El café de la historia - Frases populares españolas

7 frases populares en español y su origen histórico

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Autor: EL CAFÉ DE LA HISTORIA

Frases hechas populares del español y su origen

En el siguiente artículo vamos a escarbar en el origen histórico de algunas frases hechas de uso cotidiano en el idioma español.

A buenas horas, mangas verdes

Según la mayoría de historiadores, la Santa Hermandad es el cuerpo policial organizado más antiguo de Europa.

Fue creado en 1476 por orden de Isabel la Católica y su misión era combatir la criminalidad en todos los rincones del reino, unificando las diferentes hermandades que anteriormente operaban en los pueblos y ciudades de Castilla bajo un único mando centralizado.

Este cuerpo operó hasta su disolución en el año 1834.

Los más de dos mil miembros de la Santa Hermandad vestían un uniforme compuesto por una camisa de color verde, una especie de chaleco de piel ceñido en la cintura y unos faldones que no llegaban a las rodillas.

A las patrullas se las conocía como cuadrillas al ir siempre de cuatro en cuatro y, a raíz de su fama de llegar siempre tarde cuando se les requería, se hizo popular en todo el reino la expresión “A buenas horas, mangas verdes” que hasta nuestros días se utiliza para manifestar que algo o alguien llega cuando ya no se le necesita.

Uniforme de la Santa Hermandad
Uniforme de la Santa Hermandad

No hay tutía

Tutía, no “tu tía”….

No hay tutía se utiliza coloquialmente para referirse a que no hay remedio respecto a algo, o que es imposible conseguir algún objetivo.

La atutía (attutíyya) era un remedio medicinal utilizado ya por los árabes para ciertas enfermedades oculares. Pasado el tiempo, perdió la primera letra quedando en castellano como tutía.

Con el transcurrir de los años, la tutía se convirtió en una especie de popular bálsamo milagroso y todoterreno que servía para curar todo tipo de dolencias.

Una panacea que en el Siglo de Oro era muy demandada en las boticas y farmacias del reino.

En las ocasiones en que la tienda se quedaba sin existencias del milagroso bálsamo, el dependiente contestaba: “no hay tutía“, generando una profunda decepción en el cliente, quedando así para la posteridad como frase que indica la frustración cuando no hay solución posible para algún problema.

No hay tutía

Armarse la Marimorena

Solemos decir que se ha armado la Marimorena cuando se organiza una riña o trifulca de grandes dimensiones y alboroto.

El origen de esta popular expresión se remonta a finales del siglo XVI a una gran pelea que ocurrió en una concurrida taberna madrileña regentada por una mujer llamada, precisamente, Mari Morena (en aquella época a las camareras se les llamaba a la voz de “morena”) .

Unos soldados, bastante borrachos según las crónicas, entraron en el establecimiento y exigieron que se les sirviera el vino de mejor calidad a lo que la mesonera se negó rotundamente ya que lo reservaba para su clientela más selecta.

Lo que vino a continuación fue una épica batalla campal digna de saloon de película del oeste, en la que los heridos se contaron por decenas, y del mobiliario del negocio no quedó entera ni una triste silla.

Se armó la marimorena

Acabar como el rosario de la aurora

Utilizamos esta expresión para referirnos a algo que ha tenido muy mal fin, o cuando presentimos que algo tiene toda la traza que acabará fatal, en riñas y peleas, normalmente multitudinarias.

Hay múltiples versiones acerca del origen de la expresión, todas relatan incidentes que acaban en una trifulca monumental, pero nos vamos a centrar en la que más unanimidad suscita, que es la que nos remite a un hecho que sucedió en la localidad gaditana de Espera.

Allí, en Espera, había dos cofradías rivales que no se llevaban nada bien. El pueblo estaba dividido entre ambas y la hostilidad era manifiesta.

Pero en 1749 ocurrió que murió un vecino de Espera que era miembro de las dos cofradías, y las normas establecían que la cofradía acompañaba al difunto en solemne procesión hasta el cementerio.

Siendo el finado miembro de las dos cofradías, parecía el momento ideal para, buena voluntad mediante, poner fin a las rencillas entre ambas agrupaciones, pero cuando se encontraron frente a frente las cofradías momentos antes de la amanecida, se organizó una gran pelea que acabó con la intervención de las fuerzas del orden y numerosos heridos y contusionados.

No hay tampoco mucha unanimidad sobre la chispa que prendió el incidente; unas fuentes nos dicen que las hostilidades tienen que ver con unos soldados que a esas horas iban bebidos y buscando camorra, otras hablan de macetas lanzadas desde los balcones, pero nosotros nos quedamos con la que dice que uno de los monaguillos lanzó una brutal y sonora flatulencia, seguida de una patada del cura a modo de reprimenda, que fue el pistoletazo de salida al enfrentamiento generalizado.

Se non è vero, è ben trovato.

