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Durruti y el camino de los gitanos en el frente de Aragón

Buenaventura Durruti, con gorro cuartelero y chaqueta, rodeado de milicianos anarquistas ante un camión con las siglas de la FAI

En el verano de 1936, la columna de Buenaventura Durruti se encontró en Aragón con un campamento gitano. Durruti les hizo cambiar de ropa y los puso a construir un camino para una colectividad campesina de los Monegros. Lo cuentan dos testimonios recogidos por Hans Magnus Enzensberger en El corto verano de la anarquía (1972), y según uno de ellos los vecinos todavía lo llamaban «el camino de los gitanos».

La columna en el frente de Aragón

La Columna Durruti salió de Barcelona el 24 de julio de 1936, con unos 2500 milicianos anarquistas, para tomar Zaragoza. Tras un primer combate en Caspe, se detuvo a unos 22 kilómetros de la ciudad por miedo a quedar aislada. En agosto y septiembre apenas avanzó: tomó Pina de Ebro y Osera e instaló su cuartel general en Bujaraloz.

Con el frente parado, la columna se ocupó también de la retaguardia. Según el testimonio del anarquista Ricardo Sanz, Durruti fundó en los Monegros una colectividad agrícola de acuerdo con los campesinos y, como hacían falta comunicaciones en toda la región, organizó una brigada para construir caminos con voluntarios que no servían para el combate. Uno de esos caminos iba de Pina de Ebro, junto a la carretera de Lérida a Zaragoza, al aislado pueblo de Monegrillo.

El campamento gitano

El encuentro lo cuenta otro testimonio, el de Gastón Leval. Mientras avanzaba hacia Aragón, la columna dio con un campamento de familias gitanas que vivían al aire libre y cruzaban de un lado a otro sin preocuparse lo más mínimo de dónde estaba el frente. Aquello inquietaba a los milicianos: no se descartaba que pudieran servir de espías a Franco.

Durruti lo pensó y fue a verlos. Para empezar, les dijo, se cambiarían de ropa y vestirían como los milicianos, que llevaban monos pese al calor de julio. Los gitanos no se mostraron precisamente entusiasmados, pero vieron que Durruti no estaba para bromas y se cambiaron sin rechistar. Luego vino lo segundo: ya que llevaban ropa de trabajador, también podían trabajar. Los campesinos del lugar habían formado una colectividad y querían un camino que uniera su pueblo con la carretera principal, y a los gitanos se les dieron palas y picos.

Durruti iba de vez en cuando a ver cómo seguía la obra, y según Leval se alegró infinitamente de haber conseguido que los gitanos usaran las manos. «Allí está el señor Durruti», susurraban ellos con su acento andaluz, y levantaban el puño cerrado del saludo antifascista. Durruti, dice el testimonio, comprendía muy bien lo que querían decir con eso.

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Una maravilla o un castigo de Dios

Ricardo Sanz resume el episodio en una frase: lo que a algunos les pareció una maravilla, los gitanos lo llamaron «castigo de Dios». Durruti, añade, ayudaba a los campesinos siempre que podía: les prestaba los vehículos y tractores de la columna que no se usaban en el frente, y los camiones llevaban trigo, abono y agua a las cisternas.

Una guerra de payos

Para muchos gitanos, aquella era una guerra ajena. En La diferencia inquietante (1997), la antropóloga Teresa San Román recogió el testimonio de un gitano que temía a los dos bandos: si ganaban unos, los iban a echar de todas partes; si ganaban los otros, los matarían trabajando en una mina. Por eso, contaba, él y su compañero le cambiaban la banderita al burro según por dónde pasaban.

También hubo gitanos en las milicias. El cartelista Helios Gómez, gitano de Triana y militante de la CNT desde 1923, escribió que los había visto batirse como héroes en el frente de Aragón, en Bujaraloz y en Pina.

Helios Gómez y la Columna Durruti

Durruti murió en Madrid el 20 de noviembre de 1936. Helios Gómez se encargó de organizar en Barcelona el homenaje en su memoria, y en 1939 fue miliciano de cultura de la 26 División, la antigua Columna Durruti, donde dirigía el diario El Frente.

Vídeo: Durruti y su columna

Un repaso a la vida de Durruti en vídeo:

José Buenaventura Durruti, revolucionario

El nombre del camino

Según Ricardo Sanz, cuando Enzensberger reunió los testimonios para su libro, publicado en 1972, los habitantes de la zona seguían llamando a aquel tramo entre Pina de Ebro y Monegrillo «el camino de los gitanos».

Y si de revoluciones anarquistas se trata, la más pacífica de todas fue la que nunca existió: la que una emisión de radio de la BBC hizo creer a media Gran Bretaña en 1926. Y en la otra orilla de aquella España en guerra, la monja Ramona Llimargas aseguraba hablar con Franco y zurrarse con el demonio.

Lee también: Por qué se llama brazo de gitano: el origen del nombre y Goya contra Wellington: el día que el pintor estuvo a punto de apuntar al héroe de Waterloo

Fuentes consultadas

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