Tim Hayes, un marino de Cobh, pasó la Navidad de 1966 en un ataúd bajo tierra y salió más de cien horas después entre aplausos. Dos años más tarde, Mick Meaney, un peón de Tipperary emigrado a Londres, aguantó 61 días enterrado en Kilburn por cuenta de un antiguo forzudo de circo, Butty Sugrue. Los dos irlandeses enterrados vivos se disputaron el récord durante años, y Meaney salió sin marca oficial y sin un penique.
El hombre que dormía en ataúdes
En Cobh, a Tim Hayes lo llamaban «el hombre del ataúd»: según contaba, se aficionó a dormir en uno en Japón, en los años cincuenta, siendo marino mercante. De la cama a la tumba quedaba un paso, y lo dio el día de Navidad de 1966 con su «prueba de resistencia subterránea».
El sitio fue Ballymore, junto a Cobh. Lo bajaron en un ataúd con espacio para moverse, unido a la superficie por un teléfono y una alarma, y con lecturas a juego con el alojamiento: a la luz de una linterna leyó Drácula y The Beautiful Coffin («El ataúd bonito»).
Cien horas y cien muertes
La televisión irlandesa mandó a Bill O’Herlihy, de Newsbeat, que lo entrevistó por teléfono junto a la tumba. Hayes le aseguró que estaba tan a gusto que no le importaría que le pusieran un muerto al lado. Su madre, Marguerite, confesó ante la cámara que ella, mientras tanto, había muerto cien veces.

Salió tras más de cien horas, aplaudido por miles de personas, y le cogió el gusto. En 1970, un club de deportes gaélicos de Wexford lo contrató para recaudar fondos; pidió mil libras y se conformó con trescientas. Aguantó 239 horas bajo tierra. En 1972 sumó más de 25 horas en una cama de clavos.
Se busca enterrado voluntario
Mick Meaney, de Ballyporeen (Tipperary), tenía 33 años y trabajaba en las obras de Londres. Quería ser boxeador, como su ídolo, Joe Louis, pero un accidente le estropeó la mano. La salida estaba en el Admiral Nelson, el pub de Kilburn de Michael «Butty» Sugrue, un forzudo de circo de Kerry que había arrastrado un autobús con los dientes. Había que superar los 45 días del estadounidense Digger O’Dell, y Sugrue le prometió, según la hija de Meaney, mucho dinero y una gira mundial.

