Isabel II se empeñó en bajar a una mina de carbón el 24 de agosto de 1858. Fue en Arnao (Castrillón, Asturias), donde la Real Compañía Asturiana excavaba galerías por debajo del Cantábrico. O’Donnell intentó quitarle la idea; ella descendió por un pozo de ochenta metros, recorrió 250 por una galería que se metía bajo el mar y dejó sus iniciales en el carbón con una vela de sebo. La mina cerró en 1915, acosada por el agua, y hoy es un museo.
Una «piedra negra» y unas armas que nunca llegaron
En 1591, fray Agustín Montero dio con una «piedra negra» en los acantilados de Arnao y escribió a Felipe II para pedir permiso de extracción. Aquella explotación fue efímera, pero el museo de la mina la considera la primera mina de carbón mineral documentada en la península ibérica.
El carbón esperó más de dos siglos. En 1833 llegó el capital belga y, con él, la Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón, fundada por Ferrer, Riera y Lesoinne. El Gobierno quería una industria de armamento puntera, pero el anglobelga John Cockerill, que debía aportar la técnica, se retiró antes de empezar, y todo quedó en una mina junto a una playa de mar brava. Su primer director, Armand Nagelmackers, tendió un ferrocarril interior movido a brazo que pasa por ser el primero de España.
Un pozo, una rampa y el mar encima
En 1839 las galerías ya avanzaban por debajo del lecho marino. Hay historiadores que la consideran la mina submarina más antigua de Europa; el museo va más allá y la llama la única. El acceso tenía truco: el pozo vertical, el primero documentado en Asturias, solo salvaba el desnivel del acantilado, y a las labores se llegaba por un plano inclinado, el valey, que el ingeniero Adolphe Desoignie empezó a abrir en 1838.

Ese fue el escenario de la visita real. Según la crónica que publicó la Gaceta de Madrid el 30 de agosto, los reyes llegaron por la ría desde Avilés en una falúa escoltada por más de sesenta lanchas, con unas dos mil personas que tiraban los sombreros al aire.
Siguieron en los vagones del ferrocarril de sangre, tirados por caballerías, a través de un túnel de 620 metros adornado con luces de colores y tan bajo que la comitiva, reina incluida, lo cruzó con la cabeza agachada. En la fundición de zinc, los obreros vaciaron metal líquido sobre un molde y apareció un «¡Viva Isabel II!».
«Hasta donde nadie hubiera ido más allá»
Después tocaba la mina, y la reina se salió del programa: quería recorrer las galerías «hasta donde nadie hubiera ido más allá». O’Donnell, jefe del Gobierno, le puso pegas que no sirvieron de nada. Bajaron primero él y el general Lemery; luego, Isabel II con su marido, el director, Jules Hauzeur, y un ingeniero apellidado Smith. Desde el fondo, según el corresponsal, la reina gritaba a los de arriba que bajaran sin miedo.
Antes de entrar, Martín de los Heros, antiguo intendente de Palacio, dudó en voz alta de que siguiera siendo reina debajo del mar. El ministro de Estado, Calderón Collantes, lo corrigió en el acto: los dominios de Su Majestad llegaban mucho más lejos.

La reina no quiso calzado de mina ni cubrirse la cabeza, como hacían los operarios. Con un velo ligero y sin mantón, recorrió por el plano inclinado una galería de 250 metros, casi entera bajo el mar, y al final trazó con una vela de sebo, sobre un macizo de carbón, sus iniciales y las de su marido. El director le aseguró que era la primera señora que llegaba hasta allí, porque ni las mujeres de los mineros se atrevían, y le pidió permiso para poner una lápida bajo las letras.
Mujeres en Arnao sí había, aunque fuera de las galerías: el museo documenta allí algunas de las primeras noticias del trabajo femenino en el carbón. Al verla salir del pozo, un ingeniero belga exclamó en francés que merecía un viva de todo corazón, y los mineros rompieron en aclamaciones. Hubo que almorzar deprisa: bajaba la marea.
