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El debate de 1254 en el que cristianos, musulmanes y budistas acabaron bebiendo

Vasija de cerámica con airag, leche de yegua fermentada, y un cucharón en una mesa de Mongolia

El 30 de mayo de 1254, víspera de Pentecostés, el gran kan Möngke reunió en Karakórum a cristianos, musulmanes y budistas para que discutieran ante tres árbitros cuál tenía la mejor fe. Lo contó un testigo, el franciscano flamenco Guillermo de Rubruquis: nadie se convirtió, nestorianos y musulmanes acabaron cantando a voz en grito, los budistas se quedaron callados y después todos bebieron, y mucho.

Un fraile en la corte del gran kan

Möngke, nieto de Gengis Kan e hijo de Tolui, gobernaba el Imperio mongol desde 1251 y lo haría hasta su muerte, en 1259. Como sus antecesores, eximía de impuestos a clérigos, monjes, iglesias, mezquitas y monasterios de cualquier credo.

Rubruquis había acompañado a Luis IX de Francia en la séptima cruzada. Con el apoyo del rey salió en 1253 hacia las estepas, con otro franciscano, Bartolomé de Cremona: quería atender a unos esclavos alemanes capturados en Hungría, predicar el Evangelio y tratar con el príncipe Sartaq, del que se decía que era cristiano. Los mongoles lo tomaron por embajador y lo fueron pasando de corte en corte hasta Möngke, que lo recibió por primera vez el 4 de enero de 1254.

Tres árbitros y una amenaza

Antes del debate, Rubruquis ensayó con los cristianos nestorianos de la corte. Ellos querían empezar por los musulmanes, pero el fraile los convenció de lo contrario: los musulmanes también creían en un solo Dios y serían un aliado frente a los «tuins», como llamaba a los budistas. En el ensayo hizo él de budista y los nestorianos solo supieron citar las Escrituras.

Möngke envió como árbitros a tres secretarios, un cristiano, un musulmán y un budista, y se pregonó su orden: nadie debía discutir a gritos, insultar a otro ni alborotar, «so pena de perder la cabeza». Cada bando había llevado a sus hombres más sabios y se juntó mucho público.

Inicial miniada con Guillermo de Rubruquis y su compañero ante Luis IX y, debajo, los dos frailes de viaje
Guillermo de Rubruquis y su compañero ante Luis IX y, debajo, en camino, en una inicial miniada de un manuscrito del Itinerarium de principios del siglo XIV (Corpus Christi College, Cambridge). Dominio público, vía Wikimedia Commons.

¿Cuántos dioses hay?

Los cristianos pusieron a Rubruquis en el centro. Su rival era un budista llegado de China, con su propio intérprete; el del fraile era el hijo de Guillaume Boucher, un orfebre parisino que trabajaba para el kan. El budista quiso empezar por cómo se hizo el mundo o qué pasa con el alma tras la muerte, pero Rubruquis exigió hablar primero de Dios, y los árbitros le dieron la razón.

«Los necios dicen que hay un solo Dios, pero los sabios dicen que hay muchos», respondió el budista. Rubruquis le preguntó si alguno de esos dioses era todopoderoso. El otro tardó tanto en contestar que los secretarios del kan tuvieron que exigirle una respuesta. Al final admitió que ninguno lo era, y los musulmanes estallaron en carcajadas.

Cuando los nestorianos quisieron discutir con los musulmanes, estos se negaron: según el fraile, concedieron que la fe cristiana era verdadera. Conviene recordar que todo lo sabemos por Rubruquis, porque no hay un relato budista del debate. Él mismo reconoce que nadie dijo: «Creo, quiero hacerme cristiano».

Cantos, silencio y una buena ronda

El final, en palabras del fraile, fue este: los nestorianos y los musulmanes cantaron en voz alta, los budistas guardaron silencio «y después todos bebieron copiosamente». Rubruquis no dice qué bebieron.

La versión que circula hoy, popularizada por el antropólogo Jack Weatherford, convierte el debate en un torneo de lucha mongola, con asaltos y tragos de kumis entre uno y otro, cristianos cantando, musulmanes recitando el Corán y budistas meditando hasta que nadie se tenía en pie. Rubruquis no cuenta nada de eso.

El kumis, eso sí, era la bebida de la estepa: leche de yegua batida hasta fermentar, con entre un 0,7 y un 2,5 % de alcohol. Rubruquis lo probó y lo describió así: pica en la lengua como un vino flojo, deja sabor a leche de almendras, «alegra mucho al hombre por dentro y emborracha a las cabezas débiles».

Grabado del árbol de plata de Karakórum, con cuatro caños que vierten bebida en cuencos ante un palacio
El árbol de plata de Karakórum, reconstruido a partir de la descripción de Rubruquis en un diseño del Banco de Mongolia de 1994. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

En la corte no faltaba de beber. A la entrada del palacio, el propio Boucher, capturado por los mongoles en 1241 o 1242, había construido para el kan un árbol de plata con cuatro caños: de uno salía vino; de otro, kumis clarificado; de otro, una bebida de miel, y del último, un licor de arroz. Un ángel con trompeta avisaba a los sirvientes cuando había que servir.

Los dedos de la mano

Al día siguiente, Möngke llamó a Rubruquis y al budista. «Los mongoles creemos que no hay más que un Dios, por quien vivimos y por quien morimos», le dijo al fraile. Y añadió: «Pero así como Dios dio a la mano dedos distintos, dio a los hombres caminos distintos». A los cristianos, remató, les había dado las Escrituras, y no las cumplían.

El kan lo mandó de vuelta con una carta que exigía la sumisión de Luis IX, y Rubruquis llegó a Trípoli en agosto de 1255. Su informe al rey es la primera descripción del budismo escrita por un occidental. Möngke siguió organizando debates: en 1255 enfrentó a budistas y taoístas, y los taoístas perdieron.

Rubruquis contó lo que vio; un siglo después, Juan de Mandeville se inventó medio mundo y lo convirtió en un éxito de ventas. Y siglos más tarde circuló la historia de que los bolcheviques llevaron a Dios a juicio y lo condenaron a muerte. Siete siglos después, el rezo musulmán volvió a la Mezquita de Córdoba en circunstancias muy distintas: el día que Sadam Huseín oró ante el mihrab.

El viaje de Guillermo de Rubruquis, en vídeo

El canal divulgativo HistoryPod resume en este vídeo el viaje del franciscano a la corte de Möngke.

7th May 1253: William of Rubruck sets out on his journey into the Mongol Empire

Dura dos minutos y medio y está en inglés.

Lee también: Cuando Sadam Huseín rezó en la Mezquita-Catedral de Córdoba y Los echadores del Camino de Santiago: los vigilantes que perseguían a los gorrones medievales

Fuentes consultadas

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