mismos estudiantes se colaban en banquetes y celebraciones de desconocidos y saludaban a todos con continuas reverencias de la gorra, como si estuvieran invitados. Capigorrón, en todo caso, sigue en el diccionario de la Real Academia.

Ser harina de otro costal

Algo es harina de otro costal cuando es, según el diccionario de la Real Academia, muy ajeno o diferente de otra cosa con que se compara. La explicación más repetida, que recoge News in Slow Spanish, está en los costales, los sacos en que se guardaba la harina: la de uno no debía mezclarse con la de otro. No hay un texto antiguo que lo confirme.

El origen de los 'guiris'

Lo documentado y lo que se cuenta

Guiri es la única de las cinco cuya etimología recoge el diccionario de la Real Academia, y aun así circulan otras teorías. En las demás, la explicación más repetida convive con alternativas, y no siempre hay un texto antiguo que permita decidir entre ellas.

Otras historias del blog: «estar en Babia», «a buenas horas, mangas verdes» y «¡Gerónimo!» y «hacerse el sueco».

Lee también: Tener buena o mala pinta: el origen de la expresión y Darle la vuelta a la tortilla: un dicho más antiguo que la tortilla de patatas

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