Aledo no parece, de entrada, el lugar donde uno espera encontrarse con una historia de semejante calibre.
Póngase en situación: carretera polvorienta, sol de justicia y, a lo lejos, encaramado sobre una colina, un pequeño pueblo murciano entre chicharras, huertas, campanas y recuerdos de otra España. El viajero, desprevenido, piensa que le espera una jornada tranquila, quizás un paseo por el castillo árabe, una tapa de zarangollo y vuelta a casa. Pero no. Lo que le espera es una experiencia mística, entre lo sagrado y lo cañí, con tintes de esperpento celtíbero.
Bienvenidos a Aledo, el pueblo murciano que acabó colocando a Manuel Fraga en un retablo.
Sí, ese Fraga. El mismo que creaba leyes de prensa en blanco y negro, el del bañador de Palomares y, ya en la vejez, el que presidía la Xunta como un patriarca galaico. Ese mismo, versión rejuvenecida y beatífica, se yergue en el retablo mayor de la iglesia de Santa María La Real de Aledo, compartiendo protagonismo con vírgenes, santos y querubines.
Y todo esto sin pasar por Roma, Santiago ni por el BOE.

Bienvenido, Mister Fraga
Los datos son escuetos, casi esquivos, pero el relato, jugoso. Retrocedamos a los años sesenta. España, bajo la amable sombra del desarrollismo franquista, vivía una modernización al estilo campestre: un tractor por pueblo, luz eléctrica y, con suerte, un consultorio médico. En esas andaba Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo, inmerso en plena gira por la piel de toro. Tocó en Aledo en 1963, cuando fue padrino de la coronación de la Virgen del pueblo. Y, como si fuera Papá Noel con el maletero lleno de pesetas, dejó asfaltadas las calles, algunas viviendas sociales y, lo que más se recuerda: un manto bordado para la Virgen del pueblo.
El cura de entonces, emocionado hasta el alzacuellos, decidió que tal gesto merecía más que una placa. Encargó un retablo donde, entre dorados barrocos y azules celestiales, aparece Fraga en pleno acto de generosidad textil. Nada de simbolismos: el exministro está ahí, con cara de seminarista de posguerra, entregando el manto al párroco.
Milagro no se le atribuye, pero en aquellos años de vacas flacas, aquello fue poco menos que un prodigio.
Iconografía del tardofranquismo: Fraga entre ángeles
El resultado no deja indiferente a nadie. Turistas, feligreses y curiosos que entran en la iglesia esperando un poco de gótico levantino o renacimiento popular se topan con esta cápsula del tiempo del desarrollismo. No es que el arte sacro esté reñido con lo terrenal, pero esto es otra cosa.

Aquí ya se cruza una línea: Fraga elevado a los altares, barnizado y con toda la solemnidad de la ocasión. Aunque, llamativamente, se parece más a Torrente que al propio Fraga.
El sacristán, Don Francisco, que lleva más de cuarenta años en este negociado de abrir y cerrar la iglesia, lo explica con ese tono de quien ha tenido que contar la historia más veces de las que le gustaría:
“No se parece na de na, pero sí, es él”.
Y hay que creerle. Porque, en el fondo, lo importante no es el parecido físico, sino la intención: eternizar al político benefactor en el mismo espacio donde se reza el rosario.
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Fraga, con calle y altar en Aledo
En Aledo vivían entonces apenas un millar de habitantes, pero tenían una avenida Fraga Iribarne, señal de la huella que Don Manuel dejó en el pueblo. Uno de esos milagros del folclore patrio: el culto civil que se cuela en el ámbito sacro con toda naturalidad.
En 2007, según contaban los vecinos, el nuevo párroco, algo más moderno que su predecesor, planeaba retirarlo, o al menos darle otro destino más… museístico. No lo hizo: en 2012, cuando murió Fraga, el político seguía en su retablo.
El Ayuntamiento optó por ponerse de perfil y, entre el estupor y la diplomacia, no se mojó: «No hemos recibido ningún pronunciamiento, ni a favor ni en contra, pero, llegado el caso, podríamos ceder un espacio en el museo para el retablo», explicaba el teniente de alcalde.
Del Partido Popular, para más señas.
Mezclar fe y política tampoco es invento nuestro: en la China de Mao llegaron a sacar en procesión réplicas de cera de unos mangos regalados por el Gran Timonel.
Para quien quiera asomarse sin viajar hasta Murcia, este vídeo recorre la iglesia de Santa María la Real de Aledo:
Fuentes consultadas
- La Voz de Galicia. (2007, 15 de enero). Fraga, en un altar de Murcia. https://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2007/01/15/fraga-altar-murcia/0003_5457608.htm
- Religión Digital. (2012, 17 de enero). Manuel Fraga sube a los altares en Aledo. https://www.religiondigital.org/diocesis/Manuel-Fraga-sube-altares-Aledo_0_1319568083.html
- Descubriendo Murcia. (2014, 23 de septiembre). Manuel Fraga elevado a los altares en Aledo. https://www.descubriendomurcia.com/manuel-fraga-elevado-los-altares-en-aledo/
- Xunta de Galicia. (s. f.). Todos os presidentes da Xunta de Galicia: Manuel Fraga Iribarne. https://www.xunta.gal/es/todos-os-presidentes
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Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto.Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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