Pierre Dupont y François Fournier se batieron en duelo durante diecinueve años, de 1794 a 1813. Lo hicieron, según la tradición, una treintena de veces, a espada y a caballo, entre batalla y batalla de las guerras de Napoleón, y entre duelo y duelo se escribían para felicitarse por los ascensos. Ninguno consiguió matar al otro. Joseph Conrad convirtió la historia en un relato y Ridley Scott, en su primera película.
El origen de la rivalidad: un duelo que nunca debió empezar
Todo empezó en Estrasburgo, en 1794. El capitán Fournier, reputado por su habilidad con las armas y su temperamento explosivo, tuvo un altercado con un joven burgués llamado Blumm. Este, más valiente que sensato, le retó a un duelo. El resultado fue el esperado: Blumm acabó muerto y Fournier sumó otro episodio a su ya cuestionable currículum.
El incidente convirtió a Fournier en una presencia incómoda para las autoridades militares locales. Poco después, se organizó una recepción oficial y se encargó al capitán Dupont la ingrata tarea de comunicar a Fournier que no sería bienvenido. Hasta aquí, todo parece un episodio de protocolo militar.

Fournier no se lo tomó bien.
La chispa que encendió el polvorín
Fournier, herido en su orgullo, intentó entrar en la recepción y se topó con Dupont. Discutieron y acabaron como acababan entonces estas cosas: con un duelo. Aquí es donde la cosa se pone interesante, porque Dupont, consciente de la fama de Fournier como tirador, eligió la espada como arma. Una decisión que, visto el resultado, quizá no fue mala idea.
El primer enfrentamiento terminó con Fournier herido. Pero, lejos de zanjar la cuestión, esto solo fue el inicio de una relación que alternaba la cortesía epistolar con intentos regulares de ensartarse mutuamente. Tras varios duelos, ambos se dieron cuenta de que esto podía extenderse indefinidamente. Entonces, como buenos franceses de la época, redactaron un pacto.
El pacto: cuando la logística entra en escena
Las condiciones eran claras, casi diríamos que burocráticas:
- Si ambos se encontraban a menos de treinta leguas (aproximadamente ciento cuarenta kilómetros), debían recorrer la mitad de la distancia para batirse a espada.
- Si uno no podía desplazarse por motivos militares, el otro debía cubrir toda la distancia.
- Las obligaciones militares constituían la única excusa aceptable para aplazar el encuentro.
Con este acuerdo en marcha, los dos capitanes comenzaron una relación que podría describirse como una mezcla de rivalidad profesional y amistad forjada a golpe de acero.
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Duelo tras duelo: una historia de perseverancia y terquedad
Según la tradición, llegaron a enfrentarse alrededor de treinta veces. Y, para sorpresa de nadie, ninguno logró matar al otro. Quizá esto se deba a que las reglas del duelo eran relativamente civilizadas: el primer golpe que hiciera sangrar ponía fin al enfrentamiento. Una especie de «hasta aquí llegamos por hoy» que, si lo pensamos bien, podría considerarse adelantado a su tiempo en términos de prevención de riesgos laborales.
Entre combate y combate, Dupont y Fournier se enviaban cartas. En ellas, se felicitaban por sus éxitos militares, por sus ascensos y, en general, mantenían una relación que roza lo entrañable. Eso sí, en cuanto volvían a coincidir, sacaban las espadas.
El último duelo: pistolas en el bosque
En 1813, después de casi dos décadas de enemistad (o de lo que fuera aquello que tenían estos dos), Dupont decidió que había llegado el momento de poner fin al asunto. Algunas versiones afirman que estaba a punto de casarse y que había decidido, por fin, sentar la cabeza.
Así que propuso zanjar la cuestión esta vez con pistolas.
El duelo final se llevó a cabo en un bosque privado, con unas reglas nuevas y un tanto macabras. Cada uno llevaría dos pistolas, entrarían al bosque desde extremos opuestos y, básicamente, tendrían carta blanca para disparar al otro. Durante un rato, se persiguieron entre los árboles, un juego del gato y el ratón que terminó cuando Fournier disparó sus dos pistolas y falló. Dupont, entonces, tuvo a su rival a merced.
Con la pistola apuntando a Fournier, Dupont le propuso un trato: «Te perdonaré la vida si prometes no volver a retarme. Si lo haces, tendré derecho a dispararte dos veces antes de que puedas siquiera levantar tu arma».
Fournier aceptó, y así, tras diecinueve años y treinta duelos, la rivalidad más obstinada de la historia llegó a su fin.
La historia real detrás de Los duelistas: Conrad y Ridley Scott
Los protagonistas reales de esta historia fueron Pierre Dupont de l’Étang (1765-1840) y François Fournier-Sarlovèze (1773-1827). Ninguno de los dos se quedó en capitán: ambos llegaron a generales de Napoleón. Fournier acabó siendo barón del Imperio, y Dupont pasó a la historia de España por un motivo muy distinto: fue el general que se rindió en Bailén en 1808, un episodio que ya te contamos en la historia de la espada del Mariscal Dupont.
Su rivalidad fascinó a Joseph Conrad, que la convirtió en el relato El duelo (The Duel, 1908). Allí los oficiales se llaman D’Hubert y Feraud, pero el esqueleto es el mismo: dos húsares que se persiguen por media Europa durante las guerras napoleónicas. Casi setenta años después, Ridley Scott debutó en el cine adaptando ese relato en Los duelistas (1977), con Keith Carradine y Harvey Keitel en los papeles principales. La película ganó el premio a la mejor ópera prima en el Festival de Cannes.

