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La masía de Can Trilla, en el barrio de Gràcia de Barcelona, sede de las Hermanas de Jesús Paciente

Según su hagiografía, Franco la llamaba «la madre catalana». Ramona Llimargas, una monja de Vic que solo hablaba catalán, nunca lo vio en persona, pero aseguraba aparecérsele por bilocación para decirle que rezara, que ganaría la guerra y que no fuera a un banquete donde iban a envenenarlo. Fundó una congregación en una vieja masía de Gràcia, dicen que murió por quedarse con el cáncer de otra mujer y dejó un rosario con la marca de un mordisco del demonio.

Una infancia pobre en Vic

Ramona nació en Vic el 24 de marzo de 1892, hija de Andrés Llimargas, labrador, y de Rosa Soler, dedicada a la casa. En la familia la llamaban Nona. Fue la única que sobrevivió de ocho hermanos, la mayoría muertos de niños, y tuvo que superar la poliomielitis y la dislexia. Creció en la pobreza y con una madre que la trataba con dureza porque la consideraba poco agraciada y hasta inepta, aunque fue una niña precoz y despierta.

Encontró consuelo en la religión y en el convento franciscano de Vic, donde los frailes le tenían cariño. Fray Francisco Sedó, su primer padre espiritual, consiguió que, vista su pobreza, le dieran pequeños encargos como recadera de la comunidad. De pequeña ya la llamaban l’encantada por sus visiones, y según su congregación tenía siete u ocho años cuando se le apareció Cristo con la cruz a cuestas para decirle que sería fundadora.

La guerra, el obispo y los milicianos

Durante la Guerra Civil escondió en su casa al obispo de Vic, el mallorquín Joan Perelló, que ocupaba la sede desde 1927, hasta que pudo huir. Cuando se supo, un grupo de milicianos la detuvo con la intención de fusilarla.

La salvó una vieja deuda: años atrás había librado de morir asfixiado al hijo del jefe del grupo, y la perdonaron.

La monja que estaba en dos sitios a la vez

Según su hagiografía, desde muy joven tenía apariciones que le traían mensajes del más allá, y se le atribuye haber predicho la guerra. Pero su especialidad era la bilocación, estar en dos lugares a la vez, un fenómeno que la Iglesia atribuye a santos como san Antonio de Padua, el padre Pío o sor María de Jesús de Ágreda.

Ramona pasó la guerra en Vic, pero hubo quien aseguró haberla visto en las trincheras, y eso reforzó la fama de que podía estar en dos sitios al mismo tiempo.

La monja que le susurraba al dictador

Igual la veían en su masía de Calldetenes, cerca de Vic, que, a la misma hora, entrando sin avisar en el despacho de Franco en Burgos. Se encerraba a solas con el general para contarle los designios de la Providencia, y su presencia en el cuartel general era tan habitual que José María Pemán llegó a preguntarse si no sería santa Teresa de Ávila rediviva. Franco descartaba la idea por un detalle: la monja le hablaba en el catalán cerrado de Osona, y él la entendía, cuenta El País, gracias a sus nociones de gallego.

Según betevé, la televisión municipal de Barcelona, ella le decía que rezara mucho, que rezara el rosario y que no sufriera, porque ganaría la guerra. Él le habló de la estrategia de la batalla del Ebro, y ella le avisó de que no fuera a un banquete en Zaragoza porque iban a envenenarlo. También decía aparecerse a algunos militares republicanos, que no le hicieron mucho caso. Ya en la posguerra se presentaba en El Pardo sin anunciarse, y una vez que la llevaron en coche oficial a Madrid el chófer llegó con el coche vacío.

Can Trilla, la masía de Gran de Gràcia

El 26 de enero de 1940, Ramona y sus primeras compañeras se instalaron en la buhardilla de Can Trilla, una masía del número 177 de Gran de Gràcia, alquilada y en un estado lamentable. Allí nacieron las Hermanas de Jesús Paciente, dedicadas a cuidar gratis a enfermos pobres.

La masía está documentada desde 1728, y varias calles del barrio llevan nombres de la familia Trilla, que de 1813 a 1920 acogió en la casa a los franciscanos de Gràcia, cuyo convento había destruido la guerra del Francés. En 1893 fue sede de la Escuela Municipal de Artes y Oficios, cuando Gràcia, que fue municipio independiente hasta 1897, aún no era un barrio de Barcelona.

Fachada de Can Trilla, la antigua masía del número 177 de la calle Gran de Gràcia, en Barcelona
Can Trilla, en Gran de Gràcia. Foto: Enric (CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons)

Un cáncer ajeno y un «sí, continuaremos»

Ramona murió en Barcelona el 8 de octubre de 1940, nueve meses después de fundar la comunidad y en la más extrema pobreza. Según la leyenda, se quedó voluntariamente con el cáncer de mama de una madre de familia que estaba a punto de morir. En su lecho de muerte preguntó a las hermanas si seguirían adelante; ante el silencio de las demás, contestó la última en llegar, María Luisa Vidal, una joven de Xàtiva: «Sí, continuaremos». Ella dirigió la obra, que la Iglesia aprobó en 1943, y en 1956 el dueño de la casa se la dejó en herencia.

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Un rosario mordido por el diablo

Contra las normas de higiene de la ciudad, a Ramona se la enterró en la capilla de la masía, y es de las pocas barcelonesas que no descansan en un cementerio municipal. Una lápida negra marcaba su tumba en la cripta, junto a un pequeño museo con sus objetos, entre ellos un rosario con la marca de un mordisco del demonio, recuerdo, según la leyenda, de una pelea encarnizada. Algunas fuentes dicen que sus restos están allí desde 1988; María Luisa Vidal, que murió en 1981, está enterrada a su lado.

Con los años, hubo quien aseguró haberla visto en la capilla pidiendo oraciones.

Vídeo: el enigma de Ramona Llimargas

El canal Milenarios ON repasa en este vídeo la vida y los prodigios atribuidos a la monja de Gràcia:

El enigma de Ramona Llimargas || #MISTERIO

Un caserón cerrado

Hacia 2023, cuando solo quedaban cuatro o cinco monjas, la comunidad cerró el convento. En marzo de 2026, Time Out describía un caserón abandonado y cayéndose a pedazos, con un crucifijo sobre la puerta y una acera que los transeúntes evitan aunque es más ancha que la de enfrente. Nadie supo aclarar al periodista si los restos de la monja siguen dentro.

No es la única religiosa con leyenda propia: en Moret, una monja negra hizo correr rumores por Versalles, y Catalina de Erauso, la monja alférez, se escapó del convento para hacerse soldado.

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Fuentes consultadas

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