Saltar al contenido

Estaciones de números: la radio que habla con los espías

Receptor de radio de onda corta National HRO-60, de metal gris, con un gran dial central y varios mandos

Gire el dial de una radio de onda corta por la noche y, con un poco de suerte, oirá una voz que lee grupos de cinco cifras con una entonación monótona: «cero, dos, cinco, ocho, ocho». A veces la precede una melodía de caja de música; a veces, unos compases de una canción popular inglesa. Son las estaciones de números, y las hay desde la Primera Guerra Mundial. Ningún gobierno lo admite, pero varios juicios por espionaje han dejado claro para quién emiten: para espías que escuchan con una radio cualquiera y un cuadernito de cifras.

Qué son las estaciones de números

Una estación de números emite, a horas fijas y en onda corta, una voz grabada o sintética que lee secuencias de números o letras, casi siempre en grupos de cinco, precedidas de una sintonía que sirve para identificarla. No dicen quién las opera ni para qué, pero hay consenso: son mensajes cifrados para agentes en el extranjero. La onda corta rebota en la ionosfera y cruza continentes, así que un solo transmisor llega a cualquier parte del mundo, y el receptor solo necesita una radio doméstica, algo que cualquiera puede tener en casa sin levantar sospechas.

La libreta de un solo uso

Los mensajes se cifran casi siempre con una libreta de un solo uso: hojas con cifras aleatorias que solo tienen el emisor y el receptor, que se usan una vez y se destruyen. Bien empleado, el sistema es matemáticamente indescifrable. El problema llega cuando alguien reutiliza una hoja, que es justo lo que permitió a los estadounidenses descifrar parte de los mensajes soviéticos en el proyecto Venona.

Hoja de una libreta de un solo uso llena de columnas de grupos de cifras impresas en letra diminuta
Una hoja de una libreta de un solo uso, el sistema de cifrado habitual de las estaciones de números. Foto: CIA (dominio público).

No hay que confundirla con el cifrado de libro (u Ottendorf), en el que los números remiten a la página, la línea y la palabra de un libro que tienen las dos partes. La literatura lo ha usado a menudo: Sherlock Holmes descifra uno en El valle del terror (1915); el espía alemán de La clave está en Rebeca, de Ken Follett (1980), usa la novela de Daphne du Maurier; Magnus Pym recurre al Simplicissimus en Un espía perfecto, de John le Carré, y Graham Greene lo emplea en El factor humano y en Nuestro hombre en La Habana. En la guerra de la Independencia, el oficial George Scovell montó para el ejército de Wellington un código parecido basado en un diccionario.

DEL BLOG AL LIBRO

¿Creías que esto era extraño? Es porque todavía no conoces nuestro libro.

Más de 300 páginas de historias reales que parecen inventadas: personajes extravagantes, decisiones absurdas y episodios que cuesta creer que ocurrieran.

📖 Entrar en Mundo Estrambótico →

Tapa blanda · Tapa dura · Kindle

Las estaciones no tienen nombre oficial, así que los aficionados las bautizan por su sintonía, su voz o su idioma.

Algunas estaciones famosas

La Lincolnshire Poacher, atribuida al servicio secreto británico, abría cada emisión con unos compases de la canción popular inglesa del mismo nombre, y después una voz femenina con acento inglés leía grupos de cinco cifras, con la última más aguda. Emitió desde Inglaterra (desde Gawcott, en Buckinghamshire, según su entrada de la Wikipedia, o desde Bletchley Park, según la entrada general) y después desde Chipre, donde los radioaficionados localizaron sus antenas en la base de la RAF en Akrotiri, desde al menos mediados de los años setenta hasta julio de 2008. Tenía una hermana para Asia, Cherry Ripe, que calló en diciembre de 2009.

La Rapsodia sueca, polaca a pesar del nombre, funcionó desde finales de los años cincuenta hasta 1998 y enviaba mensajes a agentes en Occidente. El apodo venía de la melodía de caja de música que abría las emisiones, que los oyentes tomaron por la Rapsodia sueca n.º 1 de Hugo Alfvén; su último operador, la Agencia de Inteligencia Exterior polaca, dijo que era la Polca de Luxemburgo. Durante años se creyó que la voz que leía las cifras en alemán era la de una niña; resultó ser la de una máquina de la Stasi, el Sprach-Morse-Generator. Y la rusa UVB-76, «el Zumbador», lleva décadas emitiendo un pitido monótono en los 4.625 kilohercios, interrumpido de vez en cuando por una voz que habla en ruso. La hipótesis más sólida es que forma parte de una red de mando militar.

Espías de carne y hueso

Que sirven para espiar no es una teoría. La emisora cubana a la que los aficionados llamaban Atención fue la primera acusada formalmente ante un tribunal: en el juicio de 2001 contra los Cinco de Cuba, de la Red Avispa desarticulada en 1998, la fiscalía estadounidense presentó los mensajes que el grupo recibía y descifraba. Ese mismo año, el 21 de septiembre, el FBI detuvo a Ana Belén Montes, analista de la Agencia de Inteligencia de Defensa que llevaba diecisiete años espiando para Cuba y recibía sus instrucciones en transmisiones cifradas de onda corta desde La Habana. La condenaron a 25 años y salió en libertad el 6 de enero de 2023. En 2010, los espías rusos del programa de «ilegales» detenidos en Estados Unidos también usaban el sistema.

De la radio al disco

En 1992, Akin Fernandez, fundador del sello británico Irdial-Discs, empezó a grabar estas emisiones, y en 1997 las publicó en The Conet Project, una caja de cuatro discos que acabó regalando en internet. Sus grabaciones aparecen en la película Vanilla Sky (2001) y en el disco Yankee Hotel Foxtrot de Wilco, también de 2001. El título de la colección viene de una palabra checa mal oída en las grabaciones, konec, «fin». Hoy grupos de aficionados como ENIGMA 2000 siguen catalogándolas, y quien tenga un receptor de onda corta y algo de paciencia todavía puede cazar alguna por la noche.

Vídeo: las estaciones de números

El canal Relatos del Lado Oscuro repasa la historia de estas emisoras, con grabaciones de algunas de ellas, en este vídeo.

Misteriosas estaciones de números | Relatos del lado oscuro

Emisoras sin dueño declarado

Las estaciones de números siguen sin dueño reconocido: ningún gobierno admite operarlas, y lo que se sabe de ellas procede de los radioaficionados que las graban y de los juicios en los que aparecieron como prueba. Algunas, como la UVB-76, siguen emitiendo.

Otras historias del blog: Louis de Wohl, el astrólogo al que los británicos contrataron durante la Segunda Guerra Mundial, y el Proyecto Cherburgo, las lanchas que Israel se llevó de Francia en la Nochebuena de 1969. Y otro episodio de espionaje de la Guerra Fría: la CIA y los 240.000 dólares para comprar todo el LSD del mundo.

Fuentes consultadas

Siguiente historia

El Moulin Rouge de París iluminado de noche, con su molino y sus letreros luminosos, en una foto en blanco y negro de 1936Cultura pop y rarezas modernasTorrebruno y Elvis y otras fotos de encuentros insólitosUn cantante italiano que acabaría siendo ídolo de los niños españoles posa en un camerino de París con Elvis Presley. Rocío Jurado charla con Ronald Reagan. Muhammad Ali estrena una bata de…Leer la siguiente historia →
No te pierdas la próxima historia

Cada semana publicamos una nueva historia. Recíbela gratis en tu correo.

Cada semana, historias insólitas para mentes curiosas

Quién escribe