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La falsa revolución en Londres que emitió la BBC en 1926

Dos mujeres y una niña escuchan con auriculares una radio de galena en los años veinte

El sábado 16 de enero de 1926, a las 7:40 de la tarde, los oyentes de la BBC escucharon cómo una manifestación de parados en Trafalgar Square se convertía en una revuelta: la multitud saqueaba la National Gallery, derribaba el Big Ben con morteros de trinchera, ahorcaba al ministro de Tráfico y volaba el hotel Savoy. Nada de eso era verdad. Era «Retransmitiendo las barricadas» (Broadcasting the Barricades), una parodia escrita y leída por un sacerdote católico, Ronald Knox, que la cadena había presentado antes como una pieza de humor. Aun así, cientos de personas llamaron a los periódicos, al hotel, a la propia BBC y a la policía, doce años antes de que Orson Welles hiciera algo parecido con los marcianos.

Un cura con mucho sentido del humor

Ronald Knox (1888-1957) era hijo de un clérigo que llegó a ser obispo anglicano de Mánchester. Fue un estudiante brillante en Eton y en el Balliol College de Oxford, se ordenó sacerdote anglicano en 1912 y en 1917 se convirtió al catolicismo. Escribió novelas policiacas, tradujo la Biblia al inglés y tenía fama de bromista: había «demostrado» con criptogramas que In Memoriam, de Tennyson, lo había escrito la reina Victoria, y su conferencia satírica de 1911 sobre Sherlock Holmes, pensada como parodia de los métodos de la crítica bíblica alemana, se tomó al pie de la letra y acabó sirviendo de base al estudio erudito de las historias de Holmes. Años después se lamentaba de que su único logro permanente fuera haber empezado un mal chiste.

Según el historiador de la radio Paddy Scannell, la radio tenía entonces unos cuatro años en el Reino Unido (la emisora londinense 2LO había empezado a emitir en 1922) y en el país había alrededor de un millón de aparatos. La BBC tenía el monopolio de las emisiones y, a finales de 1925, una audiencia de más de diez millones de personas. Para que no les hiciera la competencia, los editores de periódicos habían conseguido que el Gobierno le prohibiera dar noticias antes de las siete de la tarde y la obligara a usar los textos de las agencias en lugar de elaborar los suyos.

Trafalgar Square en 1923, con la columna de Nelson, autobuses y peatones
Trafalgar Square en 1923, donde empezaba la revuelta imaginaria de Ronald Knox. Foto: London Stereoscopic Company (dominio público).

Diecisiete minutos de revolución

El programa figuraba en la programación de The Times como «Retransmitiendo las barricadas», del reverendo padre Ronald Knox, desde Edimburgo, y empezó con un aviso explícito de que era una obra de humor e imaginación con efectos de sonido. Knox lo leyó en el estudio de Edimburgo, aunque todo sonaba como si saliera de Londres. Primero se oía a un viejo profesor ceceante terminando una charla, y después llegaban los boletines: la manifestación en Trafalgar Square, la National Gallery saqueada, botellas contra los patos de St James’s Park, un tal sir Theophilus Gooch asado vivo por la multitud, el Big Ben derribado a morterazos.

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Entre boletín y boletín sonaba la orquesta del hotel Savoy, hasta que una explosión la interrumpió: la multitud acababa de volar el hotel. Antes, el locutor había informado de que el ministro de Tráfico, el señor Wotherspoon, había sido capturado cuando intentaba huir disfrazado y ahorcado en una farola de Vauxhall Bridge Road; después, con muchas disculpas, rectificaba: no era una farola, sino un poste del tranvía. Como Knox recordó luego a sus críticos, ese ministerio ni siquiera existía. La revuelta la encabezaba el secretario del Movimiento Nacional para la Abolición de las Colas en los Teatros, el señor Popplebury. Los efectos de sonido eran caseros: un técnico de la BBC, J. C. S. MacGregor, destrozaba a golpes una caja de naranjas y vaciaba un saco de cristales rotos en el suelo del estudio. Al final, los alborotadores llegaban a la BBC, entraban en la sala de espera y se calmaban leyendo el Radio Times, y la emisión pasaba a música.

