Saltar al contenido

El maestro Juan Martínez que estaba allí: el flamenco que bailó sobre los escombros del siglo XX

Retrato en blanco y negro de Manuel Chaves Nogales, sentado, junto a su mujer, Ana Pérez Ruiz, en Madrid hacia 1923

Cuando los bolcheviques tomaron el poder en Moscú, en el otoño de 1917, a Juan Martínez lo pillaron bailando en un cabaret, vestido de corto y con una copa de champán. Era un bailaor español que había llegado a Rusia de gira con su mujer, Sole, y que en los cuatro años siguientes pasaría hambre, haría de contorsionista en un circo y sobreviviría a las matanzas de Kiev. Años después se lo contó todo a Manuel Chaves Nogales en París, y de ahí salió El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934), una de las grandes crónicas del periodismo español.

Chaves Nogales lo publicó primero en la revista Estampa, en veintisiete entregas entre el 17 de marzo y el 15 de septiembre de 1934, con fotos del propio Juan y de Sole vestidos de bailaores. Durante décadas fue un libro casi olvidado. Hoy se considera una de las mejores crónicas que se han escrito sobre la Revolución rusa.

Un bailaor de Burgos (o de Cartagena)

En 1914, el flamenco vivía mejor en París que en España, y Montmartre era, en palabras de Chaves Nogales, «la sede de la flamenquería». Por sus cuestas andaban Juan y Sole cuando consiguieron un contrato para bailar en Turquía. El 26 de junio de 1914 salieron hacia Constantinopla. Faltaban cuarenta días para la guerra mundial.

El libro pinta a Sole como «una moza de pueblo alegre y bonita como una onza de oro», y a Juan, como un «granujilla madrileño y castizo, con arrequives de pillo de playa andaluz». Para ser de Burgos, el acento le salía de todas partes menos de Castilla.

De Montmartre a Constantinopla

En Constantinopla bailaban en los locales de Pera, el barrio europeo de la ciudad. En noviembre de 1914, el Imperio otomano entró en la guerra del lado de Alemania, las calles se llenaron de oficiales alemanes y un bailaor extranjero empezó a parecer sospechoso. El segundo capítulo del libro se titula, sin más rodeos, «Tú eres un espía».

Con la guerra, en Turquía empezó a faltar de todo, y en 1916 la pareja cruzó Bulgaria y Rumanía y entró en Rusia por Odesa, huyendo del hambre. Iban a buscar tranquilidad al país que estaba a punto de quedarse sin ella.

Del palacio al cabaret de Moscú

La Rusia de 1916 aún tenía zar y aún tenía fiestas. En una velada aristocrática, Juan y Sole llegaron a bailar ante los zares, y allí tuvo Juan su primer choque con el poder: al gran chambelán le parecieron indecentes sus pantalones ceñidos de bailaor y le obligó a salir con unos de frac. «¡Quién ha visto bailar el bolero con fondillos en los pantalones, señor!», se quejaba él.

La revolución de febrero de 1917 los sorprendió en Petrogrado. La de octubre, en Moscú, y Juan la recordaba así: lo cogió «vestido de corto, bailando en el tablado de un cabaret y bebiendo champaña a todo pasto». Pronto iba a bailar por un mendrugo de pan.

Con la guerra civil fueron de Moscú a Kiev, a Gómel y otra vez a Moscú, y Juan aprendió a ganarse la vida con lo que hubiera: fue comisario de abastecimientos, contorsionista de circo y animador de veladas bolcheviques. Los títulos de los capítulos dan una idea del ambiente: «Así mataba la Checa», «El japonés Masakita, malabarista y verdugo» o «Cuando era más difícil comer que hacerse millonario».

No eran los únicos artistas atrapados allí. Por el libro pasan las hermanas Ramírez, la Catalanita o el payaso Antonio Pérez, que actuaba como Zerep (pruebe a leerlo al revés), gente de cabaret de carne y hueso a la que la revolución pilló trabajando. Juan Martínez es una especie de Forrest Gump flamenco: no cambia la Historia, pero la atraviesa entera.

DEL BLOG AL LIBRO

¿Creías que esto era extraño? Es porque todavía no conoces nuestro libro.

Más de 300 páginas de historias reales que parecen inventadas: personajes extravagantes, decisiones absurdas y episodios que cuesta creer que ocurrieran.

📖 Entrar en Mundo Estrambótico →

Tapa blanda · Tapa dura · Kindle

Kiev, donde pasaron lo peor, cambió de manos más veces que un sombrero en un espectáculo de magia, y cada cambio de bando traía su ración de fusilamientos. Sole y Juan sobrevivían bailando y vendiendo lo que tenían, con la flema de quien piensa que, si no ha muerto aún, probablemente no es su hora.

