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Yu-Mex, las rancheras mexicanas de la Yugoslavia de Tito

Foto de grupo en blanco y negro: tres cantantes yugoslavos vestidos de charro, con sombreros mexicanos, junto a un militar y otros invitados

En 1948 Tito rompió con Stalin y Yugoslavia se quedó sin cine soviético. Hollywood era caro y, además, capitalista, así que el régimen buscó películas en México. A finales de 1952 se estrenó Un día de vida, y al año siguiente se calculaba que la mitad de los vecinos de Belgrado la habían visto. De ahí salió el Yu-Mex: rancheras cantadas en español y en serbocroata por músicos yugoslavos vestidos de charro.

Sin cine soviético ni de Hollywood

Al acabar la Segunda Guerra Mundial, Yugoslavia apenas tenía industria de cine y casi todas las películas que se proyectaban venían de la Unión Soviética. En 1948, la ruptura entre Tito y Stalin terminó con la expulsión de Yugoslavia de la Kominform, y el cine soviético dejó de verse en el país. Tito tampoco quería películas de Hollywood, por razones ideológicas y porque eran caras.

El escritor esloveno Miha Mazzini, que investigó el fenómeno para una novela, contó a BBC Mundo una leyenda de la que, advierte, no hay constancia escrita: un general yugoslavo que había estudiado en París y había visto cine mexicano antes de la guerra sugirió importarlo. Tenía dos ventajas: costaba menos que el de Hollywood y estaba lleno de referencias a la revolución, algo que encajaba con la retórica del Gobierno. En su web, Mazzini añade otra: México quedaba lejos y no había peligro de ver tanques mexicanos en la frontera.

Portada del disco de Đorđe Masalović y el Ansambl Sombrero, vestido de charro con guitarra y sombrero
Đorđe Masalović y el Ansambl Sombrero, vestidos de charro, en la portada de uno de sus discos

El cine mexicano vivía su Época de Oro, que va de 1936 a 1956. Muchas de aquellas películas ensalzaban la Revolución mexicana y mostraban a gente corriente alzándose contra un Estado opresor, lo bastante «revolucionario» para las pantallas yugoslavas. El público vio paralelismos entre los guerrilleros de la Revolución y los partisanos que habían luchado en la Segunda Guerra Mundial.

Un día de vida

La primera película mexicana que se estrenó en Yugoslavia fue Un día de vida (1950), de Emilio «el Indio» Fernández. Transcurre en 1919, durante la Revolución: el coronel Lucio Reyes va a ser fusilado por encabezar una revuelta tras el asesinato de Emiliano Zapata, y una periodista cubana, Belén Martí, conoce a su madre, Mamá Juanita, que espera verlo al día siguiente para celebrar su santo. En México pasó sin pena ni gloria y solo estuvo nominada a un premio Ariel.

En Yugoslavia se estrenó a finales de 1952 como Jedan dan života y se convirtió en una de las películas de más éxito de la época. En 1953 se calculaba que la mitad de los vecinos de Belgrado la habían visto, y el diario Politika Ekspres llegó a llamarla la película más vista en Yugoslavia en cincuenta años. El editor discográfico croata Siniša Škarica asegura en el documental de Mazzini que entre 1952 y 1953 se proyectó en Zagreb al menos 200 veces seguidas.

La guerra había dejado más de un millón de muertos en el país y mucha gente estaba de luto. Mazzini recuerda haber visto la película de niño en un cine lleno de mujeres mayores que lloraron de principio a fin.

Montaje con el cartel yugoslavo de Un día de vida y los cantantes Nikola Karović y Slavko Perović vestidos de mariachis
El cartel yugoslavo de «Un día de vida» junto a Nikola Karović y Slavko Perović vestidos de mariachis

La escena que más caló fue la de Las mañanitas. En México es la canción de cumpleaños; en la película, una banda se la toca a Mamá Juanita por su santo. Según Robert Irwin, profesor de la Universidad de California, en Yugoslavia empezó a cantarse en serbocroata el día de la madre. Mazzini la recuerda como «Mama Huanita», la canción que toda madre quería oír en la radio por su cumpleaños.

Mariachis con apellido eslavo

Las películas pusieron de moda todo lo mexicano. Los cantantes yugoslavos empezaron interpretando en español las canciones que oían en el cine; después las tradujeron al serbocroata y acabaron componiendo temas propios. Algunas ni siquiera eran mexicanas, sino paraguayas o chilenas, pero todo cabía en la etiqueta Yu-Mex. «En Yugoslavia, todo el que hablara español era mexicano», resume Mazzini.

