Dos personas se baten en duelo.
Y ya les avisamos que no es un duelo normal.
De entrada, se trata de un duelo entre dos mujeres. Y no son dos mujeres cualquiera. No. A un lado tenemos a la princesa Paulina von Metternich y al otro a la condesa Anastasia von Kielmansegg.
La historia que les vamos a contar lleva más de un siglo circulando por libros de curiosidades, blogs y foros de esgrima. Tiene de todo: dos aristócratas, unas flores, unos estoques y un pecho al aire. Solo le falta una cosa: pruebas. Pero no adelantemos acontecimientos.
Paulina von Metternich: entre el glamour y la transgresión
Nacida en Viena en 1836, Paulina Sándor de Szlavnicza emergió en un mundo donde la tradición y la innovación bailaban juntas con pasos a veces torpes, a veces impecables. En 1856, con apenas 20 años, el destino la unió en matrimonio con su tío, el príncipe Richard von Metternich, diplomático brillante y conocido por sus escandalosos amoríos con actrices y cantantes de ópera. Y, sin embargo, pese a estas turbulencias, su unión perduró lo suficiente como para que Paulina se erigiera en un faro de modernidad en una sociedad acostumbrada a la rigidez y al decoro inquebrantable.
Viajes, cortes Reales e icono de la moda
En 1859 su marido fue nombrado embajador de Austria en París, y Paulina se convirtió en una de las reinas de la corte de Napoleón III. Amiga íntima de la emperatriz Eugenia, fue ella quien en 1860 le presentó a un modisto inglés llamado Charles Frederick Worth, que acabaría inventando la alta costura; y fue ella quien convenció al emperador de estrenar en la Ópera de París el Tannhäuser de Wagner, en 1861. El estreno fue tal desastre que la obra se retiró a la tercera función, pero nadie podrá decir que no lo intentó.
Con su audacia y su lengua afilada, introdujo en la alta sociedad aficiones hasta entonces reservadas a los hombres, como el patinaje o el cigarrillo. Y cuando en 1870 se hundió el Imperio francés, fue de las pocas que no abandonó a Eugenia: la ayudó a huir a Inglaterra sacando sus joyas de París en la valija diplomática. De vuelta en Viena, se convirtió en la gran dama de la vida social de la capital, y allí reinó hasta su muerte, en 1921.
La Exposición de Música y Teatro de 1892: escenario de una rivalidad
En 1892, Viena acogió la Exposición Internacional de Música y Teatro, y Paulina, que a sus 56 años organizaba media vida social de la capital, se encargó de buena parte de los preparativos. Según la historia que corrió después, su rival fue la condesa Anastasia von Kielmansegg, esposa del gobernador de la Baja Austria, Erich Kielmansegg. ¿El motivo de la discordia? Ni la política ni el amor: los arreglos florales. Cada una tenía una idea distinta de cómo debían colocarse las flores, y ninguna estaba dispuesta a ceder ni un pétalo.
Resulta, pues, que lo que en otros tiempos habría sido resuelto a través de representantes masculinos, se transformó en un enfrentamiento directo entre dos mujeres decididas a defender su honor. No habría sido la primera vez que una mujer empuñaba la espada: dos siglos y medio antes, la monja alférez, Catalina de Erauso, ya se había batido en más de un duelo vestida de hombre.
El ritual del duelo: tradición, protocolo y honor
A pesar de que la etiqueta y el decoro prohibían el uso de la violencia física directa, la solución, siempre según el relato, fue tan sorprendente como formal: un duelo. En el siglo XIX, los duelos seguían siendo el medio tradicional para saldar agravios, donde el honor se medía a filo de espada y el código de conducta era casi sagrado. Normalmente, ante una ofensa, la parte desafiada tenía la oportunidad de disculparse o resarcir el agravio para evitar el combate, pero en este caso, ambas aristócratas optaron por enfrentarse personalmente.
