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El 30 de febrero de 1712: el día que Suecia tuvo que inventarse para arreglar su calendario

Retrato de Carlos XII de Suecia joven, con coraza oscura y manto de armiño, pintado por David von Krafft

En los almanaques suecos de 1712, febrero no se acaba el día 29. Sigue uno más, el 30, el único que ha aparecido de verdad en un calendario oficial. Detrás hay un plan muy sensato de 1699 para pasarse al calendario gregoriano sin sobresaltos, saltándose los años bisiestos durante cuarenta años, y una guerra que hizo que nadie se acordara de seguirlo. Cuando alguien se dio cuenta, el calendario sueco no coincidía con el de nadie, y Carlos XII lo arregló de la única forma que quedaba: dándole a febrero un día que no existía.

Del calendario juliano al gregoriano

El calendario que usaba Europa lo había impuesto Julio César en el siglo I antes de Cristo: años de 365 días y uno bisiesto cada cuatro. El problema es que el año solar dura unos once minutos menos de lo que suponía el calendario juliano y, a fuerza de siglos, esos minutos se fueron acumulando. En el XVI, el equinoccio de primavera caía diez días antes de lo que marcaba el calendario y a la Iglesia se le descuadraba la Pascua.

El papa Gregorio XIII zanjó el asunto en 1582 con una bula, Inter gravissimas, y una regla nueva: son bisiestos los años divisibles entre cuatro, salvo los que terminan en 00, que solo lo son si se pueden dividir entre 400. Por eso 1700, 1800 y 1900 no fueron bisiestos y 2000 sí. Para recuperar los días perdidos, además, había que borrar diez del calendario de un plumazo.

Retrato del papa Gregorio XIII sentado, con barba blanca, muceta roja y solideo
Gregorio XIII, el papa que dio nombre al calendario gregoriano, retratado por Lavinia Fontana (dominio público).

España, Portugal y buena parte de Italia lo hicieron ese mismo octubre: al jueves 4 le siguió el viernes 15. Francia se puso al día en diciembre. Los países protestantes y ortodoxos, que no tenían ninguna prisa por obedecer a un papa, se lo tomaron con calma: Gran Bretaña y sus colonias cambiaron en 1752, Rusia en 1918 y Grecia en 1923. Arabia Saudí se pasó al calendario gregoriano para pagar los sueldos públicos en 2016.

Los diez días que nunca existieron

El salto dejó fechas muy raras. Santa Teresa de Jesús murió en Alba de Tormes la noche del 4 de octubre de 1582, justo cuando España estrenaba el calendario nuevo. La enterraron al día siguiente, que ya era 15 de octubre, así que en sus biografías la fecha de su muerte aparece como 4 o 15 de octubre, según el calendario que se mire.

Lo de Cervantes y Shakespeare es todavía mejor. El 23 de abril es el Día del Libro porque ese día de 1616 murieron los dos, o eso dice la tradición. Cervantes murió el 22 y lo enterraron el 23, que es la fecha que quedó registrada. Shakespeare murió el 23 de abril, pero el de Inglaterra, que seguía con el calendario juliano: en la España de Cervantes ya era 3 de mayo. La coincidencia, por tanto, no es tal, pero la UNESCO eligió esa fecha en 1995 para el Día Internacional del Libro y ahí sigue.

Y la Revolución de Octubre fue en noviembre. Los bolcheviques tomaron el poder en Petrogrado el 25 de octubre de 1917 según el calendario juliano, que en el resto de Europa era 7 de noviembre. Una de sus primeras medidas fue ponerse en hora: en 1918, al 31 de enero le siguió el 14 de febrero.

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El plan sueco: cuarenta años sin bisiestos

Suecia, luterana, aguantó con el calendario juliano hasta finales del siglo XVII. En noviembre de 1699, el Gobierno decidió cambiar, pero sin borrar once días de golpe, que es lo que ya le tocaba: la idea era saltarse todos los años bisiestos entre 1700 y 1740. Cuarenta años sin 29 de febrero y el calendario sueco acabaría alineado con el gregoriano sin que nadie lo notara. El siguiente bisiesto después de 1696 habría sido el de 1744.

En 1700 se suprimió el 29 de febrero, como estaba previsto. Pero ese mismo año empezó la Gran Guerra del Norte, en la que Suecia se enfrentó a Rusia, Dinamarca y Sajonia-Polonia durante dos décadas, y el calendario dejó de ser prioritario. En 1704 y 1708 nadie se acordó de suprimir el día y los dos fueron bisiestos con toda normalidad.

El resultado fue un calendario que no compartía nadie más: un día por delante del juliano, el de Rusia o Inglaterra, y diez por detrás del gregoriano, el de casi toda la Europa católica. Suecia tenía un calendario propio, y no precisamente porque lo hubiera querido así.

1712, el año del 30 de febrero

La solución llegó desde muy lejos. En enero de 1711, Carlos XII escribió desde su campamento de Bender, en la actual Moldavia, donde vivía como invitado de los otomanos desde la derrota de Poltava, y ordenó abandonar el invento y volver al calendario juliano. Para recuperar el día de diferencia, a febrero de 1712, que ya era bisiesto, se le añadió otro más.

Dos páginas de un almanaque sueco de 1712 con el mes de febrero, que termina en el día 30
El mes de febrero en un almanaque sueco de 1712: al final aparece el día 30 (dominio público).

Así fue como Suecia tuvo un 30 de febrero, que correspondía al 29 de febrero del calendario juliano y al 11 de marzo del gregoriano. Aquel año tuvo 367 días. Los suecos tardaron todavía cuatro décadas en pasarse al calendario gregoriano, y lo hicieron como todo el mundo, por la vía rápida: en 1753, al 17 de febrero le siguió el 1 de marzo.

No se sabe cómo celebraron el cumpleaños los suecos que nacieron aquel 30 de febrero de 1712. Pero hay que reconocer que les salía barato: una vez en la vida.

Vídeo: el año en que Suecia tuvo 30 de febrero

El canal History In MS Paint lo explica en algo más de seis minutos (en inglés) y con dibujos hechos en Paint, que para una historia de chapuzas con el calendario parece el formato más adecuado.

The Time Sweden Had 30 Days in February

Suecia ha dado otras costumbres raras, como el grito de Flogsta de los estudiantes de Upsala. Lo de cambiar de calendario en plena revolución lo vivió de cerca el maestro Juan Martínez, el bailaor que retrató Chaves Nogales. Y si lo que gusta es que el calendario mande, la isla de los Faisanes cambia de país cada seis meses.

Fuentes consultadas

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