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La monja negra de Moret: ¿la hija secreta de una reina?

Retrato antiguo de Louise Marie-Thérèse, la monja negra de Moret, con hábito benedictino

En 1716, Voltaire viajó hasta un convento benedictino de Moret-sur-Loing, cerca de Fontainebleau, con el único propósito de conocer a una monja. Se llamaba Louise Marie-Thérèse, era negra y, según media Francia, era hija de una reina. Por su celda pasaron el Gran Delfín, Madame de Maintenon y lo más granado de la corte de Luis XIV, y la explicación que circulaba sobre el color de su piel —que la reina había tomado demasiado chocolate durante el embarazo— no convenció a nadie. Tres siglos después, los archivos apuntan en otra dirección: al propio rey.

Una monja que recibía a la corte

Sor Louise Marie de Sainte-Thérèse vivió casi toda su vida en el priorato benedictino de Notre-Dame-des-Anges, en Moret-sur-Loing, a un paso del palacio de Fontainebleau, adonde la corte iba a menudo, sobre todo en otoño, a cazar. No se sabe cuándo nació (en 1658, en 1664 o hacia 1675, según quién lo cuente), ni quiénes fueron sus padres, ni cuándo entró en el convento; según Saint-Simon, la llevó allí Alexandre Bontemps, el discretísimo primer ayuda de cámara del rey, probablemente en la primavera de 1665. Madame de Maintenon escribió que tomó el velo el 30 de septiembre de 1695, y poco después el rey ordenó pagarle una pensión. Saint-Simon la despachó con tres palabras: «Mauresse, religieuse à Moret, fort énigmatique».

La lista de sus visitas es asombrosa para una monja de un convento modesto: el marqués de Dangeau, Saint-Simon, la princesa Palatina, Madame de Maintenon, María Adelaida de Saboya, el Gran Delfín y sus hijos e incluso la reina María Teresa. Y, según Saint-Simon, la trataban con bondad.

La niña del chocolate

La explicación más famosa nace de un parto real. El 16 de noviembre de 1664, en el Louvre, la reina María Teresa de Austria, la infanta española casada con Luis XIV en 1660, dio a luz con un mes de adelanto a su tercera hija, Marie-Anne. Fue un parto tan difícil que se temió por la vida de la reina. La niña, prematura y muy débil, tenía la piel violácea por sus problemas para respirar, y murió el 26 de diciembre, con 40 días. La enterraron en Saint-Denis.

Retrato de María Teresa de Austria, reina de Francia, con manto azul de flores de lis y collar de perlas
María Teresa de Austria, la infanta española que se convirtió en reina de Francia

De ahí salió el rumor de que la niña era negra. Lo cuenta en sus memorias la Grande Mademoiselle, la duquesa de Montpensier, prima del rey, que no estuvo en el parto y lo escribió en 1677, trece años después y sin notas. Para acallar las habladurías se dijo que la reina había tomado demasiado chocolate durante el embarazo o que le había bastado mirar a Nabo, un paje negro y enano de la corte. Un escritor del siglo XIX, Touchard-Lafosse, añadió que, cuando el cirujano le habló al rey de aquella mirada, Luis XIV contestó: «¡Pues sí que era penetrante!».

El paje también tiene su leyenda: que desapareció de la corte, que acabó en la Bastilla o asesinado, e incluso que era el hombre de la máscara de hierro. Pero el nombre de Nabo lo inventó Touchard-Lafosse. El muchacho real se llamaba Augustin, era hijo de unos empleados de la casa de fieras del rey y tenía diez u once años.

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Lo que dicen los embajadores

La teoría de la reina, la que popularizaron Victor Hugo y otros escritores del siglo XIX, hace aguas. Los partos de las reinas eran públicos y se seguían desde el extranjero, porque podía nacer un heredero. En 2014, el cirujano e investigador Serge Aroles revisó las cartas que enviaron los embajadores de Austria, España e Inglaterra y el nuncio del papa, que no tenían ningún motivo para callarse un escándalo: dan la hora del parto, la fiebre de la reina y hasta los nombres de los padrinos, y ninguno dice que la niña fuera negra ni recoge rumor alguno. Además, de los seis hijos de María Teresa, cinco murieron antes de cumplir los cinco años.

¿Una hija de Luis XIV?