El pánico

Knox había llenado el guion de pistas, pero no todo el mundo las captó. Como había tantas charlas en la programación, explicó el Daily Mail, muchos oyentes encendían la radio cuando creían que la de turno ya había terminado: se perdían el aviso inicial y oían boletines sueltos leídos como los de cualquier locutor de la BBC. El director del Savoy contó que habían recibido cientos de llamadas desde Irlanda, Escocia, Mánchester, Newcastle, Hull o Leeds, y más de doscientas locales, de gente que preguntaba si debía cancelar su habitación o si sus amigos alojados en el hotel estaban a salvo; History Today habla, en cambio, de 200 telegramas a un hotel londinense. Los periódicos y la propia BBC también se vieron desbordados, el Almirantazgo recibió peticiones para que mandara un acorazado por el Támesis y, según el Daily Mirror, en el oeste de Inglaterra los rumores seguían circulando a la mañana siguiente y hubo quien preguntó a la policía. A las nueve de la noche, la BBC emitió una disculpa que terminaba así: «Londres está a salvo. El Big Ben sigue dando las horas y todo va bien».

Además, aquel fin de semana nevó con fuerza en Londres y los periódicos se retrasaron, así que mucha gente no recibió la prensa del domingo. La historiadora Joanna Bourke, autora de una historia cultural del miedo, recuerda que el susto fue mayor en las zonas rurales y aisladas, y que la falta de periódicos confirmó a muchos que algo terrible había pasado. Hasta que llegaron los periódicos del lunes, que contaban la broma en primera página, algunos oyentes no supieron que Londres seguía en pie.

La prensa contra la BBC

La prensa aprovechó la ocasión. El Daily Express tituló «Terror en pueblos y ciudades» y habló de «un error de la BBC», y el Evening Standard le atribuyó el mayor susto desde la llegada de la radio. Según el periodista Paul Slade, a los periódicos les interesaba presentar a la BBC como irresponsable, porque un servicio de noticias por radio podía quitarles lectores. Knox dijo que no imaginaba que alguien fuera a tomárselo en serio, y llegó a declararse «casi electrizado» al saber que desde Dundee habían llamado para preguntar cuánto quedaba de Londres. John Reith, que dirigía la BBC, se alegró: en su informe de febrero contó 2.307 felicitaciones frente a 249 críticas, y pocos días después la cadena autorizó su primera broma para el 1 de abril, «en la línea» de la de Knox.

La falsa revolución de la BBC, en vídeo

Este vídeo del canal The1920sChannel (en inglés, 7 minutos) repasa la emisión de Ronald Knox y el pánico que provocó en 1926.

The BBC Radio Panic of 1926

Doce años antes que Orson Welles

No se conserva ninguna grabación de la emisión, pero sí el guion original de Knox en los archivos de la BBC: unos diecisiete minutos, según Paul Slade (Naukas habla de doce). Tres días después, The New York Times presumía de que algo así no podía pasar en Estados Unidos, donde había muchas emisoras con las que contrastar. El 30 de octubre de 1938, Orson Welles emitió La guerra de los mundos, con una invasión marciana en Nueva Jersey contada también con boletines que interrumpían la música de baile. Quo da por hecho que Knox le sirvió de inspiración; Slade, en cambio, considera que no está claro si Welles lo imitó o llegó a la misma idea por su cuenta.

Otras historias del blog: Ghostwatch, el falso documental de fantasmas con el que la BBC asustó al país en 1992; Camaleó, la versión de TVE Catalunya en 1991, y Elena Francis, la consejera radiofónica que nunca existió.

Fuentes consultadas

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