José Ramírez Padilla, ventero de 72 años en la carretera de Almería a Berja, llevaba media vida enemistado con Diego López Gómez. Una mañana de enero de 1884 apareció muerto a tiros junto a su cortijo. Por el crimen acabaron en el banquillo López y sus siete hijos, con otros tres acusados, entre ellos un guarda de consumos llegado de Granada. En noviembre de 1885, la Audiencia de Almería condenó al guarda y al patriarca a cadena perpetua.
Una escopeta con los dos cañones cargados
Ramírez vivía en la venta que llevaba su apellido, a unos dos kilómetros de la ciudad, cerca de su cortijo de El Balsón. Según el proceso, el 11 de enero salió al amanecer para sembrar patatas, con la escopeta al hombro: su familia contó que los López habían jurado matarlo. Algunas crónicas actuales lo sitúan en febrero.
Hacia las diez, dos hijos suyos que subían con la simiente lo encontraron en el barranquillo de San Telmo, boca abajo sobre unas chumberas y con unas tijeras de podar en la mano. Un vecino, Antonio Hernández Soler, pastor según la prensa de hoy, avisó a la Guardia Civil. Le habían disparado por la espalda mientras cortaba unas matas. Su escopeta seguía con los dos cañones cargados.
Los Capuletos y Montescos de Almería
El cuaderno de Procesos célebres que recogió el caso en 1886 comparaba a las dos familias con los Capuletos y los Montescos. La sentencia habló de «disgustos desde su juventud» entre López y Ramírez, que pasaron a los hijos y acabaron en choques a mano armada. Ramírez denunció las amenazas ante el gobernador civil y el juez. Un empleado de consumos, Víctor Sola Vico, declaró que López le había pedido varias veces que esperase al ventero en el camino del cortijo y le pegara un tiro.

El libro retrata a Ramírez como un anciano caritativo que, de paso, se dedicaba a la «introducción fraudulenta de artículos de consumo»: metía mercancía en la ciudad sin pagar el impuesto que gravaba lo «de comer, beber y arder» y se cobraba en los fielatos. Enfrente estaban los López. Dos hijos de Diego, Juan Diego y Diego López Rubio, eran cabos del Resguardo de consumos, los guardas de ese impuesto, y repartían los turnos.
Un guarda que hacía la ronda solo
En mayo de 1883 llegó desde Albuñol Antonio Moreno Martín, alias Polopos por su pueblo natal, también en la costa granadina. Venía tan pobre que, según la Audiencia, cambió su sombrero por el de un espantapájaros de las tierras de Ramírez. El arrendatario de consumos lo admitió con dos pesetas diarias y los cabos López lo pusieron a vigilar junto a la venta. Pronto estrenó ropa y manta. Hacía la ronda solo y era el único guarda que comía y bebía con Ramírez; a los demás se les prohibía hasta pedirle agua.

Dos testigos lo habían visto agazapado con la escopeta entre las chumberas del cortijo; dijo que esperaba a un conejo. La mañana del 11 se afeitó la barba y lo achacó al calor, en pleno enero. Y pocos días antes había preguntado al alguacil del juzgado qué pena caía por matar a un hombre.
«¡Qué buen sitio para matar a uno!»
El juicio oral y público, con la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882 aún reciente, empezó el 9 de noviembre de 1885 ante una sala tan llena que hubo que dejar gente fuera. El fiscal pidió la muerte para Moreno y Diego López. Según el cronista del libro, el público celebraba cada cargo y el presidente, Carlos Halcón, tuvo que imponer silencio. Del propio Moreno, el cronista recogió que el indicio más grave contra él era su figura.
La frase más inquietante la aportó el cabo de carabineros José Araus Martín. Pocos días antes del crimen, contó, recorrió el terreno con Moreno y otro hombre, y en el sitio exacto el guarda soltó: «¡Qué buen sitio para matar a uno!». Según la defensa, el tercer hombre era el propio Ramírez; el abogado Teobaldo Fernández replicó que, de ser cierto, Moreno no podía ser el asesino. Víctor Sola añadió que aquella mañana oyó a Francisco López decir a su padre «Ya se ha hecho aquello», y que el viejo contestó «Calla».
Fernández advirtió a la Sala contra el rumor público con el caso de Jean Calas, ejecutado en Toulouse en 1762 y declarado inocente en 1765, y con otro más cercano. Con los López presos, una comadre del barrio aseguró que uno tenía a una joven emparedada en casa y que se oían sus gritos. La calle se llenó de curiosos y el juez acudió con guardias civiles a liberarla. Encontraron un gato sobre una silla y un perro que ladraba en la azotea.
Dos cadenas perpetuas y un recurso
La sentencia, del 27 de noviembre de 1885, dio por probado mediante indicios que Moreno disparó y que Diego López lo indujo, y condenó a ambos a cadena perpetua. Juan Diego, Diego y Luis López Rubio recibieron quince años de cadena temporal, y Francisco, que tenía antecedentes, diecisiete años, cuatro meses y un día. Salieron absueltos tres de los hermanos, un cuñado de Diego y el arrendatario de consumos. La defensa preparó recurso de casación, y ahí termina el libro.
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La Almería del siglo XIX, en vídeo
Para situar el caso, el Instituto de Estudios Almerienses cuenta en este documental, con el historiador Andrés Sánchez Picón, cómo nació en el primer tercio del siglo XIX la provincia en la que se juzgó a los López.
La venta junto al camino y el forastero con escopeta dan al caso un aire de western: ochenta años después, Almería prestaría su desierto a Sergio Leone, y los figurantes anónimos de Tabernas, las caras. Pero el proceso de los López fue crónica negra real, seguida hasta en la prensa de Madrid, como poco antes el del Sacamantecas de Vitoria, ejecutado en 1881.
Fuentes consultadas
- José María Muñoz (Procesos célebres. Crónicas de tribunales españoles, cuaderno XVI), Proceso de los López por asesinato de José Ramírez Padilla (Almería), Madrid, Imprenta de la Revista de Legislación; ejemplar de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla en Internet Archive (1886) https://archive.org/details/BRes061091
- José Ángel Pérez, «El crimen de la Venta Ramírez, el caso más antiguo de los últimos dos siglos», La Voz de Almería (2022) https://www.lavozdealmeria.com/sociedad/217920/crimen-venta-ramirez-caso-antiguo-ultimos-dos-siglos.html
- Real Decreto de 14 de septiembre de 1882 por el que se aprueba la Ley de Enjuiciamiento Criminal, Boletín Oficial del Estado (texto consolidado) https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1882-6036
- Wikipedia, Impuesto de consumos https://es.wikipedia.org/wiki/Impuesto_de_consumos
- Wikipedia, Fielato https://es.wikipedia.org/wiki/Fielato
- Wikipedia, Polopos (Granada) https://es.wikipedia.org/wiki/Polopos_(Granada)
- Wikipedia, Albuñol https://es.wikipedia.org/wiki/Albu%C3%B1ol
- Wikipedia, Jean Calas https://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Calas
- Wikipedia, Juan Díaz de Garayo https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_D%C3%ADaz_de_Garayo
- Wikipedia, Desierto de Tabernas https://es.wikipedia.org/wiki/Desierto_de_Tabernas
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Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El Café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto. Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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