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Palomas prisioneras de guerra: las cautivas del MI5 que criaron palomas británicas

Tripulante de la RAF con una paloma mensajera en las manos junto a un avión Lockheed Hudson en 1942

Al menos dos palomas mensajeras capturadas en Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial recibieron un trato que ningún reglamento había previsto para un ave: el de prisioneras de guerra. Así lo recogían los papeles del MI5 que el Public Record Office, hoy los Archivos Nacionales británicos, empezó a abrir en enero de 1999, junto a la historia de la unidad de halcones que vigiló en 1942 el cielo de las islas Sorlingas a la caza de palomas alemanas. Las cautivas acabaron en un palomar británico, criando pichones para sus captores. Los halcones cazaron mucho menos de lo que sugiere la anécdota.

Dos prisioneras con plumas

La frase que hizo fortuna la dejó escrita un oficial de inteligencia en su informe: «Las dos aves son ahora prisioneras de guerra y trabajan duramente en la cría de palomas inglesas». Los documentos, guardados en Kew, salieron a la luz con la primera tanda de expedientes de guerra del servicio de seguridad, abierta el 27 de enero de 1999.

La historiadora Helen Macdonald, autora de Falcon, una historia cultural del halcón, da una versión con otro narrador. Según ella, las patrullas de rapaces mataron muchas palomas, capturaron vivas «una o dos» y solo dos llevaban mensajes; un comandante de la RAF describió con sequedad a la prisionera, a la que habían puesto a «fabricar palomas británicas» en un palomar militar. Quién decidió que un ave enemiga merecía ese estatuto no consta en lo publicado.

Halcones de guardia sobre las Sorlingas

El miedo tenía nombre propio. La inteligencia británica atribuía la amenaza de las palomas a Heinrich Himmler, el jefe de las SS, un colombófilo declarado al que Hitler había puesto al frente de la sociedad colombófila nacional alemana. Además, en territorio británico apareció un portamensajes que parecía haberse desprendido de un ave en pleno vuelo, con un texto en alemán dentro. Si los nazis recibían por el aire informes sobre las defensas británicas, había que cerrar el cielo.

Halcón peregrino macho posado, visto de perfil
Un halcón peregrino macho. En la costa sur inglesa, los peregrinos salvajes fueron perseguidos durante la guerra por cazar palomas mensajeras. Foto: Sumeet Moghe (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons.

La idea de recurrir a las rapaces venía del halconero Ronald Stevens, convencido de que podían servir de algún modo en la guerra. El MI5 formó su propia unidad, con dos halconeros y sus aves, y la desplegó en el verano de 1942 en las Sorlingas, frente a la costa de Cornualles, tras varios avistamientos sospechosos. Los halcones patrullaban dos horas seguidas sobre las islas. Un informe lo calificó de «gran éxito»: desde lo alto, un solo halcón vigilaba mucho más que un trozo de isla.

Mientras tanto, el Ministerio del Aire hacía la guerra a los halcones salvajes, que se comían las palomas mensajeras. Entre 1940 y 1946 se abatieron unos 600 peregrinos en la costa sur, sin contar los huevos rotos y los pollos sacrificados.

Cher Ami, un veterano con pedigrí inglés

Aquella fe en las palomas tenía un precedente célebre, y con sangre británica. Cher Ami («querido amigo») fue una de las 600 aves criadas en Inglaterra que se donaron en mayo de 1918 al servicio colombófilo del ejército estadounidense. Según el relato clásico, el 4 de octubre de ese año voló desde el llamado Batallón Perdido, unos 550 hombres de la 77.ª División al mando del mayor Charles Whittlesey, cercados en el bosque de Argonne y bajo el fuego de su propia artillería. La nota terminaba así: «Por el amor de Dios, que paren».

Cher Ami disecado en una vitrina del Museo Nacional de Historia Americana, junto al perro Stubby
Cher Ami, disecado, junto al perro Stubby en el Museo Nacional de Historia Americana de Washington. Foto: Laura A. Macaluso (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons.

El ave llegó al palomar en unos 25 minutos, con el pecho atravesado y una pata colgando de un tendón, y el 8 de octubre unos 190 supervivientes salieron del bosque por su pie. Con el tiempo se le atribuyeron la Croix de Guerre francesa y un ojo perdido que las fotos de abril de 1919 no muestran. En 2021, el historiador Frank Blazich concluyó que nada vincula de forma concluyente a Cher Ami con aquel mensaje: según el registro del Cuerpo de Señales, lo hirieron el 21 o el 27 de octubre, volando desde Grandpré. Ese año, un análisis de ADN del Smithsonian resolvió otra duda: era macho. Murió en 1919 en Fort Monmouth (Nueva Jersey) y hoy se exhibe disecado en el Museo Nacional de Historia Americana, en Washington.

El enemigo que nunca llegó

El informe de posguerra del MI5 sobre las palomas enfría el entusiasmo. La unidad de halcones nunca derribó un ave enemiga, «probablemente porque nunca las hubo», aunque había demostrado que podía abatir cualquier paloma que cruzara su zona de patrulla, un círculo de unos tres kilómetros de diámetro.

Gordon Corera, que reconstruyó la historia del servicio secreto de las palomas, va más allá: todas las que mataron los halcones resultaron ser británicas, porque un halcón no distingue a las amigas de las enemigas. De dónde salieron entonces las dos prisioneras, y si eran de verdad alemanas, es algo que los documentos conocidos no aclaran.

Aquel celo tenía mucho de su tiempo. Entre junio de 1940 y mayo de 1941, una sección del MI5 investigó las marcas de los postes telegráficos por si ocultaban códigos, y otros expedientes recogen el temor a señales trazadas en los campos para guiar a los bombarderos alemanes. En Little Mill (Monmouthshire), una mancha de cebada con forma de G apuntaba a la fábrica de municiones de Glascoed. El granjero explicó que solo había sembrado allí la semilla que le sobraba en una sembradora prestada.

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Los halcones del MI5, en vídeo

El canal The Front cuenta, en inglés, la guerra británica contra las rapaces durante la Segunda Guerra Mundial, con la unidad de halcones del MI5 incluida.

That Time the British Waged War on Hawks in WW2 - MI5 Falcon Destruction Unit

Las palomas no fueron los únicos animales con ficha de prisioneros en aquella guerra: la perra Judy llegó a figurar como prisionera de guerra en un campo japonés. Y mientras los halconeros escrutaban el cielo de las Sorlingas, el MI5 ya manejaba a espías de la Abwehr de carne y hueso, como el agente doble Dusko Popov.

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