El tren se detiene en Palisade (Nevada), los pasajeros bajan a estirar las piernas y, a pocos metros de la estación, un vaquero saca el revólver y mata a otro delante de todos. Los viajeros vuelven al vagón temblando y cuentan en cuanto pueden que han pasado por el pueblo más salvaje del Oeste. Lo que no vieron fue al muerto levantarse en el saloon. Según la tradición local, durante tres años de la década de 1870 todo Palisade se dedicó a representar tiroteos para los trenes, en un pueblo que ni siquiera tenía sheriff.
Un pueblo de paso
Palisade, que al principio se llamó Palisades por el cañón cercano, está en el condado de Eureka, al noreste de Nevada. Nació en 1868 como estación del Central Pacific (la oficina de patrimonio de Nevada dice que la compañía la trazó en febrero de 1870), el ferrocarril transcontinental, y pronto se convirtió en el punto de partida de carretas y diligencias hacia las minas de Mineral Hill, Eureka y Hamilton. Solo un transportista, W. L. Pritchard, llegó a tener más de quinientas carretas y dos mil animales en ese trajín.
En 1875 se terminó el ferrocarril Eureka & Palisade, una línea de vía estrecha de unos 140 a 145 kilómetros, según la fuente, hasta Eureka que tenía allí su sede, y el pueblo creció con hoteles, saloons, una escuela y dos iglesias, y llegó a tener 600 habitantes según la Wikipedia, o 300 según la oficina de patrimonio de Nevada. En cinco años, la línea sacó por allí más de 31 millones de libras de metal en barras, unas 14.000 toneladas. Era, sobre todo, un sitio donde los trenes paraban un rato y los viajeros bajaban a comer algo: según The Eureka Sentinel, estiraban las piernas, compraban sándwiches en el comedor de la estación o se tomaban una copa en los saloons.
El pueblo más salvaje del Oeste
Cómo empezó el espectáculo no se sabe con certeza, ni siquiera cuándo: la Wikipedia lo sitúa a principios de la década de 1870 y Nevada Ghost Towns, entre 1876 y 1880. La versión más repetida dice que un revisor le comentó a un vecino que sus pasajeros llegaban decepcionados, porque el Oeste no se parecía nada a lo que habían leído en las novelas baratas del Este. Y los de Palisade decidieron darles lo que querían. Según la escritora Karen Hill, en los tres años siguientes el pueblo representó un millar de tiroteos falsos, con balas de fogueo y litros de sangre de vaca del matadero local.
La escena más famosa, según los relatos populares, es la primera: Frank West estaba apoyado en la valla del corral junto a la estación cuando llegó el tren de mediodía; Alvin Kittleby se le acercó gritando que iba a matarlo por lo que le había hecho a su pobre hermanita, West desenfundó antes y Kittleby cayó. Los vecinos se llevaron el «cadáver», desarmaron al «asesino», y los pasajeros se fueron convencidos de haber visto un crimen de verdad.
Había variantes. A veces era un atraco al banco; según el historiador de Nevada Dan Ashbaugh, las «víctimas» se llevaban enseguida al saloon de Johnson, donde resucitaban a tiempo de ver el último acto, y ningún pasajero ni empleado del ferrocarril resultó herido nunca. Los shoshones, que vivían en un meandro del río Humboldt, acabaron pidiendo participar, y también entraron en el número. Su falso ataque a la estación fue, según Nevada Ghost Towns, la función más larga: unos diez minutos. Al oír los disparos, algunos viajeros se escondían debajo de los vagones.
¿Cuánto hay de verdad?
Lo que sí está documentado es que en Palisade había poquísima delincuencia y que el pueblo no tenía sheriff. Lo demás llega a través de historiadores locales y de muchas versiones posteriores, cada una con sus diálogos y sus nombres. Uno de esos historiadores, Howard Hickson, lo bautizó como «el pueblo más duro al oeste de Chicago». Nevada Ghost Towns cita a un periodista del Virginia Enterprise que escribió que el pueblo «avergonzaría al autor de una novela barata», pero sin fecha ni crónica completa. El espectáculo, en todo caso, se fue apagando al cabo de unos años.
En agosto de 1902, según el Nevada State Journal, unos vaqueros resucitaron el número a casi cien kilómetros al este de Palisade, con un linchamiento falso por robo de caballos y un tiroteo con cuatro «muertos». Al menos un visitante se marchó creyendo que el Viejo Oeste seguía vivo.