Lo que sí aparece en los archivos es el rey. Fue Luis XIV quien ordenó pagarle una pensión, y solo hizo lo mismo con otra joven negra, Dorothée, una ursulina de Orléans que podría ser su hermana o medio hermana. A Dorothée, según Aroles, el rey la hizo llevar a París en 1700 durante tres meses, con escolta, y dejó una orden expresa: «Prenez bien soin d’elle» («Cuidad bien de ella»). Si cualquiera de las dos hubiera sido hija de la reina, razona Aroles, aparecería en las cuentas de la casa de la reina y no en las pensiones del rey. Los Archivos de Seine-et-Marne, que han publicado 27 documentos sobre ella, la presentan como hija de Luis XIV nacida hacia 1675, y apuntan a que su madre pudo ser una actriz.

Voltaire, que la visitó, ya lo sospechaba. En El siglo de Luis XIV escribió que se sospechaba, «con mucha verosimilitud», que era hija del rey: era muy morena, se le parecía, y el rey le dio una dote de veinte mil escudos. Cuenta también que Madame de Maintenon fue a Moret a bajarle los humos y que la monja le contestó que, si una dama tan importante se molestaba en ir hasta allí para decirle que no era hija del rey, eso la convencía de que lo era.

Hay más indicios. En la biblioteca de Sainte-Geneviève, en París, uno de sus retratos va acompañado de una carpeta vacía con la inscripción «Papiers concernants la Moresque fille de Louis 14». El papel lo fabricaron en 1742 los hermanos Cusson, papeleros de Auvernia, y alguien se llevó su contenido antes de la Revolución. Según Aroles, además, casi todas las actas notariales en las que aparecía, incluida su profesión religiosa de 1695, desaparecieron poco antes de 1866, y no hay rastro de su partida de bautismo, algo insólito en una monja.

Retrato antiguo de Louise Marie-Thérèse, la monja negra de Moret, con hábito benedictino
Uno de los tres retratos conocidos de Louise Marie-Thérèse, conservado en el Museo Charles-Friry de Remiremont (dominio público)

La tercera vía: una huérfana apadrinada

Queda una explicación más prosaica. El duque de Luynes anotó en su diario, en 1756, que el conserje de la casa de fieras de Versalles tenía a su cargo una pareja de moros con una niña, y que Madame de Maintenon la colocó en el convento de Moret por caridad. Sería una niña bautizada y apadrinada por los reyes, lo que explicaría sus tres nombres: Louise, por el rey, y Marie-Thérèse, por la reina. Aroles lo descarta: en los registros de la casa del rey no hay ni rastro de esa pareja.

Vídeo: Nabo, el supuesto amante de la reina

El canal Curiosos de la Historia repasa la versión más novelesca, la de Nabo y la reina; conviene tomarla con la misma pizca de sal que lo del chocolate:

NABÓ_El Amante "PIGMEO" de la Reina de Francia

Un retrato, una firma y unos bombones

La última huella de su vida es una firma en un acta notarial del 10 de enero de 1730; desde la muerte de Luis XIV, en 1715, ya solo firmaba «sœur Marie de Sainte-Thérèse». Murió ese año o el siguiente, según las fuentes. Uno de sus retratos, olvidado durante 145 años en los desvanes del museo de Melun, se atribuye a Pierre Gobert, pintor de la corte, cuya hija era monja en el mismo convento. En 2019, una exposición en el Museo Charles de Bruyères de Remiremont reunió por primera vez sus tres retratos, y en Moret-sur-Loing todavía se venden unos cuadraditos de chocolate negro llamados «Mauresses de Moret». Teniendo en cuenta la excusa del chocolate, el homenaje tiene su retranca.

María Teresa, por su parte, murió en 1683, a los 44 años. Apenas tuvo papel político, salvo una regencia durante la guerra de Holanda, y de su descendencia salió el primer Borbón de España, Felipe V, proclamado rey en 1700.

Las leyendas de monjas no son exclusivas de Francia: en Barcelona, Ramona Llimargas aseguraba bilocarse para aconsejar a Franco. Y para saber dónde empezó todo, María Teresa entró en Francia en 1660 por la isla de los Faisanes, el islote del Bidasoa donde España y Francia se intercambiaban princesas. De la corte de Luis XIV, según una leyenda del siglo XIX, salió incluso el God Save the King, a cuenta de una fístula del rey.

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Fuentes consultadas

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