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El USS O’Bannon y las patatas contra un submarino japonés: lo que pasó en 1943

El destructor estadounidense USS O'Bannon fondeado en 1942, con camuflaje de guerra

Durante décadas, varios veteranos del destructor estadounidense USS O’Bannon contaron que, la madrugada del 5 de abril de 1943, frente a las islas Salomón, se quitaron de encima a un submarino japonés a patatazos. El Ro-34 había quedado tan pegado a su costado que los cañones no podían apuntarle. El comandante negó la historia siempre; los cultivadores de patata de Maine, en cambio, la celebraron con una placa. El submarino escapó aquella noche, tocado, y dos días después lo hundió otro destructor.

El «Lucky O», un destructor nacido en Maine

El O’Bannon (DD-450) salió de los astilleros Bath Iron Works, en Maine, como uno de los primeros destructores de la clase Fletcher, y entró en servicio en Boston el 26 de junio de 1942. Lo mandaron directamente al Pacífico Sur, donde se peleaba por Guadalcanal.

El 13 de noviembre de 1942, en la batalla naval de Guadalcanal, se acercó tanto al acorazado Hiei que este no podía bajar lo suficiente sus cañones principales. El O’Bannon le colocó varios impactos que lo dejaron en llamas y se retiró a salvo. Pasó un año en las Salomón sin perder a un solo hombre; de ahí el apodo de «Lucky O», el afortunado. Terminaría la guerra con 17 estrellas de combate y la Mención Presidencial de Unidad.

Un submarino dormido junto al costado

Desde enero de 1943 lo mandaba el capitán de corbeta Donald J. MacDonald. La madrugada del 5 de abril, el destructor volvía con su escuadrilla de bombardear posiciones japonesas en Nueva Georgia cuando, a las 2:18, su radar y el del Strong detectaron un submarino en superficie a unas 40 millas de las islas Russell. Era el Ro-34. MacDonald se lanzó a embestirlo, pero en el último momento temió que fuera un minador (el choque podía hundir a los dos) y ordenó virar. El O’Bannon terminó navegando pegado al submarino.

El submarino japonés Ro-34 navegando en superficie en los años treinta
El submarino japonés Ro-34 en los años treinta. Foto de dominio público, vía Wikimedia Commons.

Lo que siguió lo contó uno de sus marineros, Ernest A. Herr. Los japoneses dormían en cubierta, con pantalones cortos oscuros y gorritas azules, y se despertaron con un destructor al lado. Nadie tenía un arma a mano y los cañones del O’Bannon no podían bajar tanto. Cuando los submarinistas corrieron hacia su cañón de cubierta, los estadounidenses cogieron patatas de unos cajones cercanos y empezaron a lanzárselas. Según Herr, los japoneses las tomaron por granadas y se entretuvieron devolviéndolas o tirándolas al agua, lo que dio al destructor tiempo para separarse.

Ya separados, dispararon los cañones. Un proyectil alcanzó la torre del Ro-34, que se sumergió de urgencia, y el O’Bannon pasó por delante, a menos de cien metros, soltando cargas de profundidad. A las 3:19 el sonar volvió a encontrarlo y cayeron ocho más. Desde el destructor lo vieron hundirse de popa; por la mañana, los aviadores localizaron una gran mancha de aceite y al barco se le anotó un hundimiento probable.

El cocinero, el comandante y los que tiraron

MacDonald contaba otra cosa. Según él, el submarino estaba tan cerca que el cocinero le comentó que podría haberle acertado con una patata, y de esa frase salió toda la leyenda. Sostuvo siempre que no se lanzó ninguna: «llevo años intentando clavarle una estaca a esta historia», llegó a decir. Otros tripulantes, como el marinero Ambrose Hardin, el artillero Bud Moreau o George Starkey, recordaban en cambio a compañeros arrojando patatas al Ro-34.

Tres destructores estadounidenses navegan en fila por las islas Salomón en 1943, con el O'Bannon en cabeza
El O’Bannon, en cabeza, seguido por el Chevalier y el Taylor en las islas Salomón, el 15 de agosto de 1943. Foto de dominio público (U.S. Navy), vía Wikimedia Commons.

Algunos periódicos estadounidenses publicaron que el destructor había hundido el submarino a patatazos, y la historia acabó en el Reader’s Digest. Luego llegaron las variantes: en una, los japoneses tiraban sus armas por la borda creyendo que les llovían granadas; en otra, las patatas solo los entretenían hasta tener listas las cargas de profundidad. Hubo incluso una menos heroica: los marineros las habrían lanzado de pura rabia.

La placa que se perdió por el camino

En Maine, donde se había construido el barco, la anécdota sentó de maravilla. Según Herr, la asociación de cultivadores de patata envió una placa que se colgó junto al comedor de la tripulación; no consta en qué fecha. Más tarde pasó al Museo Marítimo de Maine, en Bath, y cuando la Armada bautizó otro O’Bannon se decidió trasladársela. La mandaron al Centro Histórico Naval de Washington y nunca llegó. En enero de 1984, un oficial de la Armada que la buscaba admitía que nadie sabía dónde estaba; el conservador del museo opinaba que una historia tan rara difícilmente podía ser inventada.

El Ro-34 solo sobrevivió dos días más. El 7 de abril, cerca de la isla de San Cristóbal, el Strong lo sorprendió en superficie y, a la luz de sus reflectores, lo alcanzó al menos tres veces; después soltó dos tandas de cargas de profundidad. Hoy el hundimiento se atribuye al Strong, aunque durante años figuró en la cuenta del O’Bannon. La Marina japonesa dio el submarino por perdido el 2 de mayo, con sus 66 tripulantes.

El O’Bannon siguió combatiendo en el golfo de Kula y en Vella Lavella, estuvo en Leyte y Okinawa y volvió al servicio para las guerras de Corea y Vietnam. Lo dieron de baja en Pearl Harbor el 30 de enero de 1970 y ese mismo año lo vendieron para desguace.

El USS O’Bannon, en vídeo

El canal The History Guy repasa, en inglés, la campaña del O’Bannon en las islas Salomón, con el episodio de las patatas incluido.

USS O'Bannon and the Solomon Islands Campaign

En el capítulo de rarezas navales, el O’Bannon tiene compañía: el USS William D. Porter, otro destructor de la misma guerra, se ganó una fama mucho más incómoda, y ya en tiempos de paz la Armada sueca persiguió submarinos rusos que resultaron ser arenques.

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