En 1970, una estudiante inglesa de 27 años se puso delante de un espejo y se hizo un agujero en la frente con un taladro de dentista. Su compañero, Joey Mellen, lo filmó. Se llamaba Amanda Feilding y creía que así su cerebro recibiría más sangre y ella alcanzaría un estado de conciencia más elevado. Años después se presentó dos veces al Parlamento británico con un programa de un solo punto, la trepanación gratis en la sanidad pública, y acabó dirigiendo una fundación que colaboró con el Imperial College en los primeros escáneres cerebrales con LSD.
¿Quién fue Amanda Feilding y por qué querría alguien agujerearse el cráneo?
Nacida en 1943 en Beckley Park, una vieja mansión de Oxfordshire, estudió religiones comparadas y misticismo con el orientalista R. C. Zaehner y árabe clásico con el historiador Albert Hourani.
A los 16 años ya había intentado plantarse en Ceilán con cuatro perras en el bolsillo, que es lo que hacen algunas adolescentes en lugar de pintarse las uñas. Lo de buscar la iluminación por vía craneal llegaría poco después.

Las ventanas de la trepanación
La trepanación, para quien aún no la tenga en su lista de hobbies, consiste —en esencia— en perforar el cráneo para que circule mejor la sangre y, de paso, las ideas. Dicho así suena a barbaridad neolítica, pero cuenta con una respetable historia milenaria: los antiguos la practicaban convencidos de que así liberaban malos espíritus o, al menos, las presiones de una vida difícil sin analgésicos tal como refleja Waltari en las primeras páginas de su inmortal Sinuhé el egipcio.
En el siglo XX, con bisturíes más finos y un aire más científico, algunos pioneros psicodélicos la rescataron como método de expansión mental, una especie de “abrir las ventanas del cerebro para que entre la brisa de la consciencia”. Amanda, con su mezcla de curiosidad mística y temeridad británica, abrazó la idea con entusiasmo. No la consideraba una simple moda ni una broma: para ella, trepanarse era devolver al cuerpo su equilibrio natural, ese punto en que la sangre y el líquido cefalorraquídeo fluyen al unísono.
Bart Huges entra en escena
Amanda Feilding descubrió el noble arte de la trepanación gracias a Bart Huges, un neerlandés tan excéntrico como visionario: estudió Medicina en Ámsterdam, pero la universidad le negó el título por su entusiasta defensa de la marihuana, lo que no le impidió convertirse en una suerte de gurú del agujero cerebral y pionero del movimiento “hazlo tú mismo” aplicado a la neurocirugía. En 1965 predicó con el ejemplo y se taladró su propio cráneo.
Huges sostenía que, al perforarse el cráneo, se restauraba un equilibrio perdido que mantiene al cerebro en su salsa. Según él, el cerebro humano habría ido perdiendo su ritmo natural a causa de la evolución y de tanto andar erguidos, lo que habría reducido el flujo sanguíneo y, con él, nuestra capacidad para alcanzar la plenitud mental. Amanda, que lo conoció en 1966 y siempre fue receptiva a las ideas que mezclan ciencia, misticismo y una pizca de locura romántica, no solo se fascinó con la teoría: también se enamoró de su autor.
Fue un amor breve, pero la idea del agujero se quedó.
El relevo sentimental llegó con Joey Mellen, un escritor británico igual de convencido de las virtudes del agujero, con quien compartiría décadas de vida y dos hijos. Mellen se trepanó antes que ella —con Amanda de ayudante, a modo de ensayo general— y acabó contándolo en un libro de título insuperable: Bore Hole.
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El gran agujero (con taladro dental incluido)
En 1970, con apenas 27 años y una determinación digna de mejor causa, Amanda Feilding decidió llevar la teoría a la práctica: practicar la auto-trepanación. Y no en un quirófano ni en un laboratorio clandestino, sino en su propia casa de campo, con vistas al idílico paisaje inglés, un espejo de tocador y —detalle fundamental— un taladro dental prestado.