El Cantábrico acabó colándose
La mina siguió más de medio siglo con el agua al otro lado de la roca. Desde mediados del XIX el carbón salía peor, y la compañía se salvó gracias al zinc, que pedía siete partes de carbón por cada una de metal. A principios del siglo XX el mar empezó a irrumpir en las galerías y los mineros levantaron tabiques para frenarlo. Hubo incendios, y en 1912 y 1913 la plantilla sostuvo una huelga durísima.
En 1915, nuevas filtraciones, sumadas a los problemas productivos y sociales, empujaron a la dirección a cerrar la mina. El castillete de madera se forró después con escamas de zinc, probablemente en los años veinte, y ese abrigo lo ha conservado frente al mar.
Cien años de silencio y un museo
En 2007 el Ayuntamiento de Castrillón impulsó la recuperación: el pozo volvió a abrirse por primera vez desde 1915 y se rehabilitaron los primeros tramos. El castillete fue declarado Bien de Interés Cultural por el Decreto 21/2011, de 9 de marzo, y el museo se inauguró el 30 de julio de 2013. Hoy se bajan unos veinte metros, hasta el único nivel visitable; el resto sigue inundado.
La mina de Arnao, en vídeo
El canal Ruvalle León recorre la mina de Arnao y sus tres récords: la mina submarina, el primer ferrocarril de España y el primer pozo vertical de Asturias.
Al otro lado del Atlántico, el carbón dio el problema contrario: en Pensilvania hay un pueblo minero donde el carbón lleva décadas ardiendo bajo tierra. Y la falúa de la reina zarpó de Avilés, la villa que canta el mismo himno que Mahón sin que nadie haya aclarado del todo quién copió a quién. Otra mina española que acabó cerrando fue la de oro de Rodalquilar, en Cabo de Gata, cuyo cierre en 1966 dejó el pueblo casi vacío. También en Asturias, y ya a finales del siglo XX, Conchita Rodríguez tuvo que llegar hasta el Tribunal Constitucional para que las mujeres pudieran trabajar en el interior de la mina.
Fuentes consultadas
- Gaceta de Madrid, núm. 242, «Interior.- Oviedo.- Gijón 26 de Agosto» (crónica de la visita de SS. MM. a la fábrica de zinc y la mina de Arnao), BOE, Gazeta (1858) https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1858-7107
- Jorge Muñiz Sánchez, «El conjunto histórico-industrial de Arnao. Memoria y olvidos», en R. Vega e I. Díaz (eds.), Desindustrialización: memoria, patrimonio y representaciones, Trea; Repositorio Institucional de la Universidad de Oviedo (2022) https://digibuo.uniovi.es/dspace/handle/10651/70546
- Principado de Asturias, Decreto 21/2011, de 9 de marzo, por el que se declara Bien de Interés Cultural el castillete de la mina de Arnao, BOE (2011) https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2011-7620
- Museo de la Mina de Arnao, «Historia y paisaje», museominadearnao.es https://museominadearnao.es/historia-y-paisaje/
- Museo de la Mina de Arnao, «Los mineros que vieron a la reina», museominadearnao.es (2015) https://museominadearnao.es/2015/04/16/los-mineros-que-vieron-a-la-reina/
- Museo de la Mina de Arnao, «Nuestro museo», museominadearnao.es https://museominadearnao.es/nuestro-museo/
- Museo de la Mina de Arnao, «Mujer y mina», museominadearnao.es https://museominadearnao.es/mujer-y-mina/
- Castrillón Turismo (Ayuntamiento de Castrillón), «El Museo de la Mina de Arnao celebrará el sábado 19 de agosto su décimo aniversario con música» (2023) https://www.castrillonturismo.es/castrillon/el-museo-de-la-mina-de-arnao-celebrara-el-sabado-19-de-agosto-a-las-13-horas-su-decimo-aniversario-con-musica/
- Faustino Suárez Antuña, «Mina de Arnao», Patrimonio Industrial Asturias https://patrimoniuindustrial.com/fichas/mina-de-arnao/
- Asturias.com, «Mina de Arnao» https://asturias.com/mina-de-arnao/
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