Entre los más conocidos estuvieron Nikola Karović, Slavko Perović, Ljubomir Milić y su conjunto Paloma, Miroslava Mrđa, Đorđe Masalović, Ana Milosavljević, el Trio Tividi y Nevenka Arsova. Cantantes de éxito como Predrag Cune Gojković o Mišo Kovač también grabaron temas del género.

Portada de un disco del Ansambl Paloma con Ljubomir Milić vestido de charro bajo un gran sombrero bordado
Ljubomir Milić y el Ansambl Paloma, bajo un gran sombrero bordado

Perović grababa las canciones en el cine con un radiocasete y luego, en casa, transcribía las letras y se las aprendía de memoria. En los años sesenta vendió más de un millón de discos en un país de unos 16 millones de habitantes. Karović asegura en el documental de Mazzini que cantó para Tito 102 veces en 33 años, porque el mariscal prefería las canciones mexicanas y sudamericanas.

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La música se extendió al margen de las radios estatales, controladas por el partido, que no le prestaban atención. Las emisoras locales tenían programas de dedicatorias y los oyentes pedían canciones de Yu-Mex para la madre, el hermano o la novia. El auge llegó en los años sesenta. Para la generación siguiente, según Mazzini, ser rockero en Yugoslavia significaba odiar esa música.

Del sombrero a la parodia

El Yu-Mex entró en declive a finales de los sesenta, cuando el rock y el pop, con los Beatles y los Rolling Stones a la cabeza, se llevaron a los jóvenes; la Wikipedia en inglés alarga el interés hasta los setenta. Algunos conjuntos aguantaron más: el Ensamble Magnifico, de Skopie, sacó su último disco en 1983.

Tres carteles yugoslavos de películas mexicanas, entre ellos «Pevam za Panča Vilu»
Carteles yugoslavos de películas mexicanas, entre ellos «Pevam za Panča Vilu» («Canto para Pancho Villa»)

Para entonces, el estilo se había convertido en objeto de parodia. En 1983, Đorđe Balašević, de Novi Sad, publicó «Don Francisco Long Play», cantada en inglés con un acento mexicano exagerado. Al año siguiente, Bajaga & Instruktori incluyeron en su primer disco «Tekila, gerila», la historia de un joven que se emborracha de tequila y empieza una revolución en Macondo, el pueblo de Cien años de soledad.

De los mercadillos a la recopilación

Mazzini empezó a interesarse por el Yu-Mex al encontrar en un mercadillo la portada de un disco: serbios, montenegrinos, croatas y macedonios disfrazados de mexicanos que cantaban sobre un país en el que casi seguro nunca habían estado. Mientras investigaba para su novela Paloma negra (2013), grabó los testimonios de los cantantes y rodó el documental YuMex – Yugoslav Mexico.

Mosaico de seis portadas de discos yugoslavos de música mexicana, con conjuntos como el Trio Tenori o Paloma
Portadas de discos yugoslavos de música mexicana, del Trio Tenori a Paloma

Croatia Records editó una recopilación de cuatro discos con canciones de 1951 a 2011, 101 Meksikanska. Y en 2018 la organización mexicana Stultifera Navis recorrió los Balcanes para el proyecto «Kamarones, Jugoslavia», sobre la nostalgia de la Yugoslavia desaparecida.

Portada del disco «Meksiko» de Đorđe Masalović, vestido de charro junto a la ilustración de un revolucionario
«Meksiko», de Đorđe Masalović, vestido de charro junto a un revolucionario

En 2017, cuando BBC Mundo preguntó en Belgrado por Cielito lindo o Las mañanitas, los jóvenes no sabían de qué se les hablaba; a los mayores se les iluminaba la cara. Perović, que entonces tenía 83 años, dijo que, si volviera a nacer, sería cantante de música mexicana.

Vídeo: rancheras y mariachis yugoslavos

Una selección de canciones de Yu-Mex de la emisora NTS:

Yu-Mex Mix (Yugoslavian Rancheras & Mariachi)【 THE NTS GUIDE TO… 】

La copia que se quedó en Belgrado

Un día de vida pasó sin pena ni gloria en México y se convirtió en un clásico en Yugoslavia. Tanto que, según Irwin, la única copia original que queda se guarda en la Cinemateca Yugoslava de Belgrado, después de que un incendio destruyera las que se conservaban en México.

En la RDA, el régimen no importó la música, sino que se inventó un baile propio para apartar a los jóvenes del rock and roll: el Lipsi. Y la Guerra Fría dejó otros cruces raros entre política y consumo, como cuando Pepsi llegó a ser una potencia naval gracias a la Unión Soviética.

Fuentes consultadas

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