El acto fue documentado en una película que hoy tiene estatus de culto: Heartbeat in the Brain, una pieza que mezcla el experimentalismo psicodélico con el género de terror doméstico. Amanda no sólo fue la protagonista, sino también la productora, la directora espiritual y, por supuesto, la paciente. Detrás de la cámara, cómo no, estaba Joey Mellen. Según contó después, el momento culminante fue “como si se abriese una puerta”.
Cuando la proyectó en Nueva York, en 1978, en la Suydam Gallery, más de un espectador se desmayó. La película pasó después décadas perdida, hasta que el Institute of Contemporary Arts de Londres volvió a proyectarla en 2011. Que Amanda no acabara nominada a los Premios Darwin fue, a su manera, otro pequeño milagro.
Candidata parlamentaria por el Partido de la Trepanación
Lejos de contentarse con la hazaña del autotaladro —que ya habría bastado para garantizarle una nota al pie en la historia universal del disparate—, Amanda Feilding decidió dar un paso más allá: llevar su cruzada craneal al terreno de la política. Si otros se presentaban al Parlamento prometiendo más empleo o menos impuestos, ella lo hizo con un lema inolvidable: Trepanation for the National Health.
En otras palabras, convertir el Servicio Nacional de Salud en un centro de iluminación masiva abriendo túneles al cerebro por vía ósea.
Se presentó como candidata en 1979 y repitió en 1983, sin arredrarse ante el escaso entusiasmo de los votantes, que quizás no estaban aún preparados para tal apertura —mental y/o craneal—. Obtuvo pocos votos, pero ganó algo mucho más valioso: un lugar permanente en el olimpo del surrealismo político británico, ese espacio etéreo donde conviven candidatos nudistas, partidos del amor libre y defensores de los derechos de los duendes.
Su programa, dicho sea de paso, no tenía desperdicio: proponía fomentar la autotrepanación bajo supervisión médica, normalizarla como práctica sanitaria y, de paso, abrir el debate sobre los límites de la consciencia humana.
No consiguió escaño, pero sí una inmortalidad mediática que ningún ministro de sanidad ha alcanzado hasta la fecha.
Palomas, amor y alucinógenos
Y luego está la paloma. Según contaba ella misma, Amanda Feilding mantuvo una relación sentimental con una paloma.
Sí, una paloma de verdad, llamada Birdie, con sus plumas, su pico, sus arrullos y, según ella, una vida emocional sorprendentemente rica.
La condesa aseguraba que el amor era mutuo y que la paloma la comprendía mejor que la mayoría de los humanos.
Lo que sí consta es que Birdie llegó a la gran pantalla: en Heartbeat in the Brain, las escenas del taladro se alternan con planos de la paloma, quizá para que el espectador tuviera algo bonito que mirar mientras Amanda se perforaba la frente.

La Beckley Foundation: del ácido a la academia
Entre amores alados y vuelos metafísicos, Amanda no abandonó su cruzada mental. En paralelo a sus experiencias sentimentales con seres de otras especies, defendió con convicción la causa de los psicodélicos como herramientas de sanación y expansión de la mente.
En 1998 fundó la Beckley Foundation, un laboratorio de ideas y experimentos donde el LSD, la psilocibina, la ayahuasca y el MDMA dejaron de ser sustancias tabú para convertirse en objeto de estudio serio. Su empeño consiguió lo impensable: pasar de las comunas hippies al claustro universitario, colaborando con instituciones tan respetables como la universidad Johns Hopkins y el Imperial College de Londres.
Por el camino le dio tiempo a casarse, en 1995, con James Charteris, futuro conde de Wemyss y March, en una ceremonia celebrada bajo la Pirámide Acodada de Egipto, porque una boda en la parroquia del pueblo habría sido de una vulgaridad insoportable. De ahí lo de condesa.
