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Paracaidistas con uniformes de la Segunda Guerra Mundial saltan de aviones C-47 sobre Normandía

En agosto de 1940, la víspera de su primer salto, un soldado del pelotón de pruebas de paracaidistas de Fort Benning prometió a sus compañeros que gritaría «¡Gerónimo!» al tirarse del avión, para demostrarles que no tenía miedo. Lo cumplió, y el grito acabó saliendo de los cuarteles: la prensa que siguió a los paracaidistas durante la guerra lo hizo popular, según Mental Floss. En esta cuarta entrega de frases hechas repasamos el origen de esa y de otras tres: ir como Pedro por su casa, despedirse a la francesa y hacerse el sueco, que no tiene nada que ver con Suecia.

Como Pedro por su casa

Se dice de quien se mueve con total soltura en un sitio que no es suyo, a menudo con un punto de descaro. La explicación más repetida la remonta a Pedro I de Aragón, que el 15 de noviembre de 1096 venció en la batalla de Alcoraz a las tropas de la taifa de Zaragoza y a sus aliados castellanos. Huesca se rindió el 26 de noviembre y fue la primera ciudad musulmana incorporada al reino de Aragón. De ahí habría salido un primitivo «entrar como Pedro por Huesca» que con el tiempo se convirtió en «como Pedro por su casa».

Grabado con el retrato del rey Pedro I de Aragón
Pedro I de Aragón, en un grabado de la serie de retratos de reyes de Manuel Rodríguez (dominio público).

Matador Network da por hecho que a finales del siglo XI se decía «entrar como Pedro por Huesca», pero ninguna de las fuentes consultadas cita un documento de la época que recoja la frase, así que es la versión popular, no un origen probado.

¡Gerónimo!

Gritar «¡Gerónimo!» antes de lanzarse al vacío viene de los paracaidistas del ejército de Estados Unidos. En agosto de 1940, el pelotón de pruebas de paracaidistas de Fort Benning, en Georgia, iba a hacer su primer salto en masa. La noche anterior, según la versión más extendida, el soldado Aubrey Eberhardt y unos compañeros fueron al cine de la base a ver un wéstern, probablemente Geronimo, la película de Paramount de 1939 que en España se tituló Venganza india (Mental Floss lo da por hecho; The Straight Dope solo lo supone), y luego siguieron la conversación con unas cervezas.

Eberhardt presumía de no estar nervioso; los demás se burlaron de él, y les prometió que gritaría «¡Gerónimo!» al saltar. Al día siguiente lo hizo, y el resto del pelotón adoptó el grito. Al año siguiente, el 501.º Batallón de Infantería Paracaidista, la primera unidad oficial de paracaidistas del Ejército, lo puso como lema en su emblema, después de que su comandante pidiera permiso a los descendientes de Gerónimo, según Mental Floss. Tras la Segunda Guerra Mundial, el Ejército acabó con los gritos en pleno salto, porque delataban la posición.

Retrato del jefe apache Gerónimo arrodillado con un rifle, fotografiado por Ben Wittick en 1887
El jefe apache Gerónimo, en una fotografía de Ben Wittick de 1887 (dominio público).

El nombre era el de un jefe apache de carne y hueso, Goyaałé, al que los mexicanos llamaron Gerónimo por un motivo que los historiadores discuten (una de las explicaciones es que sus soldados invocaban a san Jerónimo), que resistió durante años al ejército estadounidense y murió en 1909 como prisionero de guerra.

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Despedirse a la francesa

Despedirse a la francesa es irse sin decir adiós. Curiosamente, los franceses dicen lo mismo de los ingleses: filer à l’anglaise, marcharse a la inglesa, una expresión que en francés parece datar del cambio del siglo XIX al XX.

La explicación tiene que ver con una costumbre. El diccionario de Oxford define el «French leave» inglés, documentado desde 1751, como la costumbre, muy extendida en Francia en el siglo XVIII y a veces imitada en Inglaterra, de marcharse de una recepción sin despedirse de los anfitriones. El escritor James Boswell anotó en 1762 que un amigo le había contado que en Francia la gente nunca se despedía. Hoy se usa para cualquier marcha sin avisar, y cada idioma se la atribuye a otro: en Estados Unidos y Canadá también se dice Irish goodbye, y en italiano o en polaco se habla de despedida inglesa.

Hacerse el sueco

Hacerse el sueco es fingir que uno no se entera de algo para desentenderse de ello. Pese a las apariencias, no tiene nada que ver con Suecia. El Diccionario de la Real Academia lo recoge en una entrada distinta de la del gentilicio y le da otro origen: el latín soccus, «zueco».

Par de zuecos con suela de madera y empeine de cuero
Unos zuecos con suela de madera. Foto: Kuchen (dominio público).

El soccus era el calzado bajo que usaban los actores de comedia en el teatro romano, y de él viene zueco, el zapato de madera. La idea es que hacerse el sueco equivaldría a hacerse el zoquete, el torpe que no se entera. El salto exacto de una palabra a otra no está documentado, pero es la explicación que respaldan la RAE y Muy Interesante. Esta revista recoge también la de algunos lingüistas, según la cual venía de los marineros suecos que en los puertos españoles solo entendían lo que les convenía, aunque la considera menos probable.

Vídeo: el origen de «hacerse el sueco»

El divulgador Jorge Caneja explica en este vídeo de tres minutos de dónde viene hacerse el sueco.

¿Cuál es el ORIGEN de HACERSE EL SUECO? | Jorge Caneja

Orígenes con distinto respaldo

De las cuatro frases, dos tienen un origen bien documentado: el grito de Eberhardt, que recogió Gerard M. Devlin en su libro Paratrooper! (1979), y el French leave, que el diccionario de Oxford registra desde 1751. Hacerse el sueco tiene a su favor la etimología de la RAE, y como Pedro por su casa sigue dependiendo de la tradición.

Otras historias del blog: el coño de la Bernarda, a buenas horas, mangas verdes y la segunda entrega de frases populares.

Lee también: Estar en Babia, el quinto pino y otras frases con historia y La herradura de la suerte: san Dunstán contra el diablo

Fuentes consultadas

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