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El origen de las cicatrices de Al Capone: la pelea que lo convirtió en Scarface

Ficha policial de Al Capone de perfil y de frente, con traje y corbata

Al Capone llevó toda su vida tres cicatrices en el lado izquierdo de la cara, y odiaba el apodo que le dieron por ellas: Scarface, «Caracortada». Él decía que eran heridas de guerra, pero no hay constancia de que pisara nunca un frente. La versión más repetida habla de una pelea en un bar de Coney Island en 1917. Se basa, sobre todo, en lo que el agresor contó cuarenta años después, y un periódico de Brooklyn de 1918 cuenta una historia distinta.

La versión de las biografías

Capone nació en Brooklyn el 17 de enero de 1899. En 1917, el gánster Frankie Yale abrió el Harvard Inn en Coney Island, y el joven Alphonse trabajó allí de camarero y de portero.

Postal coloreada de una atracción de Coney Island con paseantes y cochecitos sobre una pista
Coney Island en una postal de 1917, el año en que la versión más conocida sitúa la pelea. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Según el relato clásico, una noche de verano de 1917 entró en el local Frank Galluccio, un delincuente de poca monta, acompañado de su hermana y de otra mujer. Capone no le quitaba ojo a la hermana, y al final le soltó en voz alta algo así como: «Cariño, tienes un culo precioso, y lo digo como un cumplido». Galluccio exigió una disculpa, Capone respondió que era una broma, y Galluccio, bastante más bajo que él, sacó una navaja y le hizo tres cortes en la cara y el cuello.

El final de la historia también tiene sus versiones. Una dice que a Capone lo cosieron en el hospital de Coney Island; el número de puntos va de 30 a 80, según quién lo cuente. Otra, que Frankie Yale reunió a los dos, dio la razón a Galluccio y le obligó a pagar 1.500 dólares a cambio de que Capone no se vengara.

¿Quién contó esa historia?

Buena parte de esos detalles vienen del historiador de la mafia William Balsamo, autor de Young Al Capone. Él asegura que Galluccio le contó todo en persona a principios del otoño de 1959, un año antes de morir de un infarto, el 24 de septiembre de 1960, a los 62 años. Según Balsamo, la historia es cierta «en un 90 %».

Mario Gomes, que dirige el museo virtual My Al Capone Museum, ha encontrado varios agujeros en ese relato. Un artículo de 1990 de Chicago Magazine recogía al mismo Balsamo situando aquel encuentro en 1965, cuando Galluccio ya habría muerto. Galluccio no tenía ninguna hermana llamada Lena, el nombre que suele darse a la joven: sus dos hermanas, Annie y Teresa, eran mayores que él. Y su nombre no apareció en la prensa relacionado con las cicatrices de Capone hasta noviembre de 1938, cuando Capone estaba en prisión.

Tres hombres con trajes y sombreros blancos posan con una copa en la mano ante una fachada de piedra en Cuba
J. Fritz Gordon, Al Capone y el alcalde de La Habana, Julio Morales, en Cuba, hacia 1930. Foto: Archivos del Estado de Florida (dominio público), vía Wikimedia Commons

Un periódico de 1918

El hallazgo más sólido de Gomes es una noticia del Brooklyn Daily Times del 9 de diciembre de 1918: un tal «Alfonzo Capone» había sido abordado por dos hombres que le cortaron la mejilla con un cuchillo. El periódico se equivocó de lado y habló de la derecha. Según Gomes, el ataque fue la noche del domingo 8 de diciembre y a Capone lo atendió un médico del hospital Metodista Episcopal de Brooklyn, no el de Coney Island.

La fecha encaja con otro dato: ese mismo mes nació su hijo Albert Francis, y el 30 de diciembre Capone se casó con Mae Coughlin. Gomes cree que la ofensa a la mujer pudo producirse en otro salón de baile y que Galluccio fue después a buscarle a un restaurante. Las fechas que se han dado para el ataque van de 1917 a 1925. Lo único seguro es que alguien le rajó la cara.

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«Heridas de guerra»

Capone nunca contaba nada de eso. Cuando le fotografiaban, escondía el lado izquierdo y decía que las cicatrices eran heridas de guerra; según Gomes, presumía incluso de haber estado con el Batallón Perdido, los unos 550 soldados estadounidenses que quedaron cercados por los alemanes en el bosque de Argonne entre el 2 y el 8 de octubre de 1918. Si la fecha del periódico es buena, Capone se llevó las cuchilladas en Brooklyn un mes después del armisticio.

Al Capone, con traje de raya diplomática, chaleco y corbata, sentado en una oficina de la policía de Chicago
Al Capone en la oficina de detectives de Chicago tras ser detenido por vagancia en 1930, cuando era el enemigo público número uno. Foto: Oficina de Chicago del FBI (dominio público), vía Wikimedia Commons

El apodo de Scarface le desagradaba; sus íntimos le llamaban Snorky, algo así como «el elegante». Pero fue el que triunfó. En 1930, Armitage Trail publicó una novela inspirada en su vida con ese título, y en 1932 Howard Hawks la llevó al cine con Paul Muni. Medio siglo después, Brian De Palma la rehízo con Al Pacino.

Capone no siempre fue tan desconfiado: Victor Lustig le sacó 5.000 dólares devolviéndole intactos los 50.000 que le había pedido. Y si de nombres con leyenda se trata, el de Spandau Ballet salió, según su inventor, de una pintada sobre Rudolf Hess. Y una leyenda que la mafia calabresa se cuenta a sí misma sobre su origen: la de Osso, Mastrosso y Carcagnosso. Lo que hizo rico a Capone tiene su propia historia: la Ley Seca y sus agujeros.

Las cicatrices de Al Capone, en vídeo

El canal divulgativo Today I Found Out repasa en este vídeo cómo consiguió Capone sus cicatrices.

How Al "Scarface" Capone Got His Scars

Dura unos ocho minutos y medio y está en inglés.

Lee también: el estafador que engañó a Capone tiene su propia historia, la de Victor Lustig, el hombre que vendió la torre Eiffel, y de aquellos mismos años es otra muy distinta: la de la elefanta Mary, ahorcada en Erwin (Tennessee) en 1916.

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