Feilding se transformó así en una figura clave del renacimiento psicodélico del siglo XXI: una mujer capaz de hablar con naturalidad de alucinógenos, trepanaciones y amor inter-especies con el tono de una dama inglesa que ofrece el té.
Vídeo: la reina de los psicodélicos
Para quien quiera escucharla de su propia boca —en inglés, como corresponde a una condesa—, aquí va un documental sobre la «reina de los psicodélicos»:
Lo que comenzó con un agujero…
Su fundación ayudó a que los psicodélicos pasaran de los márgenes a revistas como The Lancet y Nature, y a que el viejo estigma del «viaje» dejara sitio a un debate serio sobre salud mental.
Hasta su muerte, el 22 de mayo de 2025, a los 82 años y en Beckley Park —la misma mansión destartalada en la que había nacido—, Feilding siguió hablando de la trepanación con la misma naturalidad con la que otros comentan la receta del gazpacho o la última majadería de Trump.
Siguió promoviendo estudios y organizando conferencias hasta el final.
Para algunos fue una iluminada; para otros, una aristócrata enloquecida con demasiado tiempo libre y recursos de sobra.
En la gran tradición de la excentricidad británica, Amanda Feilding ocupa un lugar de honor, en la estirpe de Dorothy Eady, la inglesa que decía recordar su vida en el antiguo Egipto.
Lo de usar el propio cuerpo como lienzo, por cierto, tiene variantes todavía más difíciles de digerir: en 2012, el ilustrador japonés Mao Sugiyama cocinó sus propios genitales y los sirvió a cinco comensales que habían pagado por ello.
No fue la única que se puso manos a la obra con su propio cuerpo: en la Columbia Británica de los años cincuenta, el cazador Francis Wharton se fabricó una dentadura con los dientes de un ciervo… y se comió al ciervo con ella. Amanda Feilding, al menos, experimentó consigo misma. Otros prefirieron hacerlo con los demás, como el psicólogo Milton Rokeach, que en 1959 obligó a convivir a tres pacientes que se creían Jesucristo para ver si alguno se bajaba del pedestal.
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Fuentes consultadas
- Beckley Foundation. (s. f.). Amanda Feilding. https://www.beckleyfoundation.org/amanda-feilding/
- The Telegraph. (2025, 30 de mayo). The Countess of Wemyss, trepanning enthusiast who … https://www.telegraph.co.uk/obituaries/2025/05/30/amanda-feilding-countess-wemyss-lsd-trepanning-psychosis/
- Turner, C. (2007–2008). Like a Hole in the Head. Cabinet Magazine. https://www.cabinetmagazine.org/issues/28/turner.php
- Wikipedia contributors. (2024). Bart Huges. Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Bart_Huges
- Wikipedia contributors. (2024). Heartbeat in the Brain. Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Heartbeat_in_the_Brain
- Wikipedia contributors. (2025). Amanda Feilding. Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Amanda_Feilding
- Vice. (2013, 14 de agosto). An interview with the woman who drilled a hole in her head for a higher state of consciousness. https://www.vice.com/en/article/drilling-a-hole-in-your-head-for-a-higher-state-of-consciousness/
- Beckley Foundation. (s. f.). About the Foundation. https://www.beckleyfoundation.org/about/the-foundation/
- Imperial College London. (2016, 11 de abril). The brain on LSD revealed: first scans show how the drug affects the brain. https://www.imperial.ac.uk/news/171699/the-brain-lsd-revealed-first-scans/
- Carhart-Harris, R. L., & Goodwin, G. M. (2017). The therapeutic potential of psychedelic drugs: Past, present, and future. Neuropsychopharmacology, 42(11), 2105–2113. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5603818/
- Wikipedia en español. (s. f.). Amanda Feilding.
- Wikipedia en español. (s. f.). Trepanación.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Trepanning.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Beckley Foundation.
- Wikipedia en inglés. (s. f.). Joey Mellen.

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto.Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
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