Después del espectáculo
En 1882, Palisade ya había bajado a 250 habitantes, y desde 1885 la caída de las minas de Eureka le quitó trenes y empleos. Aun así, siguió siendo un nudo ferroviario hasta los años treinta, y desde 1909 (1908, según la Wikipedia) pasó también por allí el Western Pacific. En 1910, una riada destruyó buena parte del pueblo, que ya no se recuperó; el tren de vía estrecha hizo su último viaje en 1938 y la oficina de correos cerró en los sesenta. En 2005, la familia que era dueña de todo el pueblo desde los años veinte lo subastó en San Francisco: un comprador anónimo pagó 150.000 dólares, y el vendedor, que llevaba treinta y cinco años sin pisarlo, explicó que era para pagar la universidad de su hija.
Según una leyenda que recoge la Wikipedia, en 1932 un inspector ferroviario aseguró haber encontrado junto a un puente de Palisade a un vagabundo con 22 cartuchos de dinamita, y se habló de un posible atentado contra el presidente Herbert Hoover. Otro inspector lo desmintió: el vagabundo no llevaba dinamita.
Quien sí acabó en el cine fue una de sus locomotoras. La Eureka, construida por Baldwin en 1875 para el Eureka & Palisade, salió en películas del Oeste hasta El último pistolero (1976). En 1985 se le cayó encima un edificio en llamas en un parque temático de Nevada; un abogado de Las Vegas, Dan Markoff, la compró y la restauró, y hoy es la única de su clase que todavía funciona.

Así suena la Eureka tirando de un tren de pasajeros entre Silverton y Durango (Colorado):
Una leyenda difícil de comprobar
De Palisade están documentados el ferrocarril, la riada de 1910 y la subasta de 2005. Los tiroteos falsos, en cambio, solo los cuentan historiadores locales y relatos posteriores, sin acuerdo en las fechas ni en los nombres.
Otras historias del blog: Comanche, el caballo que sobrevivió a Custer, y Big Nose George; Joe Medicine Crow y el paso de Buffalo Bill por Barcelona.
Lee también: Cómo Cáceres pasó de villa a ciudad por un brindis de Alfonso XII y Fordlandia, la ciudad de Henry Ford en la Amazonia
Fuentes consultadas
- Wikipedia: «Palisade, Nevada». https://en.wikipedia.org/wiki/Palisade,_Nevada
- Nevada State Historic Preservation Office: «Palisade» (marcador histórico n.º 65). https://shpo.nv.gov/nevadas-historical-markers/historical-markers/palisade
- Maxwell, Dave (22 de septiembre de 2017). «Shoot ’Em Up in Palisade». The Eureka Sentinel. https://eurekasentinel.com/2017/09/shoot-em-palisade/
- Messy Nessy Chic (5 de octubre de 2021). «Once upon a time in the real Westworld: the hoax town». https://messynessychic.com/2021/10/05/once-upon-a-time-in-the-real-westworld-hoax-town
- Nevada Ghost Towns & Beyond (23 de octubre de 2024). «Palisade: the roughest, toughest town west of Chicago». https://nvtami.com/2024/10/23/palisade-the-roughest-toughest-town-west-of-chicago/
- Atlas Obscura: «Palisade, Nevada». https://www.atlasobscura.com/places/palisade-nevada
- NV Expeditions: «Palisade». https://www.nvexpeditions.com/eureka/palisade.php
- San Francisco Chronicle (27 de abril de 2005). «Unknown buyer pays $150,000 for Palisade, Nev., at S.F. auction». https://www.sfgate.com/news/article/Unknown-buyer-pays-150-000-for-Palisade-Nev-at-S-F-2639319.php
- Wikipedia: «Eureka (locomotive)». https://en.wikipedia.org/wiki/Eureka_(locomotive)
- University of Nevada, Reno Libraries: «Eureka-Nevada Railway Company records». https://archive.library.unr.edu/public/repositories/2/resources/49
Siguiente historia
Gente que hizo historia (muy a su pesar)La monja alférez: la novelesca vida de Catalina de ErausoLa noche del 18 de marzo de 1600, una novicia de unos quince años encontró colgadas las llaves del convento de San Sebastián, se escapó, se cortó el pelo y se hizo…Leer la siguiente historia →Cada semana publicamos una nueva historia. Recíbela gratis en tu correo.
Cada semana, historias insólitas para mentes curiosas
Quién escribe

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El Café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto. Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
Síguenos en redes sociales
Curiosidades, fotos e historias insólitas también en tus redes favoritas.









Los comentarios están cerrados.