Con cada una designando a su propia testigo y médico, el duelo se configuró como un “duelo emancipado”, en el que todas las partes –incluidas las médicas y las testigos– eran mujeres, subrayando una transformación en los roles tradicionales.
El terreno de honor y las reglas del combate
Según esa versión, el lugar elegido para este singular enfrentamiento fueron las afueras de Vaduz, capital del principado de Liechtenstein. Esta elección no fue arbitraria: el estado, conocido por su autonomía y su condición de refugio de prácticas dudosas tras la disolución del Sacro Imperio Romano Germánico, ofrecía un escenario perfecto para un duelo que, de otra manera, podría haber topado con problemas legales en territorios más rígidos.
En un cuadrado de unos veinte pasos de ancho, cada duelista se ubicó en un extremo, sabiendo que abandonar ese espacio antes del término del combate equivaldría a la rendición, un acto considerado de la más absoluta cobardía.
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Las armas y la precisión del corto encuentro
Para este enfrentamiento, las combatientes optaron por los estoques, armas especialmente diseñadas para asestar puñaladas rápidas y precisas. La elección de estos instrumentos no fue fortuita: se pretendía que las heridas fueran limpias y, sobre todo, no letales. Según relatan los informes periodísticos de la época, el duelo se extendió a lo largo de tres rondas.
En las dos primeras, ninguna de las mujeres sufrió daño alguno, un empate que evidenciaba tanto la habilidad como la cautela con la que se manejaban. No fue hasta la tercera ronda cuando la tensión se hizo palpable: Paulina recibió un pequeño corte en la nariz y Anastasia sufrió una herida en el brazo. Aunque el resultado final permanece envuelto en la misteriosa niebla del tiempo, lo cierto es que ambas salieron del enfrentamiento sin manchar su honor.
La peculiar decisión: desnudez en el duelo
Un detalle que ha cautivado a historiadores y curiosos por igual es la decisión de enfrentarse sin ropa que cubriera la parte superior del cuerpo. Esta medida, lejos de ser un simple capricho estético, habría sido idea de la baronesa Lubinska, médica y, según el relato, partidaria de las nuevas ideas de Lister sobre la antisepsia. Su razonamiento era tan práctico como sorprendente: al no tener prendas intermedias, se reducía el riesgo de que los estoques rasgaran telas sucias, lo que podría facilitar la entrada de infecciones en las heridas.

De esta forma, un corte limpio era mucho más fácil y rápido de tratar, garantizando así que el objetivo del duelo –restaurar el honor sin causar la muerte– se cumpliera de forma óptima. Este acto, que hoy podría parecer excéntrico, en aquel entonces se interpretó como una muestra de racionalidad y previsión en medio de un ritual cargado de simbolismo.
La prensa y el espectáculo mediático
Como era habitual en una época en la que cada hecho social era minuciosamente documentado, los periódicos se hicieron eco de este inusual duelo con una mezcla de asombro y mucho morbo. Las crónicas de la prensa de la época describían el episodio con una atención casi sensacionalista, resaltando la rareza de dos aristócratas resolviendo sus diferencias a puñaladas, sin intermediarios masculinos y, además, con la parte superior del cuerpo al descubierto.
Dicen que la noticia llegó hasta Inglaterra, donde la sociedad victoriana se llevó las manos a la cabeza ante la imagen de dos damas batiéndose a estocadas, aunque de eso, como de casi todo en esta historia, no hay más prueba que el boca a boca de las gacetas.
Los protagonistas del protocolo: testigos y médicos
En el reparto que ha llegado hasta nosotros, el rigor del duelo se evidenció en cada detalle del protocolo. La princesa Schwarzenberg hizo acto de presencia como testigo de Paulina, mientras que la condesa Kinsky cumplió el mismo papel para Anastasia. Por su parte, la baronesa Lubinska no sólo asesoró sobre cuestiones de higiene y vestuario, sino que se desempeñó como médica, garantizando que cualquier herida, por insignificante que fuera, recibiera la atención necesaria.