Cuadro El rosario de la Aurora del pintor José García Ramos
Cuadro El rosario de la Aurora del pintor José García Ramos

Quien fue a Sevilla perdió su silla

Este dicho se utiliza en un sin fin de situaciones para dar a entender la pérdida de las posesiones o privilegios que se tenían tras haberlos abandonado brevemente y ser ocupados estos por otra persona.

El origen de la frase está profusamente documentado y proviene de un hecho histórico que tuvo lugar durante el reinado de Enrique IV de Castilla. Siglo XV, para ubicarnos.

Todo surge a raíz del enfrentamiento entre dos arzobispos, Alonso de Fonseca, el Viejo y Alonso de Fonseca, el Mozo. Tío y sobrino, respectivamente.

Alonso de Fonseca, el sobrino, fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela pero las cosas por Galicia andaban muy revueltas por lo que apeló a la ayuda de su tío, el Fonseca “viejo”, que no dudó en desplazarse hasta Santiago para poner orden en la diócesis mientras que su sobrino se quedaba en Sevilla.

Tras calmar la situación en Santiago y allanar el camino a su sobrino, el tío vuelve a su diócesis de Sevilla para encontrarse con la nada agradable y surrealista situación de que su sobrino le había usurpado la silla arzobispal sevillana.

A partir de aquí se organizó una disputa entre ambos que acabó con la intervención del propio rey, el mismísimo papa de Roma, y enfrentamientos violentos e incluso muertes entre simpatizantes de ambos bandos.

La expresión hizo fortuna y ha llegado hasta nuestros días aunque, tras conocer los hechos que le dieron carta de naturaleza, lo más probable es que la frase original fuese “Quien se fue de Sevilla, perdió su silla”.

Silla del obispo de Palencia
Silla del obispo de Palencia

A enemigo que huye, puente de plata

“Deteneos y esperad, canalla malandrina; que un solo caballero os espera, el cual no tiene condición ni es de parecer de los que dicen que al enemigo que huye, hacedle la puente de plata”.

Esta frase puesta por Miguel de Cervantes en boca de Don Quijote mientras es arrollado por una manada de toros bravos, es la mejor prueba del origen antiguo de esta expresión cuya popularización, no obstante, hay que adjudicar a uno de los mayores genios militares de la historia: Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.

El Gran Capitán repetía a sus tropas esta frase de gran sensatez y sentido común; si se detecta que el enemigo tiene intenciones de huir del campo de batalla, hay que dejarle el camino libre y facilitar su retirada; un enemigo acorralado luchando por su vida puede llegar a ser letalmente temible.

De los campos de batalla italianos ha llegado hasta nuestros días con un significado bien claro: hay que facilitar siempre una salida honrosa a toda persona que pueda dañarnos de cualquier manera en todo tipo de disputas.

El Gran Capitán. Cuadro de Augusto Ferrer Dalmau
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Las cuentas del Gran Capitán

Y hablando del Gran Capitán, no podemos pasar por alto otra frase de gran calado popular relacionada con su figura: Las cuentas del Gran Capitán, que se suele utilizar cuando hacemos o nos presentan unas cuentas exageradas, que no hay manera de cuadrar y que están hechas de forma arbitraria y con poco rigor.

Y aunque posiblemente sea una leyenda, los dos protagonistas de esta historia están profusamente documentados, así como la profunda enemistad y animadversión mutua: Fernando el Católico y, claro, el Gran Capitán.

Resumiendo (mucho) los hechos, Fernández de Córdoba se sintió molesto ante la exigencia del monarca católico de que le presentara una relación de gastos de la campaña de Italia que se le antojaba muy cara a lo que, según la mayoría de fuentes, el Gran Capitán le respondió algo parecido a lo que sigue:

“Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.”

Cierto o no, este episodio ha quedado en la cultura popular como paradigma de explicación exagerada pero a la vez poco pormenorizada o aclaración a la que no se tiene derecho.

Fernando el católico y el Gran Capitán
A este lado del ring, Fernando de Aragón. Al otro, Gonzalo Fernández de Córdoba

Más cuento que Calleja

Esta expresión, utilizada para señalar que alguien le echa mucha imaginación a sus excusas, exagera o miente, tiene su origen en el empresario y escritor Saturnino Calleja, fundador de la editorial Calleja, sin duda la editorial más importante y popular del mundo en idioma español de finales del siglo XIX.

La editorial se especializó en la publicación de libros de cuentos (muchos escritos por el propio Calleja) a precio muy asequible, y con vistosas ilustraciones para amenizar y acercar la lectura a todos los públicos.

Su rotundo éxito, el gran número de volúmenes lanzados (superando los tres mil), y las enormes cifras de ventas (la fenomenal cantidad de casi tres millones y medio en apenas veinte años), explica que hiciera fortuna la frase “tener más cuento que Calleja” a base de combinar el nombre del empresario con cuento en su acepción como embuste o mentira.

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