En el universo de los duelos, esa peculiar costumbre de lavar las afrentas con sangre, abundan las historias que rozan a la vez lo absurdo, lo dramático y lo heroico. Pero entre todas, ninguna brilla tanto por su persistencia y falta de sentido práctico como el enfrentamiento entre los capitanes franceses Dupont y Fournier. Un enfrentamiento que, contra todo pronóstico, duró la friolera de diecinueve años. Sí, diecinueve añazos.
Vamos a desentrañar esta historia porque, francamente, cuando dos hombres dedican diecinueve años a intentar matarse sin conseguirlo, lo mínimo es prestarles atención.
El origen de la rivalidad: un duelo que nunca debió empezar
El año es 1794. Estrasburgo, ciudad que hoy asociamos a instituciones europeas y consensos diplomáticos, estaba a punto de presenciar un episodio digno de Shakespeare. El capitán Fournier, reputado por su habilidad con las armas y su temperamento explosivo, tuvo un altercado con un joven burgués llamado Blumm. Este, más valiente que sensato, le retó a un duelo. El resultado fue el esperado: Blumm acabó muerto y Fournier sumó otro episodio a su ya cuestionable currículum.
El incidente convirtió a Fournier en una presencia incómoda para las autoridades militares locales. Poco después, se organizó una recepción oficial y se encargó al capitán Dupont la ingrata tarea de comunicar a Fournier que no sería bienvenido. Hasta aquí, todo parece un episodio de protocolo militar.
Pero, como suele ocurrir cuando dos egos del tamaño de un regimiento chocan frontalmente, la situación se descontroló enseguida.
La chispa que encendió el polvorín
Fournier, herido en su orgullo, intentó entrar en la recepción y se topó con Dupont. Las chispas volaron y, a falta de redes sociales para desahogar sus frustraciones, optaron por el método tradicional: un duelo. Aquí es donde la cosa se pone interesante, porque Dupont, consciente de la fama de Fournier como tirador, eligió la espada como arma. Una decisión que, visto el resultado, quizá no fue mala idea.
El primer enfrentamiento terminó con Fournier herido. Pero, lejos de zanjar la cuestión, esto solo fue el inicio de una relación que alternaba la cortesía epistolar con intentos regulares de ensartarse mutuamente. Tras varios duelos, ambos se dieron cuenta de que esto podía extenderse indefinidamente. Entonces, como buenos franceses de la época, redactaron un pacto.
El pacto: cuando la logística entra en escena
Las condiciones eran claras, casi diríamos que burocráticas:
- Si ambos se encontraban a menos de treinta leguas (aproximadamente ciento cuarenta kilómetros), debían recorrer la mitad de la distancia para batirse a espada.
- Si uno no podía desplazarse por motivos militares, el otro debía cubrir toda la distancia.
- Las obligaciones militares constituían la única excusa aceptable para aplazar el encuentro.
Con este acuerdo en marcha, los dos capitanes comenzaron una relación que podría describirse como una mezcla de rivalidad profesional y amistad forjada a golpe de acero.
¿Curioso? Sin duda. ¿Razonable? Eso ya lo podemos discutir.
Duelo tras duelo: una historia de perseverancia y terquedad
Según la tradición, llegaron a enfrentarse alrededor de treinta veces. Y, para sorpresa de nadie, ninguno logró matar al otro. Quizá esto se deba a que las reglas del duelo eran relativamente civilizadas: el primer golpe que hiciera sangrar ponía fin al enfrentamiento. Una especie de «hasta aquí llegamos por hoy» que, si lo pensamos bien, podría considerarse adelantado a su tiempo en términos de prevención de riesgos laborales.
Sin embargo, la historia de los duelos no se limita al mero acto de enfrentarse. Entre combate y combate, Dupont y Fournier se enviaban cartas. En ellas, se felicitaban por sus éxitos militares, por sus ascensos y, en general, mantenían una relación que roza lo entrañable. Claro, todo esto quedaba en suspenso cuando se encontraban y sacaban las espadas, porque la tradición es la tradición.
El último duelo: pistolas en el bosque
En 1813, después de casi dos décadas de enemistad (o de lo que fuera aquello que tenían estos dos), Dupont decidió que había llegado el momento de poner fin al asunto. Algunas versiones afirman que estaba a punto de casarse y que había decidido, por fin, sentar la cabeza.
Así que propuso zanjar la cuestión esta vez con pistolas.
El duelo final se llevó a cabo en un bosque privado, con unas reglas nuevas y un tanto macabras. Cada uno llevaría dos pistolas, entraría al bosque desde extremos opuestos y, básicamente, tendrían carta blanca para disparar al otro. Durante un rato, se persiguieron entre los árboles, un juego del gato y el ratón que terminó cuando Fournier disparó sus dos pistolas y falló. Dupont, entonces, tuvo a su rival a merced.
Con la pistola apuntando a Fournier, Dupont le propuso un trato: «Te perdonaré la vida si prometes no volver a retarme. Si lo haces, tendré derecho a dispararte dos veces antes de que puedas siquiera levantar tu arma».
Fournier aceptó, y así, tras diecinueve años y treinta duelos, la rivalidad más obstinada de la historia llegó a su fin.
Y fueron felices y con honor se reconciliaron.
Fuentes
- Moore, G. M. (2016). History and Legend in «The Duel». The Conradian, 41(2), 28-46. https://www.jstor.org/stable/44861586
- Fondation Napoléon. (s. f.). Colonel François Fournier-Sarlovèze (1773-1827). https://www.napoleon.org/en/history-of-the-two-empires/images/colonel-francois-fournier-sarloveze-1773-1827/
- Dupont, M. (1936). Fournier Sarlovèze: Le plus mauvais sujet de l’armée. Paris: Hachette. https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k3380105x
- Baines, J. (1960). Joseph Conrad: A Critical Biography. Nueva York: McGraw-Hill Book Company.
- Graver, L. (1969). Conrad’s Short Fiction. Berkeley: University of California Press.
- Evangelista, N. (1995). The Encyclopedia of the Sword. Nueva York: Greenwood Press.

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