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El oro de Rodalquilar, el pueblo almeriense que se vació al cerrar sus minas

Ruinas de la planta Denver de Rodalquilar con el cerro del Cinto al fondo

Durante unos años, el oro de Rodalquilar salió de un cerro de Cabo de Gata y no de una leyenda. Esta localidad del municipio almeriense de Níjar vivió de sus minas desde los años treinta, y a lo grande desde que la empresa pública ADARO estrenó en 1956 la planta Denver, con Franco en la inauguración. Con un mineral cada vez más pobre y unas cuentas que casi nunca cuadraron, las máquinas se pararon en 1966. El pueblo, que tenía 1.345 habitantes en 1960, contaba 75 en 1970.

Oro escondido en lingotes de plomo

El valle sabía de minas mucho antes del oro. Desde principios de la Edad Moderna se explotaba allí el alumbre, y la torre de los Alumbres se levantó para que los piratas no se llevaran el negocio. En 1883 un laboratorio detectó oro en los cuarzos de la mina Las Niñas, pero en la comarca no había ninguna instalación capaz de separarlo. Así que el cuarzo se embarcaba en veleros rumbo a la fundición de Mazarrón, en Murcia, que lo usaba como fundente. El oro viajaba después escondido en lingotes de plomo hasta Frankfurt, donde por fin se recuperaba.

Hacia 1915 apareció oro libre en la mina María Josefa, la gran apuesta del facultativo Juan López Soler, y se desató una fiebre de registros mineros y de pequeñas plantas de amalgamación que duraron poco. El salto llegó en 1931 con Minas de Rodalquilar S. A., una sociedad del entorno del Banco de Vizcaya en cuyo consejo llegó a sentarse Basil Zaharoff, el hombre de las armas Vickers. Su planta Dorr, de cianuración y con técnicos británicos, llegó a dar trabajo a unos 250 hombres y en 1935 produjo 242 kilos de oro. La perforación en seco llenó las galerías de polvo de sílice, y la silicosis alcanzó a la mayoría de la plantilla. Durante la guerra las minas quedaron bajo un comité obrero; entre 1940 y 1941 el Estado las incautó.

Una planta de Colorado para el cerro del Cinto

En junio de 1943 tomó las riendas ADARO, la empresa de investigaciones mineras del Instituto Nacional de Industria. Cinco años después dio con el cerro del Cinto, un yacimiento con muchísima roca y poco oro por tonelada. Para molerlo hacía falta una planta mucho mayor. El aislamiento del régimen complicó la compra, y los pactos de 1953 con Estados Unidos ayudaron probablemente a traer la maquinaria: el concurso lo ganó la Denver Equipment Company, de Colorado, que dio nombre a la planta.

Depósitos circulares de hormigón de las antiguas minas de oro de Rodalquilar, con el pueblo y el mar al fondo
Los depósitos circulares de la antigua planta de oro, con el pueblo de Rodalquilar y el mar al fondo, en 2026. Foto: Paul Colin Hennig (CC BY-SA 4.0), vía Wikimedia Commons.

Franco la inauguró en mayo de 1956 con un discurso de una sinceridad poco habitual: reconoció que, por la baja ley del mineral, quizá solo iban a «cambiar minerales por dinero, con escaso beneficio». La Denver podía tratar unas 600 toneladas diarias, diez veces más que la vieja Dorr, y pasó por la mayor instalación de su tipo en Europa occidental.

La plantilla de ADARO había rozado las 650 personas en 1954. Junto a las minas creció un poblado con viviendas para las familias, capilla, economato, farmacia, consultorio y hasta campo de fútbol. El príncipe Juan Carlos lo visitó en 1958 y volvió en 1964.

El filón 340 y unas cuentas que no salían

El récord llegó en 1964, con 732 kilos de oro, gracias al filón 340, tan famoso como efímero. Fue un espejismo. En los cincuenta el mineral del Cinto apenas pasaba de dos gramos por tonelada, y el precio oficial del oro seguía congelado desde los años treinta mientras salarios y materiales se multiplicaban por cinco. Rodalquilar se tragó casi la cuarta parte de todo lo que ADARO invirtió hasta 1965, y aun así perdía dinero casi todos los años. Al ritmo de 200.000 toneladas anuales, además, el yacimiento quedó casi agotado: en una década la Denver molió más de un millón de toneladas de roca para sacar unas cuatro toneladas de oro fino. El 9 de marzo de 1966 se detuvo, y en septiembre el Gobierno decidió cerrar las minas.

Ruinas de antiguas viviendas de los mineros en Rodalquilar
Ruinas de viviendas de los antiguos mineros de Rodalquilar, en 2008. Foto: Wikinaut (CC BY-SA 3.0), vía Wikimedia Commons.

En aquel momento trabajaban allí unas 350 personas. Algunas siguieron con ADARO en sus oficinas de Madrid; otras encontraron empleo en Potasas de Navarra, en la SEAT de Barcelona o en la capital almeriense. En pocos meses Rodalquilar se convirtió en un pueblo fantasma.

Un decorado de cine con dueño nuevo

ADARO dejó a un puñado de empleados para vigilar cerca de un centenar de edificios y nunca perdió la esperanza de reabrir. Cuando en 1969 se rodó allí El Cóndor, la Denver seguía en buen estado. No volvió a funcionar. Con los años se llevaron el hierro como chatarra y quedó el esqueleto de hormigón, con sus grandes depósitos circulares.

Entre 1989 y 1990 la estadounidense St. Joe probó suerte con una planta de lixiviación en montón, y la caída del precio del oro la despachó enseguida. En 1991 la Junta de Andalucía compró las instalaciones al INI. La zona era parque natural desde 1987, y en los noventa el pueblo empezó a vivir del turismo. La antigua casa PAF, donde se fundían los lingotes, alberga hoy la Casa de los Volcanes, un museo geominero.

Rodalquilar, en vídeo

El NO-DO del 14 de mayo de 1956 dedicó una pieza a las minas de oro de Rodalquilar, con una voladura en el cerro del Cinto y la inauguración de la planta Denver.

Minas de oro de Rodalquilar - NODO 14.05.1956

Hoy Rodalquilar ronda los 180 vecinos, y la Denver se recorre como un decorado abandonado. Otros pueblos se quedaron también sin lo que les daba de comer bajo tierra: Centralia, en Pensilvania, se vació por un incendio en sus minas de carbón que nunca llegó a apagarse, y en Asturias la mina de Arnao, que perseguía el carbón bajo el Cantábrico, también acabó cerrando.

Fuentes consultadas

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