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Un opositor llamado Boris Vishnevsky al que empezaron a salirle clones

En la política rusa reciente, la idea de “competencia electoral” ha desarrollado una flexibilidad casi acrobática. Uno de los casos más llamativos tuvo como protagonista a Boris Vishnevsky, veterano opositor, rostro visible del partido liberal Yábloko y diputado en la Asamblea Legislativa de San Petersburgo desde 2016.

Yábloko
Yábloko

De cara a las elecciones de septiembre de 2021, Vishnevsky se preparaba para renovar su escaño en un distrito de San Petersburgo. Para alguien acostumbrado a denunciar irregularidades y maniobras turbias del poder, aquello prometía ser un trámite más.

Pero la campaña empezó a torcerse. En su circunscripción ocurrió algo que rozaba el esperpento. Los Borises comenzaron a multiplicarse. No uno, ni dos, sino tres candidatos con idéntico nombre y apellido. El auténtico y dos dobles casi indistinguibles, como si le hubieran salido clones con su mismo nombre de la noche a la mañana.

No se trataba de un descuido tipográfico. Era una estrategia ejecutada con precisión quirúrgica. No olvidemos que estamos en Rusia.

Cuando tres Boris Vishnevsky aparecen en las papeletas

Quien acudía a votar se encontraba con una papeleta que exigía algo más que buena memoria. Allí aparecían, alineados, tres hombres de parecido inquietante: calvos, con barba corta y el mismo nombre impreso bajo la foto.

Uno era el verdadero Vishnevsky, ya consolidado como figura de la oposición. Los otros dos, en cambio, tenían perfiles mucho más modestos: un funcionario cercano al entorno de Rusia Unida y un comercial de un taller mecánico. Ambos habían cambiado legalmente su nombre poco antes de las elecciones. No por admiración política, sino con un objetivo bastante más práctico: confundir al votante y fragmentar el voto opositor.

Boris Vishnevsky
Tres Borises alineados, el jackpot ruso.

El planteamiento era tan sencillo como perverso. Si la ciudadanía identifica al rival del Gobierno por su cara y su nombre, la respuesta consiste en inundar la papeleta con duplicados.

Barbas clónicas, entradas estratégicas y retoque fotográfico

Ajustaron también el vestuario y, por si quedaban dudas, aparecieron sospechas de retoques en las fotografías para imitar incluso las entradas del pelo. El objetivo era sencillo: que, de un vistazo rápido, todos parecieran el mismo hombre repetido.

La papeleta acabó pareciendo un casting de saldo: tres rostros casi calcados, misma barba, misma calva, misma expresión. Distinguir al auténtico requería más atención de la que muchos votantes estaban dispuestos a conceder. Y ahí residía la trampa: elegir al Boris equivocado resultaba demasiado fácil.

El Vishnevsky real protestó ante la comisión electoral. Solicitó que se hicieran públicos los nombres originales de sus dobles, como permite la ley. La respuesta fue negativa, sin demasiados rodeos.

Desde la Comisión Electoral Central se calificó el episodio de “vergonzoso” y se prometieron reformas. Llegaron tarde, como suele ocurrir cuando el problema ya ha cumplido su función.

El resultado en las urnas: el truco cumple su función

Las votaciones se celebraron entre el 17 y el 19 de septiembre de 2021. En el distrito donde se presentaba Vishnevsky, el candidato de Rusia Unida, Serguéi Soloviov, obtuvo algo más del 34 % de los votos, mientras que el Vishnevsky auténtico se quedó en torno al 23 %.

Los dos “clones” no estaban ahí para ganar. Su función era otra: restar apoyos al candidato real. Bastaba con que captaran unos pocos votos por confusión para debilitarlo. En Rusia, este tipo de candidatos —conocidos como señuelo— se habían convertido ya en una práctica habitual dentro del juego electoral.

Boris Vishnevsky
Uno de los memes que dieron la vuelta al mundo

Tras los comicios, los imitadores recuperaron sin pudor sus nombres originales, como actores que regresan al camerino después del último acto. El único que mantuvo su identidad –y su carrera política– fue el Vishnevsky genuino.

El “candidato clon” como deporte de contacto electoral

El episodio de San Petersburgo no fue un caso aislado. En las legislativas rusas de 2021 se registraron más de una veintena de imitadores cuidadosamente diseñados: personas con apellidos semejantes, biografías replicadas o un aspecto meticulosamente adaptado para confundirse con opositores reales. Un auténtico catálogo de dobles políticos con vocación de desconcierto.

La técnica se aprovecha de un hecho simple: la memoria del votante suele retener mejor un nombre o una cara que un programa político completo. Si se multiplica ese nombre, si se reproducen barbas y calvas, si se construyen dobles casi creíbles, el proceso electoral deja de ser un ejercicio de elección racional y se transforma en un campo minado.

El caso de los tres Borises dio la vuelta al mundo. La papeleta, con su desfile de candidatos indistinguibles, se convirtió en una imagen perfecta de cómo la política rusa puede permitirse ciertos excesos sin despeinarse.

Desde la distancia, la escena roza lo absurdo: tres hombres casi idénticos compitiendo entre sí, mientras el votante trata de acertar quién es quién. Más que elegir, parece disparar a ciegas.


Fuentes consultadas

Este artículo ha sido escrito por Fernando Muñiz, editor de El Café de la Historia, un blog dedicado a rescatar episodios curiosos, insólitos y poco conocidos del pasado. Puedes saber más sobre el autor o explorar las historias más sorprendentes en el archivo del blog.

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