La fuga

En 1921, después de cuatro años de hambre, la pareja consiguió salir por el mar Negro hacia Turquía. De allí pasaron a Grecia y, por fin, volvieron a París y a los escenarios de siempre.

¿Existió de verdad Juan Martínez?

Estampa vendía el folletín como un «testimonio auténtico y en todas sus partes veracísimo» y lo ilustraba con «fotografías reales», por si el lector se ponía escéptico. No todo el mundo se lo cree. Xavier Albertí, que lo llevó al teatro en 2024, piensa que el bailaor es «una creación puramente ficcional» de Chaves Nogales, aunque admite que «seguramente» hubo alguien que vivió algo parecido.

La pista más concreta la da María Isabel Cintas Guillén, la gran estudiosa de Chaves Nogales. Según ella, que se apoya en el investigador José Gelardo Navarro, el Juan Martínez real no era de Burgos: habría sido un flamenco de Cartagena, compañero de Antonio Grau Dasset, a su vez discípulo del transformista Frégoli, y con café cantante propio en la rue Lepic de París.

Página de la revista Estampa de 1934 con el folletín «El maestro Juan Martínez que estaba allí», de Manuel Chaves Nogales
La revista Estampa anuncia en 1934 el folletín de Chaves Nogales. En la foto grande, Juan Martínez y Sole bailando. Imagen: Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España

Chaves lo conoció en 1930 en el Cabaret Sevilla de Montmartre, cuando preparaba un reportaje sobre los flamencos de París. Sabía de lo que le hablaban: hacia 1928 había volado hasta la Rusia soviética para contarla. Vio enseguida que aquello era un testimonio excepcional y lo escribió casi como se lo contaron.

Chaves Nogales, el libro y el teatro

Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897 – Londres, 1944) fue uno de los grandes periodistas españoles de su tiempo: reportero de raza, subdirector del diario Ahora y autor de libros como Juan Belmonte, matador de toros (1935) o A sangre y fuego (1937). Liberal sin partido, incómodo para unos y para otros, se exilió en 1936, primero en París y después en Londres, donde murió con solo 46 años.

Su obra pasó décadas en el olvido hasta que, en 2007, la editorial Libros del Asteroide reeditó El maestro Juan Martínez que estaba allí; fue, además, el primer libro de un autor español de su catálogo. Aquella reedición fue el principio de la recuperación de Chaves Nogales, hoy reconocido como un clásico del periodismo.

La historia ha saltado también a los escenarios. En 2024, Miguel Rellán se convirtió en Juan Martínez en un montaje dirigido por Xavier Albertí y estrenado en el Teatro de la Abadía de Madrid. Albertí, por cierto, sospecha que el bailaor es una «creación puramente ficcional» de Chaves Nogales.

Así presentaba la historia el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria:

04 EL MAESTRO JUAN MARTINEZ

Bailar mientras cae el mundo

Sobre el final de Juan y Sole no hay casi nada seguro. Cintas Guillén cuenta que acabaron volviendo a España, donde ya no quedaba ni rastro de la ilusión que los había sostenido en Rusia. De Sole sabemos poco más de lo que cuenta el libro, y su pista, como la de tantos secundarios de la Historia, se pierde con la de él.

Lo que queda es la imagen de un bailaor, de Burgos o de Cartagena, que atravesó media Europa en guerra sin dejar de taconear y que acabó contándoselo todo a un periodista sevillano en un cabaret de París.

El cañonazo que dio la señal del asalto al Palacio de Invierno salió del crucero Aurora, el mismo que en 1904 había sido cañoneado por error por su propia flota camino de Japón. La Revolución de Octubre, por cierto, fue en noviembre para el resto del mundo: Rusia seguía con el calendario juliano, el mismo al que Suecia volvió en 1712 inventándose un 30 de febrero. Y Juan y Sole no fueron los únicos bailarines españoles con vida de novela: la malagueña Anita Delgado pasó de bailar en el Kursaal de Madrid a princesa de Kapurthala.

Fuentes consultadas

Siguiente historia

Amanda Feilding sonriente, con chaqueta vaquera y pendientes largos, durante una conferencia en 2011Gente que hizo historia (muy a su pesar)Amanda Feilding y el noble arte de agujerearse la cabezaUn domingo de diciembre de 1970, una estudiante inglesa de 27 años se puso delante de un espejo y se hizo un agujero en la frente con un taladro de dentista. Su…Leer la siguiente historia →
No te pierdas la próxima historia

Cada semana publicamos una nueva historia. Recíbela gratis en tu correo.

Cada semana, historias insólitas para mentes curiosas

Quién escribe