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Darko Ljubojević: el fichaje imposible del Cádiz

Darko Ljubojević, sonriente, con un polo azul marino de la selección de Bosnia y Herzegovina

En el verano de 1999, el Cádiz, que entonces jugaba en Segunda B, fichó a un centrocampista bosnio del Estrella Roja de Belgrado, Darko Ljubojević. Pagó por él entre 60 y 80 millones de pesetas, según las fuentes, le puso una cláusula de 2.000 millones y lo presentó como uno de los refuerzos del año. Ljubojević acabó la temporada sin jugar un solo minuto oficial. Por el camino, el club probó con un pasaporte portugués, con la nacionalidad española y con una boda.

Ljubojević, nacido en Banja Luka en 1975, era un centrocampista de llegada y con buen físico que había sido internacional sub-21 con Yugoslavia. Además, conocía el fútbol español: en la temporada 1997-98 había jugado en el Ourense, en Segunda. Según el club, tenía ofertas del Standard de Lieja y de un equipo neerlandés, pero eligió el Cádiz por su amistad con el director general, el abogado gallego Fran Canal. El presidente, Rafael Mateo, se lo explicó así al Diario de Cádiz: «Nos han dicho que es un grandísimo jugador».

Lo que pasó después lo contó el periodista Pedro M. Espinosa en su libro Eso no estaba en mi libro del Cádiz C.F., lo recoge el propio club en su web y en 2025 lo completó en Relevo el expresidente Antonio Muñoz. Parece un guion, pero lo cuentan el propio club y quienes lo vivieron.

El pequeño detalle de la Segunda B

El Cádiz jugaba aquella temporada en Segunda B, y en Segunda B no se podía inscribir a jugadores extracomunitarios. Ljubojević lo era. En el club nadie pareció reparar en ello hasta que empezó la liga.

Antonio Muñoz, que años después presidiría el club, lo recuerda de otra manera: según él, el problema era que el Cádiz ya tenía ocupadas las dos fichas de extranjeros que permitía la Federación. Fuera por una cosa o por la otra, el resultado era el mismo: Ljubojević no podía jugar.

La solución, pensaron, era convertirlo en ciudadano de la Unión Europea. De donde fuera.

Lo primero fue pedir el pasaporte portugués. Espinosa lo resumió a su manera: lo solicitaron porque la prima de un cuñado de un hermano del jugador había pasado unas vacaciones en Oporto y había vuelto encantada. Los papeles portugueses no llegaron.

Entretanto, Ljubojević sí pudo enseñar algo. En agosto jugó un rato en un amistoso contra el Fluminense en el Carranza y dejó detalles de buen jugador.

Faltaba que pudiera jugar un partido que contara.

De portugués a español

Como Portugal no daba señales de vida, el club cambió de país y pidió la nacionalidad española.

Los argumentos eran que el fichaje sería bueno para la ciudad y que el jugador pasaba los veranos en Galicia, donde había echado raíces. Empezó otra ronda de certificados y sellos.

Cuando todo parecía encarrilado, el Ministerio del Interior pidió un certificado internacional de buena conducta.

La respuesta de la Interpol fue que Ljubojević era un criminal de guerra. No lo era. Fue un error de identidad, una confusión con otra persona en medio del caos administrativo que dejaron las guerras de Yugoslavia. El club defendió desde el primer día que se trataba de una equivocación, y lo era.

La noticia llegó hasta Estados Unidos. En octubre de 1999, Los Angeles Times recogía, citando a El Mundo, que a una estrella bosnia del Cádiz la acusaban de criminal de guerra y que su club hablaba de un caso de identidad equivocada.

Con tanto papeleo, la Federación agotó las prórrogas y emplazó al Cádiz al mercado de invierno.

Darko entrenaba. Darko esperaba. Darko no jugaba.

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Cuando la solución fue casarlo

A Fran Canal se le ocurrió entonces una vía más directa: casar al jugador con una española, un atajo hacia la nacionalidad bastante más rápido que los veranos en Galicia. Solo faltaba la novia, así que hubo que buscarla.

La encontraron lejos de Cádiz. Según la reseña del propio club, los dirigentes del Grupo ADA, entonces dueño del Cádiz, casaron a Ljubojević en un pueblo cercano a Logroño con una mujer que le doblaba la edad y que tenía antecedentes por robo con violencia. Pedro M. Espinosa y el expresidente Antonio Muñoz añaden otro detalle: era una prostituta de Valladolid.

Del amor, ni rastro: era un matrimonio de conveniencia con tarifa. A la novia había que pagarle por el favor, y el Cádiz no tenía dinero. La solución fue tan creativa como el resto de la operación: según contó Muñoz a Relevo en 2025, el club firmó una letra a nombre de Fernando Torcal, el representante del jugador, y la Caja San Fernando de Sevilla adelantó el crédito.

El plan tenía un fallo que nadie podía prever: un mes antes del vencimiento, Torcal murió de un infarto. La caja no pudo cobrarle a él, y el Cádiz tampoco pagó. Años después, cuando Muñoz llegó a la presidencia y se puso a ordenar las deudas del club, se encontró aquella letra en la lista y tuvo que pedir a su propia empresa un talón para cubrirla. Recuperó el dinero más tarde, en acciones, con la ampliación de capital que la Liga exigió al Cádiz al subir a Segunda.

Ni siquiera así coló. El Ministerio de Justicia vio demasiadas irregularidades en aquel matrimonio y denegó la nacionalidad. El Cádiz había pagado —o, mejor dicho, había pedido prestado para pagar— una boda que no sirvió para nada.

Ni pasaporte, ni ficha, ni tranquilidad

Para entonces, al jugador le había caducado el permiso de residencia. El fichaje de la cláusula de 2.000 millones ya ni siquiera podía estar legalmente en España.

Y el cuerpo tampoco acompañó. El sol del sur le provocó una afección en la piel, y una infección en una uña del pie le obligó a ir en chanclas hasta a los entrenamientos. «No se rían, que esto es muy serio», escribió Espinosa.

Cero partidos y final de la historia

La temporada 1999-2000 terminó sin que Ljubojević jugara un solo minuto oficial con el Cádiz. Cero partidos, cero goles. El club lo cuenta hoy entre los mayores fiascos de su historia.

Darko Ljubojević, con abrigo oscuro, sostiene un balón junto a otro hombre ante un mural de fotos de equipos de fútbol sala
Darko Ljubojević (a la derecha), años después, en Bosnia

Volvió a Bosnia, al Borac Banja Luka, y en 2001 se marchó a Hungría. Allí, en el Zalaegerszeg, nadie le pidió una boda: jugó 77 partidos de liga en cuatro temporadas. Después pasó por Grecia y otra vez por Bosnia, y ya retirado fue vicepresidente de la federación de fútbol de Bosnia y Herzegovina entre 2011 y 2017. Del Cádiz se llevó una ficha en blanco.

Vídeo: la presentación de Ljubojević en el Cádiz

La Peña Cadista Madrid 1910 conserva el vídeo de su presentación como jugador del Cádiz, en el verano de 1999, cuando todavía parecía un fichaje como cualquier otro.

Presentación fichaje CádizCF  Darko Ljubojevic

Si te gustan los fichajes que salen raros, aquí tienes otros dos: Ali Dia, el futbolista que jugó 53 minutos en la Premier gracias a una llamada falsa, y el falso Botafogo de Paraíba que se paseó por España en 1997.

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Fuentes consultadas