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El juicio de los delfines: el día que la Inquisición juzgó a cetáceos en 1624

El café de la historia - El juicio de los delfines

Al despuntar el alba del día 8 de septiembre de 1624 una barcaza zarpa de la playa asturiana de Candás con unos pasajeros y una misión poco comunes.

A bordo de la embarcación se apiña una grotesca comitiva que se compone de un abogado defensor, el párroco del pueblo, un fiscal, un escribano, un fraile dominico como representante de la Inquisición, y un pequeño grupo de vecinos de Candás en calidad de testigos.

El juicio de los delfines

La misión de la comitiva es más grotesca si cabe: someter a juicio a un grupo de delfines que merodean la costa.

¿Qué delito habían cometido estos animales?

Candás es una localidad situada a escasos kilómetros del Cabo de Peñas que desde tiempos remotos ha desarrollado una importante actividad pesquera. Unos años antes de la celebración de este particular juicio apareció por sus costas un grupo de delfines que no sólo esquilmaron los caladeros donde faenaban los pescadores, sino que dañaban las redes que estos utilizaban.

Los pescadores, hartos, acudieron al párroco del pueblo a quejarse de su desesperada situación y éste a su vez acudió al mismísimo obispo de Oviedo el cual barruntó que estaba ante un caso cuya jurisdicción correspondía a las más altas instancias: La Inquisición.

Y, dicho y hecho, se puso en marcha la maquinaria judicial contra los pérfidos cetáceos que con tanta saña perjudicaban a los pescadores, reclutando para la ocasión a los mejores juristas de la Universidad de Oviedo.

Esa mañana de 1624 la barca enfiló mar adentro hasta la zona donde habitualmente merodeaban los delfines y tras un tiempo prudencial de espera sin que apareciese ningún acusado por la zona empezó el juicio in absentia.

1624, costa de Candás

Empezó el abogado defensor alegando que los delfines ya estaban allí antes de la llegada del hombre. El fiscal contraatacó argumentando que los pescadores candasinos también tenían derecho a esos peces y que el mar era suficientemente grande para todos y que tenían que irse de la zona. Tras las deliberaciones se emite la sentencia, condenatoria para los delfines, y el fraile dominico realiza un exorcismo y mediante oraciones, hisopazos y jaculatorias conmina a los acusados a que no vuelvan a la zona bajo pena de excomunión.

Monumento en Candás al llamado "Pleito de los delfines"
Monumento en Candás al llamado «Pleito de los delfines»

Y todo este episodio que bien podía tomarse por una simpática leyenda es absolutamente real, y toda la documentación sobre este histórico pleito se puede consultar hoy en día gracias a los legajos redactados profesionalmente por don Juan Valdés, el escribano de tan estrafalario juicio, que se conservan en el Archivo Provincial Histórico de Oviedo.

Pleito de los delfines
Pónganse en pie los acusados

Tras el juicio

Para rematar esta rocambolesca historia, los delfines, tras el juicio, jamás volvieron a ser vistos por Candás.

Nunca se averiguó si fue por el exorcismo, por temor a la excomunión o vaya usted a saber, que bien sabido es que los delfines destacan por su inteligencia y sentido común.



Fuentes consultadas

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El pop llega a la Historia El tiktok de la Historia, pero sin anuncios moscardones ni necesidad de wifi. Lees la primera frase de una crónica y ya es demasiado tarde: te la tienes que acabar. El acto reflejo es no creérsela y eso acaba siendo lo que aumenta el volumen de las carcajadas.

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4 comentarios en «El juicio de los delfines: el día que la Inquisición juzgó a cetáceos en 1624»

  1. Ye que pa setiembre acabaronse los hombrinos. Los cures, que hasta pa tontus son bobus, no se talentaron y ficieron la tontuna eisa y pasaron por milagritos! Que esfotanza tenemos conliglesia!!!
    😂😂😂😂😂

  2. Jajaja, muy interesante. Dicen que el abogado era del turno de oficio porque a los delfines les reconocieron el beneficio de justicia gratuita

Los comentarios están cerrados.