Conviene, eso sí, separar la leyenda de lo documentado. La cifra de unos treinta duelos procede de relatos del siglo XIX y no está respaldada por documentos de la época. Tampoco encaja del todo el reparto de galones: en 1794 no eran dos capitanes, como suele contarse, porque Dupont ya era general desde el año anterior y Fournier era un joven oficial de caballería. Con la mitad de duelos, la historia seguiría sin tener rival.
Lo de lavar las afrentas con sangre tuvo versiones mucho más breves y bastante menos vestidas, como el duelo que, según se cuenta, enfrentó a Paulina von Metternich y Anastasia von Kielmansegg.
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Vídeo: Los duelistas y la historia real
Este vídeo del canal Sanssoucy compara la película de Ridley Scott con el duelo que la inspiró.
Fuentes consultadas
- Moore, G. M. (2016). History and Legend in «The Duel». The Conradian, 41(2), 28-46. https://www.jstor.org/stable/44861586
- Fondation Napoléon. (s. f.). Colonel François Fournier-Sarlovèze (1773-1827). https://www.napoleon.org/en/history-of-the-two-empires/images/colonel-francois-fournier-sarloveze-1773-1827/
- Dupont, M. (1936). Fournier Sarlovèze: Le plus mauvais sujet de l’armée. Paris: Hachette. https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k3380105x
- Baines, J. (1960). Joseph Conrad: A Critical Biography. Nueva York: McGraw-Hill Book Company.
- Graver, L. (1969). Conrad’s Short Fiction. Berkeley: University of California Press.
- Evangelista, N. (1995). The Encyclopedia of the Sword. Nueva York: Greenwood Press.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). François Fournier-Sarlovèze.
- Wikipedia en francés. (s. f.). François Fournier-Sarlovèze.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Pierre Dupont de l’Étang.
- Wikipedia en español. (s. f.). Pierre Dupont de l’Étang.
- Wikipedia en francés. (s. f.). Pierre Dupont de l’Étang.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). The Duellists.
- Wikipedia en español. (s. f.). Los duelistas.
- Wikipedia en español. (s. f.). Batalla de Bailén.
- Wikipedia en español. (s. f.). Duelo.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Duel.

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto.Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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