Antes del gran día durmió en el ataúd en el piso de arriba del pub, recibiendo visitas como un difunto de buen humor. El 21 de febrero de 1968, tras una «última cena» con la prensa, sacaron el féretro por una ventana y lo pasearon en camión por Kilburn hasta el patio de su amigo Mick Keane. Lo bajaron a unos dos metros mientras cantaba el tenor Jack Doyle, también de Cobh. Un tubo le llevaba el aire y la comida.
Desayuno por tubo y llamadas de Joe Louis
Se levantaba a las siete para hacer los ejercicios que Sugrue le dictaba desde arriba; por el tubo le bajaban el desayuno y la prensa, Financial Times incluido. Arriba estaba el negocio: entrar al patio costaba media corona y había cola para hablarle por teléfono. Joe Louis lo llamó desde Estados Unidos y Henry Cooper, el boxeador, se pasó a saludar. En los Comunes se debatió si sacarlo a la fuerza, pero lo dejaron estar.
El 22 de abril, al cumplirse 61 días, Sugrue mandó desenterrarlo. Meaney quería llegar a cien («Me siento de maravilla», dijo) y salió con barba y gafas oscuras; la actriz Diana Dors fue una de las celebridades que hicieron cola para fotografiarse con él. Había pulverizado la marca de O’Dell, pero ningún juez del Guinness estaba allí para certificarlo, y nunca entró en el libro.
El récord, además, le duró poco. Ese mismo año, Emma Smith, una antigua monja, pasó 101 días enterrada bajo una feria de Skegness, en Inglaterra.
Un bungalow y ni un penique
La fortuna no apareció, ni la gira ni el contrato con Gillette del que se habló. Mientras estaba bajo tierra, su familia pasaba hambre, y en julio de 1968 Meaney declaraba no tener ni un penique; según su hija Mary, volvió «sin lo que cuesta una botella de leche en el bolsillo». Acabó en Mitchelstown (Cork), empleado del consejo del condado, y allí murió en 2003. En el funeral, el cura dijo que nunca había enterrado a nadie que ya hubiera estado enterrado.
Hayes, entretanto, defendía su corona: él había usado un ataúd normal, y el de Meaney, decía, era «un bungalow». En 1974, en Hall’s Pictorial Weekly (RTÉ), Meaney replicó que lo mejor del encierro había sido «ganar a los americanos» y lo retó en público; no consta que el duelo se celebrara. Hayes murió en 2005. Sugrue, que en 1972 llevó a Muhammad Ali a pelear contra Al «Blue» Lewis en Croke Park, se les había adelantado en 1977: se desplomó subiendo una nevera por las escaleras de uno de sus pubs.
El entierro de Mick Meaney, en vídeo
El archivo de ITN conserva en YouTube este reportaje de 1968, rodado el día de San Patricio, sobre el irlandés que intentaba batir el récord bajo tierra en Kilburn.
Durante siglos, el miedo era despertar dentro de la caja, y el XIX inventó ataúdes de seguridad con campanillas y tubos para salir de ella; Hayes y Meaney, en cambio, se peleaban por entrar. A Meaney le pasó como a Harry Bensley, que en 1908 echó a andar con una máscara de hierro y un cochecito de bebé por una apuesta quizá inventada: mucha fama y ninguna fortuna. En 2025, el documental Beo Faoin bhFód, de Daire Collins, recuperó su historia para TG4. En Francia, Angel Hays se hacía enterrar en ferias para lucir su ataúd electrónico, como contamos al explicar de dónde viene «salvado por la campana».
Explora
Consulta el mapa de las historias
Con borde blanco, los países de esta historia. Pulsa cualquier país para ver lo que ocurrió allí, o viaja por épocas y décadas.
Fuentes consultadas
- RTÉ Archives, «Buried Alive For Over 100 Hours» (Newsbeat, 1967) https://www.rte.ie/archives/exhibitions/2770-weird-and-wonderful/821419-buried-alive-for-over-100-hours/
- RTÉ Archives, «Buried Alive For 61 Days» (Hall’s Pictorial Weekly, 1974) https://www.rte.ie/archives/2014/0425/611768-buried-alive-for-61-days/
- Robert Mulhern, «The story of the Irishman buried alive in Kilburn», The Irish Times (2015) https://www.irishtimes.com/life-and-style/abroad/generation-emigration/the-story-of-the-irishman-buried-alive-in-kilburn-1.2463196
- Richard Fitzpatrick, «Buried alive: The fascinating tale of Mitchelstown’s Mick Meaney and his Kilburn stunt», Irish Examiner (2025) https://www.irishexaminer.com/lifestyle/artsandculture/arid-41748180.html
- Rory Carroll, «Buried alive: TG4 to screen film about Mick Meaney’s 61-day feat — and what happened next», Irish Examiner (2025) https://www.irishexaminer.com/news/munster/arid-41744823.html
- Sean O’Riordan, «Memorial to man who set buried-alive world record to be erected in Cork», Irish Examiner (2018) https://www.irishexaminer.com/news/arid-30870163.html
- Sinéad O’Carroll, «Mike Meaney, the Irishman who was buried alive for 61 days and survived», TheJournal.ie (2015) https://www.thejournal.ie/mike-meaney-buried-underground-2496686-Dec2015/
- Jake Rossen, «’The Coffin Man’: Michael “Mick” Meaney, Who Volunteered to Be Buried Alive for 61 Days», Mental Floss (2023) https://www.mentalfloss.com/posts/michael-mick-meaney-buried-alive
- Jim Shanahan (Dictionary of Irish Biography), «From the files of the DIB… “Ireland’s strongest man”», History Ireland (2006) https://historyireland.com/?p=4319
- Michael Fortune, «The Cork stuntman who wanted to be buried in a fairy fort», RTÉ (2026) https://www.rte.ie/culture/2026/0103/1545050-the-cork-stuntman-who-wanted-to-be-buried-in-a-fairy-fort/
Siguiente historia
Gente que hizo historia (muy a su pesar)Germana de Foix y Carlos V: el romance más incómodo del ImperioGermana de Foix se casó a los diecisiete años con Fernando el Católico, que tenía cincuenta y tres. Quedó viuda a los veintiocho y, al año siguiente, se convirtió en la amante…Leer la siguiente historia →¿Te quedas con ganas de más?Sorpréndeme con otra historiaTirar el dado →El boletín del Café
No te pierdas la próxima historia
Episodios reales, documentados y profundamente desconcertantes. Cada semana publicamos una nueva historia.
Quién escribe

Paseante curioso que se detiene donde la Historia tropieza consigo misma. Desde El Café de la Historia rastrea episodios reales tan absurdos que parecen inventados: juicios a animales, personajes extravagantes y anécdotas que el relato oficial suele pasar por alto. Con una mezcla de absoluto rigor histórico, barra libre de ironía y gusto por lo pintoresco, sirve pequeñas crónicas del pasado para recordarnos que la Historia, además de solemne, también sabe ser ridícula.
Síguenos en redes sociales
Curiosidades, fotos e historias insólitas también en tus redes favoritas.