Esta organización meticulosa refleja cómo, en el mundo aristocrático del siglo XIX, el honor se defendía no solo en el campo de batalla, sino también en la observancia de un conjunto de normas y rituales que conferían al acto una solemnidad casi ritual. Nada que envidiar, en cuanto a protocolo, al célebre Passo Honroso de Suero de Quiñones, que en 1434 convirtió un puente leonés en un torneo de un mes.
Un duelo emancipado en pleno cambio social
Resulta innegable que el enfrentamiento entre Paulina y Anastasia trasciende la mera disputa personal. Tradicionalmente, cuando una mujer se veía agraviada, era un varón –un familiar o un amigo– quien acudía en su defensa, protegiendo su honor con la espada en mano.
Sin embargo, la creciente influencia de los movimientos protofeministas a finales del siglo XIX permitió que las mujeres se colocaran en el centro de la acción, reclamando el derecho a defenderse directamente y a ejercer su autoridad. Este duelo emancipado se erige, por tanto, como un reflejo de una época en la que las convenciones comenzaban a ceder ante el ímpetu de un cambio social que buscaba redefinir los roles de género en la alta sociedad.
El desenlace y la incertidumbre del honor
Y aquí llega el giro final. Por mucho que la historia se haya repetido durante más de un siglo, no existe ninguna fuente primaria que la confirme: ni actas, ni cartas, ni crónicas de testigos. Lo único documentado es lo contrario: la propia Paulina negó el duelo en un periódico francés y lo calificó de «ridícula invención de periodistas italianos». Los estoques, las tres rondas, el corte en la nariz y el pecho al aire podrían ser, por tanto, el mejor bulo de la prensa del siglo XIX.
Las versiones más novelescas añaden incluso que el duelo terminó con un abrazo y un beso entre las dos rivales. Con o sin beso, lo que nadie discute es que la historia era demasiado buena para dejar que la verdad la estropeara.
El duelo de Metternich y Kielmansegg ha quedado así como un clásico de las curiosidades históricas: verdadero o no, retrata una época en la que el honor se defendía con rituales minuciosos y en la que una disputa por unas flores podía acabar, al menos en la imaginación de los periodistas, a punta de estoque.
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Vídeo: «Aristocrats at Arms: A Bare Chested Battle!» (Chris Show)
Para quien quiera verlo contado (y dramatizado) en imágenes, aquí va un vídeo en inglés sobre la famosa leyenda.
Fuentes consultadas
- The History Blog. (2019, marzo 9). Princess vs. Countess: a topless duel over flowers. Recuperado de https://www.thehistoryblog.com/archives/54537
- Historical Fencer. (2018, agosto 15). That time when a countess duelled a princess. Recuperado de https://historicalfencer.com/that-time-when-a-countess-duelled-a-princess/
- Wikipedia. (s. f.). Pauline von Metternich. Wikipedia, the free encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Pauline_von_Metternich
- Wikipedia. (s. f.). Pauline von Metternich. Wikipedia, die freie Enzyklopädie. https://de.wikipedia.org/wiki/Pauline_von_Metternich
- Wikipedia. (s. f.). Richard von Metternich. Wikipedia, the free encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Richard_von_Metternich
- Wikipedia. (s. f.). Count Erich Kielmansegg. Wikipedia, the free encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Count_Erich_Kielmansegg
- Wikipedia. (s. f.). Internationale Ausstellung für Musik- und Theaterwesen. Wikipedia, die freie Enzyklopädie. https://de.wikipedia.org/wiki/Internationale_Ausstellung_f%C3%BCr_Musik-_und_Theaterwesen
- The Vintage News. (2023, 5 de mayo). The Surprising Story of a Topless Sword Fight Between Two Austrian Noblewomen. https://www.thevintagenews.com/2023/05/05/noblewomen-swords/
- Kinsella, E. (s. f.). Throwback Thursday: Petticoat Duels. https://erinkinsella.com/blog/throwback-thursday-petticoat-duels/
- Wikipedia. (s. f.). Duel. Wikipedia, the free encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Duel

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto.Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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