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Just Room Enough Island: la isla del río San Lorenzo donde solo caben una casa y un árbol

Casa de madera oscura que ocupa casi todo un islote rocoso del río San Lorenzo, con un árbol a un lado y bancos blancos delante

Los Sizeland buscaban un refugio para las vacaciones y, en los años cincuenta, lo encontraron en mitad del río San Lorenzo: un peñasco del archipiélago de las Mil Islas, en Alexandria Bay (Nueva York). Levantaron una casa con las paredes casi en la orilla y un árbol al lado, y bautizaron el islote con una sinceridad envidiable: Just Room Enough Island, algo así como «la isla con el sitio justo». Hoy los barcos turísticos la enseñan como la isla habitada más pequeña del mundo, un título que se repite por todas partes y que nadie ha documentado.

Trescientos metros cuadrados con vistas al río

El islote está en el tramo del San Lorenzo que separa el estado de Nueva York de la provincia canadiense de Ontario, entre Heart Island e Imperial Isle. Según Condé Nast Traveler, mide unos 3.300 pies cuadrados, poco más de 300 metros cuadrados: más o menos una pista de tenis, o cuatro pisos de 75 metros.

Los Sizeland lo compraron como lugar de veraneo. Construyeron la casa con los muros pegados al borde del agua y delante pusieron un par de bancos de hierro forjado; el árbol también lo plantaron ellos. Varios reportajes dicen que hasta entonces el peñasco se llamaba Hub Island. Puede ser, pero en el río hay otra Hub Island, cerca de Grenell Island, con mucho más pasado: allí se levantó en 1879 un hotel, el Hub House, y en su porche se sentó Walt Whitman la tarde del 1 de agosto de 1880, según contó su amigo Richard Maurice Bucke.

Un pie cuadrado y un árbol: el examen para ser isla

En las Mil Islas no basta con asomar. Según la regla que se repite en la región, para contar como isla un pedazo de tierra tiene que quedar por encima del agua todo el año, medir más de un pie cuadrado (unos 30 por 30 centímetros, lo que una baldosa) y sostener al menos un árbol vivo. Hay quien, más exigente, pide dos.

Mapa antiguo coloreado de las Mil Islas del río San Lorenzo cerca de Alexandria Bay, con un índice de casas de veraneo y sus dueños
Mapa de una parte de las Mil Islas, cerca de Alexandria Bay, registrado por George Rockwell en 1875, con la lista de casas de veraneo y sus dueños. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Just Room Enough aprueba gracias a su árbol, porque la casa se come casi todo lo demás. En 2010, The Washington Post lo resumió así: «Un mal paso y estás nadando». Con la misma vara de medir salen 1.864 islas, la cifra que repiten casi todas las guías. La Enciclopedia Canadiense recoge otro recuento oficial, más tacaño, que se queda en 1.149.

El vecino que quiso regalar un castillo

La isla de al lado juega en otra liga. George Boldt, el hotelero al frente del Waldorf-Astoria de Nueva York, compró Hart Island y le retocó la orilla hasta darle forma de corazón; de ahí el nombre que le puso después, Heart Island. En 1900 puso a 300 obreros a levantar un castillo de 120 habitaciones que pensaba regalar a su mujer, Louise, el día de San Valentín, que era su cumpleaños.

El castillo Boldt y sus torres entre los árboles de Heart Island, visto desde el río San Lorenzo
El castillo Boldt, en Heart Island, visto desde el río San Lorenzo en 2016. Foto: Srikanth Prabhakar (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons.

Louise murió en enero de 1904, con 41 años. Boldt telegrafió desde Nueva York para que los obreros dejaran la isla de inmediato y no volvió a poner un pie en ella. El castillo pasó 73 años abandonado, hasta que en 1977 lo adquirió la Autoridad del Puente de las Mil Islas con la idea de restaurarlo y acabarlo tal como lo había soñado Boldt.

Al hotelero le cuelgan también la salsa Mil Islas. Según la leyenda que cuentan los guías de los barcos, el cocinero de los Boldt olvidó el aliño durante un crucero en yate e improvisó uno con mayonesa, kétchup, pepinillo picado y huevo duro. En Clayton, otro pueblo del río, defienden una paternidad distinta: la de la mujer de un guía de pesca, cuya receta habría llegado a los Boldt a través de May Irwin, la actriz del primer beso de la historia del cine. Un historiador de la cocina consultado por la NPR cree que unos y otros dieron con la salsa por las mismas fechas.

Un récord que nadie ha firmado

El título de isla habitada más pequeña lo tenía antes Bishop Rock, un peñasco en el extremo occidental de las Sorlingas, frente a Cornualles. Allí se encendió un faro el 1 de septiembre de 1858 y, mientras hubo fareros dentro, la roca contaba como habitada. Cuando el faro empezó a funcionar solo, el récord, dicen, cruzó el Atlántico.

La fecha que circula para ese relevo es 1982, y no cuadra. Según Trinity House, que gestiona el faro, Bishop Rock se automatizó a lo largo de 1991 y sus últimos fareros se marcharon el 21 de diciembre de 1992. Con el Guinness pasa algo parecido: muchos artículos aseguran que el libro de los récords coronó a Just Room Enough en 1982, pero ninguno cita edición ni ficha, y en la web de Guinness no aparece nada con su nombre. A Bishop Rock, según contaba Condé Nast Traveler en 2014, el Guinness la tenía en otra categoría: la isla más pequeña con un edificio encima.

Queda, además, el matiz de «habitada». La casa se construyó para veranear y de sus ocupantes actuales se sabe poco. La isla sigue siendo privada: se mira desde el barco y no se pisa. La fama llegó pronto, y con ella una procesión de curiosos que acabó con la tranquilidad que los Sizeland habían ido a buscar.

Las islas diminutas tienen debilidad por los títulos discutibles. Tavolara, frente a Cerdeña, presume de ser el reino más pequeño del mundo, y la isla de los Faisanes, en el Bidasoa, pasa seis meses siendo española y otros seis francesa. La de los Sizeland se conforma con un récord que nadie ha firmado y con un nombre que avisa de lo que hay. Más ambicioso fue el ingeniero Giorgio Rosa, que en 1968 convirtió 400 metros cuadrados de plataforma frente a Rímini en la Isla de las Rosas, una república con sellos y esperanto que Italia acabó volando.

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