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Dolly Oesterreich, la mujer que escondió a su amante en el ático durante diez años

Retrato en blanco y negro de Dolly Oesterreich con sombrero cloché, collar de perlas y estola de piel de zorro

Durante una década, el marido de Walburga «Dolly» Oesterreich durmió debajo del amante de su mujer sin saberlo. Otto Sanhuber vivía en el ático de la casa, primero en Milwaukee y luego en Los Ángeles, hasta que en agosto de 1922 oyó una pelea, bajó con dos pistolas y mató a Fred Oesterreich. El crimen quedó como un robo sin resolver hasta 1930, cuando otro amante de Dolly contó a la policía lo que sabía.

Una máquina de coser estropeada

Fred Oesterreich fabricaba delantales en Milwaukee y tenía fama de hombre seco y bebedor. Dolly, hija de inmigrantes alemanes, había trabajado de niña en su fábrica y se había casado con él a los 17 años. En 1913 llamó a la empresa porque se le había estropeado la máquina de coser, y Fred mandó a casa a uno de sus mecánicos, Otto Sanhuber, un chico de 17 años. Según Los Angeles Times, Dolly le abrió la puerta con una bata de seda, medias y perfume, y poco más.

Aquella reparación se alargó diez años. Otto se instaló en el ático, al que se subía por una trampilla en el techo del armario del dormitorio. A los vecinos que lo veían alguna vez, Dolly les decía que era su medio hermano, un vagabundo.

La vida en el ático

De día, con Fred en la fábrica, Otto bajaba, ayudaba con la casa, hacía ginebra casera en la bañera y pasaba tiempo con Dolly. De noche leía novelas de misterio a la luz de una vela y escribía relatos de aventuras y de amor que soñaba con publicar en las revistas pulp. Llegó a vender algunos y con lo que ganó se compró una máquina de escribir.

Fred empezó a dudar de su cordura: oía ruidos arriba, le desaparecían los puros y algunas noches veía sombras junto a la puerta del dormitorio.

En 1918 el matrimonio se mudó a Los Ángeles. Dolly eligió una casa con ático en Silver Lake, que hoy sigue en pie convertida en apartamentos, y Otto se instaló arriba antes de que llegaran ellos.

Tres disparos y un armario cerrado

La noche del 22 de agosto de 1922, Fred y Dolly volvieron a casa discutiendo. Otto oyó los gritos, pensó que ella estaba en peligro y bajó con dos pistolas del calibre 25. Fred reconoció al antiguo mecánico de su fábrica, se lanzó contra él y en el forcejeo recibió tres disparos. Murió en la casa.

Otto encerró a Dolly en un armario, tiró la llave y volvió al ático. Cuando llegó la policía, avisada por un vecino, ella contó que un ladrón había matado a su marido y se había llevado su reloj de diamantes. El detective desconfió, porque Dolly juró que nunca discutían y nadie supo explicar cómo se había encerrado sola. Pero no había pruebas, y el asesino seguía arriba.

Un reloj, dos pistolas y otros amantes

Dolly se mudó a otra casa cercana, también con ático, y Otto con ella. La viuda empezó una relación con su abogado, Herman Shapiro, y le regaló un reloj de diamantes. Shapiro reconoció en él el que el supuesto ladrón se había llevado; Dolly le explicó que lo había encontrado debajo de un cojín.

Con otro amante, el empresario Roy Klumb, fue más lejos: le pidió que se deshiciera de una pistola parecida a la del crimen. Klumb la tiró a los pozos de brea de La Brea. A un vecino le contó la misma historia, y este enterró la segunda pistola en su jardín, bajo un rosal. Cuando Dolly cortó con Klumb, él fue a la policía. El 12 de julio de 1923 encontraron el arma junto a la brea y la detuvieron, pero las dos pistolas estaban tan oxidadas que no se pudo saber si eran las del crimen.

Lago de brea de La Brea con réplicas de mamuts y palmeras, en Los Ángeles
Los pozos de brea de La Brea, en Los Ángeles, donde acabó una de las pistolas. Foto: Downtowngal, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Desde la cárcel, Dolly pidió a Shapiro que llevara comida a su «hermano» y que diera unos golpes en el techo del armario para que bajara. Otto salió, necesitado de conversación, y le contó al abogado sus diez años en el ático. Shapiro le dio un ultimátum y Otto se fue a Canadá, donde se cambió el nombre por el de Walter Klein y se casó. Los cargos contra Dolly se retiraron y el abogado se fue a vivir con ella. Al piso de abajo, no al ático.

Recorte de la portada del Glendale Evening News del 25 de julio de 1923 con la noticia «Oesterreich’s Widow Faces Murder Charge»
La noticia de la acusación contra la viuda de Oesterreich (a la izquierda) en la portada del Glendale Evening News del 25 de julio de 1923. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

El juicio del Hombre Murciélago

En 1930, después de siete años de relación tormentosa, Shapiro dejó a Dolly y contó a las autoridades todo lo que sabía. Otto, que había vuelto a Los Ángeles, fue detenido y acusado de asesinato; Dolly, de conspiración. Los periódicos lo llamaron el caso del «Hombre Murciélago» por la vida casi de cueva que Otto había llevado entre vigas, nueve años antes de que naciera el Batman de los cómics.

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Otto confesó y luego se retractó en el juicio, y su defensa sostuvo que Dolly lo había tenido esclavizado. El jurado lo declaró culpable de homicidio involuntario, pero el delito ya había prescrito y salió libre a los 43 años. En el juicio de Dolly, el célebre abogado Jerry Giesler consiguió que el jurado no se pusiera de acuerdo, y la acusación se retiró definitivamente en 1936.

Final en Los Ángeles

Dolly vivió el resto de su vida en Los Ángeles y murió en 1961, menos de dos semanas después de casarse con Ray Bert Hedrick, su compañero durante treinta años. De Otto no se volvió a saber gran cosa. Su historia inspiró la comedia The Bliss of Mrs. Blossom (1968), con Shirley MacLaine, y el telefilme The Man in the Attic (1995), con Anne Archer y Neil Patrick Harris.

En la historia de los matrimonios con trampa, Dolly comparte estantería con Martin Guerre, el marido que resultó ser otro, y con Giovanni Vigliotto, que se casó más de cien veces sin necesitar un ático.

El caso de Dolly Oesterreich, en vídeo

La divulgadora Estela Naïad repasa el caso en este vídeo en español.

EL HOMBRE DEL ÁTICO, el Caso de Dolly Oesterreich (10 AÑOS Encerrado) | Estela Naïad

Dura unos veinte minutos.

Fuentes consultadas

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